lunes, enero 31, 2011

Agridulce

Por caprichos de la ley de oferta y demanda (ahora que Bardem ha sido nuevamente nominado al Oscar es menester explotar económicamente su último trabajo tanto como sea posible), coinciden en cartelera dos películas tan dispares y repletas de similitudes como son “Biutiful” y “Más allá de la vida”. La primera se estrenó en nuestro país hace casi dos meses, está dirigida por el realizador mejicano Alejandro González Iñarritu (“Amores perros”, “21 gramos”, “Babel”) y su protagonista es un hombre de mediana edad que posee el don/maldición de escuchar a los muertos. La segunda acaba de ver la luz hace unos días, viene firmada por el estadounidense Clint Eastwood (ya sé que este tipo no necesita presentaciones, pero sólo por el placer de decirlo permitidme que mencione cuatro títulos: “Un mundo perfecto”, “Sin perdón”, "Mystic River" y “Millon Dollar Baby”) y uno de sus protagonistas es, efectiviwonder, un hombre de mediana edad que posee el don/maldición de escuchar a los muertos.


Ambas películas pueden considerarse “cine de autor”. Tanto Iñarritu como Eastwood mantienen sus respectivos sellos personales, desde el acabado visual (no en vano el primero repite con su director de fotografía habitual desde “Amores perros”, Rodrigo Prieto, y el segundo hace lo propio con Tom Stern, con quien ha colaborado en todas sus películas desde “Deuda de sangre”) hasta la banda sonora (tenemos igualmente por el lado mejicano al espléndido Gustavo Santaolalla y por el gringo al propio Eastwood con otra de sus minimalistas e intercambiables composiciones), pasando por su particular sentido del ritmo y del montaje (más experimental y errático el primero, sobrio y milimétrico el segundo).


No terminan aquí las coincidencias. Ambos films emplean una premisa de ultratumba para hablar sobre este lado del velo de la muerte. Sobre los vivos, quiero decir. Que nadie se espere ni de una ni de otra un thriller de espanto plagado de golpes de efecto perfectos para que la parienta se le eche a uno a los brazos. Esto no es “Los otros” ni “El sexto sentido” (nada que objetar a ninguna de las dos, por otro lado). “Biutiful” y “Más allá de la vida” son dramas de personajes que emplean el recurso sobrenatural como punto de partida (en la cinta de Eastwood) o como enriquecedor añadido a la trama (en el caso del film de Iñarritu), pero que centran sus esfuerzos narrativos en asuntos tan terrenales como la culpa, la pérdida, la paternidad o las relaciones de pareja.


Pese a todo lo anterior, no conviene llevarse a engaño: “Biutiful” y “Más allá de la vida” no podrían ser, en retrospectiva, películas más diferentes. Cada una parte de un enfoque radicalmente distinto y es precisamente a causa de sus irreconciliables planteamientos que ambas comparten una última similitud: las dos son cintas tan interesantes como tristemente fallidas.


“Biutiful” pone al espectador en el pellejo de Uxbal: médium, padre de dos hijos en una desangelada Barcelona (que se parece más a Ciudad Juárez que a la urbe luminosa y llena de vida que conocí hace unos años), separado de una esquizofrénica politoxicómana, intermediario en una red de explotación a inmigrantes ilegales y, por si aún quedaba sitio para algo más, enfermo terminal de cáncer. Su trayectoria vital, defendida ante la cámara por un Javier Bardem que roza en todo momento la perfección interpretativa (sin caer en patriotismos infantiles: su nominación como mejor actor me parece absolutamente merecida), es tan rocambolesca y gratuitamente trágica que uno termina por asumir que Iñarritu (quien firma el guión sin la ayuda de su hasta entonces inseparable Guillermo Arriaga) sólo sabe conmover a golpe de sordidez, cayendo en la más pura y destilada pornografía de la miseria humana. Si uno consigue tragarse tamaño pastel de desgracias es precisamente porque la cinta es formalmente impecable y porque Bardem ofrece un recital digno de todo elogio. Pero, desnuda de los habituales artificios narrativos del mejicano (esa fragmentación de las tramas que escondía las carencias de sus tres films precedentes), “Biutiful” se revela pretenciosa, tremendista y facilona.


“Más allá de la vida” peca exactamente de lo contrario. Estructurada en tres líneas argumentales que discurren en paralelo, la cinta presenta a una reputada periodista francesa (una Cécile de France tan naturalmente bella como la descubrí en la descacharrante “Una casa de locos”) que sufre una experiencia próxima a la muerte durante el tsunami de Indonesia; un niño de los suburbios londinenses que pierde a su hermano gemelo en un accidente de tráfico (ambos interpretados alternativamente y con solvencia por los actores infantiles Frankie y George McLaren), y un médium (Matt Damon, siempre contenido y cumplidor) que reniega de sus habilidades paranormales puesto que éstas le impiden llevar una vida social normal, sobre todo en lo que se refiere al trato con el sexo opuesto (representado en su historia por una embelesadora Bryce Dallas Howard). Las tres tramas están expuestas con una claridad meridiana (no sin razón se dice habitualmente que Eastwood es el último director clásico norteamericano) y poseen un arranque prometedor (la escena de la ola gigante está maravillosamente resuelta desde el punto de vista técnico), pero a medida que el metraje avanza todo se torna excesivamente predecible y adquiere unos tintes dickensianos (el personaje de Matt Damon es fan declarado del escritor del celebérrimo “Cuento de Navidad”) que la llevan a despeñarse por el barranco del buenrollismo y de la felicidad cinematográfica más inverosímil. El inserto del último minuto casi consigue ruborizarme de vergüenza ajena. Palabra.


Lo cual es una auténtica pena, porque al igual que “Biutiful”, “Más allá de la vida” posee puntuales momentos de gran cine y de poderosa conexión con las emociones del espectador (hablo sólo por mí, claro: no me hago cargo de lo que pueda pensar al respecto el desalmado de turno). Tal vez por tener como objetivo a cierto tipo de público y por responder indudablemente a la vocación última de sus autores, ambas terminan por perderse en el exceso: la primera se regodea en la amargura y la segunda en el almíbar. Quizás en un término medio entre ambas se hallase el justo equilibrio de la película imperecedera.

La vida real, al fin y al cabo, posee un característico sabor agridulce.

5 comentarios:

tenenbaum dijo...

"Biutiful" no la he visto, pero de "Más Allá de la Vida" poco bueno puedo decir. Más allá del espectacular arranque, el resto me pareció digno de telefilm de Antena3 de sábado por la tarde. No me considero detractor de Matt Damon, pero en esta peli se muestra tan hiper-hierático que dan ganas de... Por otro lado, creo que a Clint le pasa un poco lo mismo que a Allen. Nadie pone en duda que sean grandes directores y que aún hagan buenas películas ("Gran Torino" es un magnífico ejemplo), pero la exigencia (autoimpuesta o no) de rodar una peli cada año me parece excesiva, y creo que es la causante a veces de tales altibajos en sus carreras.

Jero dijo...

Pues yo creo que "Más allá de la vida" está fantásticamente dirigida. Me gusta mucho el estilo sobrio de Eastwood y creo que aquí está francamente atinado en cuestión de ritmo, con cada escena perfectamente medida y sin añadidos innecesarios (salvo, curiosamente, ese inserto del final, que a mí me sobra y me repatea). Cada plano comunica algo y cada escena tiene un objetivo narrativo muy concreto. Ojalá más directores actuales tuvieran tan claro su cometido. Ahora bien, también me parece absolutamente cierto que el argumento de la película es telefílmico a más no poder, y sólo la historia del niño inglés me pareció realmente interesante (debe ser porque me resulta muy fácil empatizar con el personaje, dada la relación que yo mismo tengo con mi hermano). A mí Damon me gusta bastante. Aquí el papel exige ese hieratismo del que tú le acusas. Creo que él lo afrontó bien y que es el propio personaje el que no da para más. Y sí, dirigir una película al año provoca grandes irregularidades en una filmografía. Yo personalmente prefiero que un artista se tome su tiempo para dar por buena cada nueva obra (caso de Kubrick, Terrence Malick o Paul Thomas Anderson en el cine, o de Muse, Radiohead o Arcade Fire en la música) antes que producir sin parar sin establecer un rasero mínimo de calidad (Allen es un buen ejemplo cinematográfico; Andrés Calamaro y Omar Rodríguez-López serían el paradigma musical de esto que digo...)

Pípi dijo...

Aún no pude ver Biutiful. De la película de Clint opino que simplemente es cine, y del bueno.

Mi blog de críticas de cine.

http://cerradolas24hs.blogspot.com/

charlie furilo dijo...

Por primera vez en mucho tiempo, no me llama nada, pero nada, ver la última del tito Clint. Me transmite muy malas vibraciones, no se porqué, y eso que amigos míos la han visto y les ha gustado, pero por otro lado, también he escuchado y leido críticas poco favorables...

Jero dijo...

Pipí: bienvenido y gracias por comentar. A ver si le echo un vistazo a tu blog cuando tenga un ratillo ocioso.

Charlie: teniendo en cuenta el aluvión de estrenos interesantes de las últimas semanas, yo antes optaría por "El discurso del rey", "The fighter" o "Valor de ley" que por "Más allá de la vida". No está el horno para bollos y siempre podrás verla en DVD (o "como sea") en unos meses de nada...