sábado, diciembre 19, 2009

El día en que el mundo se fue al carajo

“I’d listen to the words he’d say
But in his voice I heard decay
The plastic face forced to portray
All the insides left cold and grey
There is a place that still remains
It eats the fear it eats the pain
The sweetest price he’ll have to pay
The day the whole world went away”


[Uno nunca termina de comprender cuáles son las razones que lo llevan a mantenerse al margen de ciertos intérpretes, grupos o artistas musicales durante un largo tiempo. No tiene que ser necesariamente por desconocimiento, porque un servidor lleva oyendo hablar (y leyendo acerca) de Nine Inch Nails desde hace años, y casi siempre de forma elogiosa y entusiasta. Por consiguiente, no me explico por qué no me había parado a escuchar a Trent Reznor y su banda hasta hace bien poco, cuando me animé a descubrir este “The fragile” que hoy no puedo sino recomendar de modo imperativo. Si empecé precisamente por el cuarto álbum de estudio de los de Cleveland fue porque aquel ya lejano (y en su momento prometedor) trailer de “Terminator: Salvation” contenía una versión remezclada del tema cuyos versos abren esta entrada: “The day the whole world went away”. A partir de esta densa, épica y a la vez íntima canción apocalíptica, mi interés por la banda y su música fue extendiéndose por los 22 restantes cortes del álbum (doble, para más inri) hasta llevarme a uno de esos poco comunes estados de comunión total con letras, voz, instrumentación, producción y, en definitiva, espíritu subyacente en toda obra maestra de la música rock. Si aún no he tenido el arrojo de profundizar con la misma intensidad en ningún otro disco de NIN ha sido por pura cautela: “The fragile” es un álbum al que aún le quedan muchas escuchas y, hasta que no haya agotado todo su maná, no conviene que dé un nuevo paso en esta floreciente y recién estrenada historia de amor.]

La astucia y el oportunismo de Bryan Lee O'Malley

Es curioso cómo funcionan las modas. No me refiero a un nivel estrictamente comercial (lo que vende) sino a cómo afectan a los propios creadores (cómo se adaptan éstos a lo que vende). El caso de “Scott Pilgrim”, editado originalmente por Oni Press y publicado en su versión española por Random House Mondadori, es un buen ejemplo de ello.


Tal vez consciente de lo difícil que es combinar el ser canadiense, el estar relativamente limitado para el dibujo anatómicamente correcto, el no tener nada nuevo que contar y el aspirar a convertirse en un autor de comics best-seller, Bryan Lee O’Malley ha optado por el camino Wachowsky: ése que dice que si sabes de dónde robar ideas y, más importante aún, si tienes una buena batidora turmix, seguro que llegas a algún lado. Así que O’Malley, ni corto ni perezoso, ha cogido unos cuantos elementos fácilmente reconocibles por la muchachada actual (la música rock, una estética manga-cartoon deudora de Jamie Hewlett, los video-juegos y el argumento de cualquier shojo de baratillo) y se ha plantado como un nombre propio a tener en cuenta en el mercado comiquero actual.

Con un slice of life: tócate los cojones.

Poco importa que su “Scott Pilgrim” no tenga ni por asomo el brío narrativo de un Alex Robinson, ni la gracia de un Manu Larcenet (¡más quisiera!), ni un diseño de personajes a la altura del peor Craig Thompson. Porque “Scott Pilgrim” tiene algo difícilmente identificable que lo convierte en el comic de moda, en lo más cool del momento, sin ser siquiera una lectura claramente convincente: "Scott Pilgrim" conecta.


Las aventuras de este aspirante a estrella del rock que debe batirse en combate (al más puro estilo Dragon Ball y con items RPG’eros de regalo al finalizar la contienda) con los siete malvados ex-novios de su amada Ramona, que convive y comparte cama con un mordaz compañero de piso gay y que debe resolver sus propios problemas con novias pasadas; las aventuras de Scott, decía, tienen la capacidad de enraizarse en algo, llamémosle el sentir generacional o el pensamiento colectivo de una sociedad y una edad concretas, que logrará lo que autores con más talento, ingenio y capacidad para el dibujo jamás han logrado: vender a mansalva y conseguir que gente proveniente de distintos ámbitos (desde el manga más comercial hasta el tebeo underground más alternativo) encuentre un punto de conexión a través del cual, quizás, decida pasarse al otro lado. Si consigue esto, reciba de mi parte la más calurosa de las bienvenidas.

Ahora bien, como tebeo: divertido, graciosete, entretenido sin más.

Por cierto, que ya está en marcha una adaptación cinematográfica dirigida por Edgar Wright (“Shaun of the dead”, “Hot fuzz”) y protagonizada por Michael Cera (el enternecedor noviete pardillo de “Juno”) y Mary Elizabeth Winstead (aquella deliciosa muchacha vestida de cheerleader en “Death Proof”), así como un videojuego desarrollado por Ubisoft que se presupone hará su aparición acompañando a la peli de marras.


No está mal para el amigo O’Malley. Nada mal.

jueves, diciembre 17, 2009

Una de trailers

Pinchando en la imagen, como de costumbre:

[EDITADO: He cambiado la imagen y el enlace de "Clash of the Titans" (ahora se trata de un póster oficial y de un vídeo con más calidad alojado en YouTube). También he añadido carteles y trailers de la prometedora "Gainsbourg (vie héroïque)" de Joann Sfar (podéis ver algunos clips con un aspecto fabuloso aquí) y de la no-tan-prometedora "Prince of Persia: the sands of time" de Mike Newell.]






















La inquietante conexión Rammstein-Sesame Street

Pinchando en la imagen:


(visto en Via Twitter).

Soy un chico Crespo

David Crespo es un joven artista emergente que se expresa mediante la fotografía y la performance. Ha ganado varios premios a nivel nacional, entre los que se incluye el prestigioso Premio Futuro de la Escuela de Fotografía EFTI.

Resulta, además, que es uno de mis compañeros de piso en Madrid (lo cual justifica esa enorme comida de rabo que es el párrafo anterior). La vida a su lado no sólo es hilarante y enternecedora a partes iguales, sino que puedo afirmar sin ningún género de dudas que ambos estamos aprendiendo un montón el uno del otro. Él me enseña a apreciar la obra de Robert Mapplethorpe y yo le paso capítulos de "Dexter", por ejemplo.

Pero vivir con un fotógrafo-artista implica, inevitablemente, pagar un peaje: posar.

El hecho de que un servidor no termine de comprender la obra de David no implica necesariamente que no quiera pasar a formar parte de ella como uno más de ésos que ya hemos dado en llamar "chicos Crespo" (en clara alusión a las "chicas Almodóvar").

Ahora que David se ha decidido definitivamente a tomarse en serio su presencia en internet, ha llegado el momento de mostrarle al mundo mi pequeña (pero vital) contribución a su carrera. Podéis verla en esta entrada de su blog (concretamente, la primera foto de la serie).

Sí, ese culo pálido y en posición receptora en medio de un desolado paisaje castellano es el mío. Parece claro que con David sólo hay una cosa segura: uno nunca se aburre.

miércoles, diciembre 16, 2009

Otra dimensión

Lo decía en la entrada anterior: últimamente mi vida gira en torno al mundo del 3-D. Si me he venido a vivir a Madrid ha sido para aprender todo lo posible al respecto y, Kirby lo quiera, convertirme en un profesional del mundillo audiovisual (ya sea en cine, publicidad o videojuegos).

Por eso es más que probable que a partir de ahora veáis por aquí imágenes o vídeos sobre el tema, ilustrando mis avances en la materia. Éstas que aquí tenéis son mis primeras entregas de ejercicios para el máster. Si tienen infinidad de errores es precisamente porque no soy más que un aprendiz del oficio y aún me quedan muchas clases, explicaciones y meses (que digo meses, ¡toda una vida!) para alcanzar el dominio al que aspiro. Con todo, teniendo en cuenta que antes de establecerme en la capital del reino servidor no tenía ni idea de qué iba este asunto, no puedo menos que sentirme ligeramente orgulloso de mis progresos.





Y no, no he leído "Orgullo, prejuicio y zombis", pero lo cierto es que la ilustración de la portada me venía que ni pintada...

martes, diciembre 15, 2009

"It's alive!" o "10 canciones sobre la resurrección para un regreso avergonzado y dulce"

Es triste, lo sé.

Hasta yo mismo soy consciente de que, cuando decidí bajar el telón de este Abismo al que hoy regreso cabizbajo, lo hice con más clase de la que jamás había podido presumir hasta entonces. Una entrada de la que me siento orgulloso, ésa de ahí abajo. Habría sido una despedida memorable, una espléndida traca final para tres años de blog, si no fuera porque hoy estoy aquí de nuevo intentando recuperar, al más puro estilo Proust, el tiempo perdido. Lo asumo: me he cargado el dramatismo alcanzado tan sólo unas líneas atrás y he dejado por los suelos mi imagen de hombre de palabra.

Si debo ser sincero (y supongo que debo), llevo varias semanas echando de menos esto. Escribir en el blog, quiero decir. Escribir, en general.

Cuando clausuré el Abismo tenía muy buenos motivos para hacerlo. No fue una decisión caprichosa, lo juro. Por aquellas fechas (parece que fue hace un año, pero no ha pasado ni mes y medio) mi vida no admitía distracciones. Literalmente, no tenía tiempo para nada que oliese a ocio, blogging incluido. Así que abandoné esta empresa sin beneficios (materiales, se entiende) y decidí concentrarme en lo que realmente importaba en aquel entonces.

No es que aquello haya dejado de importar, desde luego, pero justo cuando creí que estaba totalmente derrotado, que estaba llegando a un punto de, digamos, abstracción total de la vida (social, sentimental y saludable), encontré una solución más o menos digna a mi problema de disponibilidad temporal. Poniendo mi vida un poco patas arriba (sí, oooootra vez) pero recuperando ese tiempo para mí mismo que tanto necesitaba y echaba en falta.

Ese cambio ocurrió la semana pasada y ahora me siento como si hubiese dejado a mi novia y, en vista de que nadie me eriza el vello de la nuca con sus susurros y deshace mi cama como ella, servidor volviese de rodillas a su vera, a pedirle una segunda oportunidad para salvar lo nuestro. Y creo que ella me ha dicho que sí. Que me dará esa oportunidad siempre y cuando haga las cosas bien.

Por tanto, El Abismo regresa con la intención de retomar las cosas más o menos donde quedaron y de, en la medida de lo posible, hacerlo con más criterio, elegancia y verbigracia que los esgrimidos hasta la fecha. Escribiré sobre cine, música, comics, literatura, ideas peregrinas y otras largo tiempo reflexionadas. También colgaré mis trabajos, claro. Ya no habrá abecedario personal (a no ser que la Real Academia de la Lengua se saque de la manga una nueva letra que le quite a la Z su puesto final en el alfabeto), pero cuento con encontrar otros temas hacia los que dirigir mi atención (uno de ellos será sin duda la animación en 3-D a la que ahora dedico tantas horas de mi rutina diaria), así como nuevos modos de abordar los contenidos que hasta ahora conformaban el corpus del blog.

No puedo prometer que todo esto se haga con una periodicidad mínimamente regular (ya he dicho que, aunque más desahogado, mi tiempo sigue siendo escaso y mi orden de prioridades inamovible), pero sí que para compensarlo intentaré que cada entrada, cada palabra, respondan a un fin y, en definitiva, cuenten.

Lo que no cambiará, creo, es que de vez en cuando me descuelgue con estas listas de “10 canciones sobre…” que han llegado a convertirse en uno de mis ejercicios friki-musicales favoritos. La de hoy versa, como indica el título de la entrada, sobre regresar de entre los muertos, recuperar tu vida o, sencillamente, volver a empezar. Espero que la disfrutéis (y que al menos alguno de vosotros siga aún ahí fuera, echando de vez en cuando una miradita a este Abismo siempre encantado de devolverla):

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10



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Sé lo que estáis pensando. Que he vuelto porque no soportaba la idea de no divagar por escrito, en una futurible entrada kilométrica, sobre la nueva película de James Cameron, “Avatar”. ¿Qué puedo decir? Tenéis razón. Ésa es otra más de las razones que me han traído de retorno a la blogesfera, al igual que el estreno de “Donde viven los monstruos”, la publicación de “Incógnito” o “Paquidermo”, el nuevo y espectacular trailer de “Clash of the Titans” o la cada vez más próxima conclusión de una de mis series fetiche de la televisión, “Lost”. Al menos yo sé que el Gran Demonio del Ocio es mi venerado loa vudú y que, en la medida de lo posible, seré tan buen siervo como mi amo demande.

Así pues:

El Abismo vive. ¡Vive!

lunes, diciembre 14, 2009

Interludio (y 3) / A continuación...


V de Vendetta, libro 3, capítulo 10, página 7
Guión de Alan Moore. Dibujo de David Lloyd.
Copyright 1989, DC Comics

Interludio (2) / Permanezcan atentos a sus pantallas




Crisis de identidad #4, pág. 25
Guión de Brad Meltzer. Dibujo de Rags Morales y Michael Blair
Copyright 2004, DC Comics

domingo, diciembre 13, 2009