"Voy a hacer en tu honor
inventarios de pánico..."
(
"El hombre del saco", Vetusta Morla)
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Han querido los hados que este mes de mayo vean la luz las continuaciones de tres discos de sendos músicos/grupos españoles que me alegraron la vida en el año 2008. En los próximos días, si todo va bien, tendremos noticia de los nuevos trabajos de
Extremoduro y
Russian Red. La segunda se quedó fuera de
mi top 10 musical de 2008 por muy poquito con su disco
“I love your glasses”, mientras que Iniesta (Roberto, que no el dulce Andrés) y los suyos se quedaron a las puertas del número 1, por un pelo, con el admirable
“La ley innata”.
“Un día en el mundo”, carta de presentación de la banda de rock madrileña Vetusta Morla, fue mi disco preferido aquel año. También fue uno de mis álbumes favoritos de la pasada década. Y luego, en perspectiva, uno de los mejores debuts de los que he tenido constancia y uno mis discos nacionales favoritos de todos los tiempos. Casi nada, vamos. Descubrí el grupo por recomendación de mi
cousin Mike (que en realidad no se llama Mike, pero así son las cosas entre primos) cuando aún no habían dado el pelotazo, y me pasé los meses siguientes promoviendo el boca-oreja entre mis conocidos. En cierto modo, me siento un poco (aunque muy poco) partícipe del éxito que Vetusta Morla alcanzó a lo largo del año siguiente, recibiendo premios, elogios de la prensa especializada y
las primeras críticas amargas por parte de la modernez
hipster que los acusaba de vendidos y
falsos indies (porque nadie debería aspirar a triunfar con su primer disco y renunciar así a una vida en la más desoladora pero atractivamente bohemia mendicidad...)
Tres conciertos, entre
diciembre de 2008 y
agosto de 2009, vinieron a confirmarme que el directo de Vetusta Morla era uno de los más precisos, entregados y divertidos del actual panorama musical patrio, y terminaron por consolidar el flechazo: me convertí en la
groupie loca de una banda con sólo un LP,
un puñado de demos y un EP (
"Mira") en su haber. Sin duda, el segundo larga duración sería una durísima prueba de fuego, escrutada con lupa por público y crítica, que confirmaría a Vetusta Morla como
“el grupo español que hay que escuchar” o lo hundiría en los lodos del efecto
“el primero era mejor”. Mientras se gestaba,
otros grupos intentaron cubrir el hueco dejado por los
vetustos, buscando la aceptación del mismo nicho de mercado con
fórmulas parecidas. Tal vez no sea lícito hablar de imitadores, teniendo en cuenta que precursores de Vetusta Morla como
Standstill o
Love of Lesbian ya mandaban en el indie rock nacional antes de la irrupción de los de Tres Cantos, pero sí parece claro que existe cierta tendencia musical que se ha visto fortalecida por el éxito de "Un día en el mundo" y a la que unos cuantos no han dudado en adherirse.
El esperadísimo (al menos por mí) segundo disco de Vetusta Morla ha tardado tres años en ver la luz. Para una formación que aún no está plenamente asentada tal vez sea una maniobra arriesgada, aunque parece poco tiempo si se compara con los nueve años que tardó en concretarse el primero. “Mapas” se hizo público el pasado 3 de mayo en la
web oficial del grupo, donde puede escucharse en
streaming al completo. A partir de mañana (día 6) estará a la venta en formato digital, mientras que la edición física aún tardará algo más en llegar a las tiendas. Una maniobra que los acerca a
Radiohead casi tanto como su música, que sigue de cerca el sonido que Yorke, Greenwood y compañía esgrimían en sus primeros discos. Incluso tienen un miembro calvo al que sólo le falta una pegatina que diga
"soy el Philip Selway de Vetusta Morla" pegada en la camisa (o quizás sea
el observador de "Fringe"...)
“Mapas” se abre con la bellísima
“Los días raros”, donde se hace patente la principal novedad en el sonido de la banda: se pierde la inmediatez que caracterizaba a “Un día en el mundo” para ganar en densidad sonora. Esto no es necesariamente bueno, pues precisamente una de las mayores virtudes del debut era su capacidad para enganchar a la primera a casi cualquier tipo de oyente, desde admiradores de
Jeff Buckley hasta fans chillonas de
Pereza. “Los días raros” es uno de los puntos álgidos del álbum, quizás el corte más rotundo, que culmina con un crescendo plagado de lirismo, redobles épicos de percusión y profusión de coros, cercano en intenciones a los canadienses
Arcade Fire y
sucedáneos.
Le siguen
“Lo que te hace grande” y
“En el río”: la primera, un medio tiempo que tras una escéptica primera escucha ha ido creciendo exponencialmente en cada nueva revisión hasta ganarme totalmente; la segunda, filtrada semanas antes como (idóneo) adelanto, es enérgica y terriblemente adictiva pese a una letra algo críptica. Una de las grandes carencias del grupo, en mi nada modesta pero siempre discutible opinión, es la sensación de que la parte literaria de sus canciones es, en el fondo, un batiburrillo de palabras grandilocuentes y referencias
culturetas sin demasiada coherencia. Para que luego digan de
Bunbury...
“Baldosas amarillas” es la
“Copenhague” (una de las composiciones más bonitas de “Un día en el mundo”) de “Mapas”. Ocupa también la cuarta pista del álbum y posee un doble estribillo que se queda grabado a fuego en la memoria y que, seguro, será coreado de forma entusiasta por el público en futuros
shows en vivo.
“Boca en la tierra” es uno de los temas ya conocidos que la banda ha recuperado para darle una oportunidad en el estudio. El otro es
“Maldita dulzura”, que desgraciadamente pierde parte de la fuerza que ya en directo la había convertido en una de mis composiciones favoritas de los
vetustos. Se ha quedado fuera
"Los buenos", otra canción que a mí personalmente me gusta mucho y que tendrá que esperar a una futura ocasión para ser grabada en condiciones en estudio.
“El hombre del saco” es el corte más inmediato del conjunto. Tiene ritmo, una percusión hipnótica y un estribillo altamente pegadizo, convirtiéndose en candidato perfecto para un futurible segundo single (el primero será, al parecer, “Lo que te hace grande”, cuyo vídeo-clip saldrá a la luz en breve). Sin duda, uno de mis momentos favoritos de "Mapas".
“Cenas ajenas” es la canción que más claramente me recuerda a Radiohead. Tanto, que incluso podríamos hablar de plagio; no de una melodía concreta, pero sí de un sonido absolutamente característico. Las guitarras
alla Greenwood dirigen una composición donde el vocalista Pucho, al más puro estilo Thom Yorke, borda el falsete una vez más (su particular voz, que a nadie deja indiferente, es una de las marcas de identidad de la banda) y que da paso al tema titular del disco, un
“Mapas” que mira sin disimulo a
Interpol o
Editors para convertirse en el equivalente a
“La cuadratura del círculo” del nuevo disco.
El suave piano de
“Canción de vuelta” equilibra el balance rápido-lento que casi a la misma altura de “Un día en el mundo” imponía
“Año nuevo”, demostrando que ambos discos tienen una estructura muy semejante, minimizando la capacidad de sorpresa del oyente. La sensación general que a estas alturas planea sobre “Mapas” es que se trata de un
“si-algo-no-está-roto-no-hay-necesidad-de-arreglarlo” respecto al álbum de debut. Sensación que
“Escudo humano”, que juega sobre seguro con un estribillo pegadizo y un gran acompañamiento de percusión marca de la casa, no pretende discutir.
Y así llegamos al último corte,
“Mi suerte”, otro cierre sosegado (como lo era
“Al respirar”) que pone punto y final a un
pepinazo de álbum que, no obstante, se ve ligeramente ensombrecido por la ¿injusta? pero ¿inevitable? comparación con su imbatible predecesor. “Un día en el mundo” puso el listón en la estratosfera. Un listón que “Mapas” defiende sin grandes sorpresas ni decepciones, quizás del modo menos
valiente (el que no arriesga, el continuista) pero con indiscutible buen resultado. Ahora resta comprobar cómo lo trata el paso del tiempo, que es quien habitualmente concede a cada disco su merecido lugar en la trayectoria de una banda de rock. Yo, por lo de pronto, vuelvo a darle al
play para regalarme otra feliz escucha.
La portada, eso sí, me parece más fea que pegarle a un padre con un calcetín sudado...
P.D.: el texto puesto en boca de Plasta no es de mi autoría. Lo escribió un comentarista de Jenesaispop,
El hombre del antero, en
esta entrada. Creo que define muy bien el espíritu crítico
"objetivo" de mi mandril gafapasta...