miércoles, marzo 14, 2012

Buenrollismo prefabricado

En épocas de crisis, al arte popular le da por ofrecer al público un respiro de sus presiones y padeceres cotidianos presentando historias tremendas con finales felices que le digan por un lado: “tu vida no es tan mala” y por el otro: “todo va a salir bien”. En el caso del cine, artefactos como “Slumdog millionaire” o “Larry Crowne” confirman esta tendencia, en plena debacle económica de Occidente, a sobrevolar temas espinosos para pintarlos de rosa y ponerles un enorme lazo de complacencia.


“Intocable” es la nueva sensación de la comedia francesa. Su argumento presenta a dos personajes antagónicos, un millonario tetrapléjico de exquisita educación y un inmigrante africano recién salido de prisión, condenados a entenderse desde el momento en que el segundo se convierte en cuidador del primero. La amargura del erudito incapacitado irá progresivamente contagiándose de la arrolladora vitalidad y el omnipresente buen humor del asistente proveniente de la racaille parisienne, y lo que en principio se anunciaba como una relación repleta de cómicas tiranteces terminará convirtiéndose en una de esas amistades bigger than life que tanto gustan al Séptimo Arte.


Que “Intocable” apesta a buenrollismo prefabricado es algo público y notorio. Está claro, y más siendo una comedia, que no hacía falta en esta ocasión asomarse a la tristeza lírica de “La escafandra y la mariposa” (por el lado del tetrapléjico) o al tremendismo machacón de “Biutiful” (por el del inmigrante desfavorecido), pero lo cierto es que ni el guión de “Intocable” hace esfuerzo alguno por escarbar en las profundidades de la condición personal de sus protagonistas ni éstos deben hacer frente a lo largo del metraje a grandes sobresaltos dramáticos. La banlieue de París es una jovial comunidad multicultural donde se puede aplacar la ira de un gangster con una palabra amable; la alta sociedad francesa es un colectivo de estirados que se desvivirán por la (aburridísima) ópera y el (desproporcionado valor económico del) arte hasta que un chico de barrio venga a devolverles la sonrisa y el romanticismo. Sólo de la fusión de ambos mundos, de bailar Earth,Wind & Fire vestido de etiqueta y de hacer garabatos abstractos en pleno colocón de marihuana puede surgir el auténtico calor humano que derribe las barreras sociales.


Por suerte, este híbrido para neuronas en hibernación entre “Esencia de mujer” (ya sé, la de Pacino es un remake, pero cómo me gusta ese vídeo de YouTube) y “El príncipe de Bel-Air” contiene la suficiente chispa en sus diálogos como para que uno sienta que, pese al despropósito argumental, la experiencia no está siendo del todo improductiva. “Intocable” funciona en pequeñas dosis, en parte gracias a su pareja protagonista (Omar Sy es un humorista con carisma, François Cluzet es un actor de los inmóviles pies a la cabeza) y en parte gracias a sus inspirados apuntes cómicos. También contribuyen a endulzar el conjunto la hermosa banda sonora a cargo del pianista Ludovico Einaudi y la ligereza general de la película, que no exige ningún tipo de sesuda reflexión a posteriori por parte del espectador. Lo menos que se le puede pedir a la comida rápida es que su digestión sea fácil, ¿no?


Con todo, no deja de ser mosqueante que una grabación de las personas reales en cuya historia se inspira la película aparezca en los títulos de crédito para descubrirnos que el tal Driss (el senegalés de sonrisa amable al que interpreta Sy) se llama en realidad Abdel y es musulmán. Ya sabéis lo mal que dan los moritos en pantalla: mejor poner a un negro de metro noventa y sonrisa radiante que baile funky como un profesional. Total, lo único que importa es poder anunciar el consabido “basado en hechos reales” justo al principio de la película para que el público de las multisalas pueda luego salir del cine con la certeza de que su vida no es tan mala y de que todo va a salir bien. Faltaría plus.

3 comentarios:

Nonchalant Debonair dijo...

¿Y tú te vas a ver esto motu proprio sin que te manden los del Conejo? Jope.

Jero Piñeiro dijo...

Todo depende del "cómo", el "cuándo" y el "con quién", Nemo. Y también de si uno ya ha visto el resto de películas que le resultaban atractivas de la cartelera...

¿Cuál es la relación de los del Conejo con los de lo Nuestro? Porque deduzco por tu comentario que alguna hay.

Nonchalant Debonair dijo...

Ah, que son los de Nuestros Cómics. Vale. La relación es que yo colaboraba en los dos y te he trasvasado por un momento. Excusemuá, etc.