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Me gustaría también advertir que, como es lógico, estas listas responden únicamente a mis gustos, totalmente personales e intransferibles, siendo por ello selecciones sesgadas y partidistas. En el caso de la música, objeto de este primer top, eso se traduce en una predilección indisimulada hacia el pop-rock anglófono, dejando de lado géneros en los que me considero un auténtico ignorante (como pudieran ser el jazz o la bossa nova) y, mal que me pese, gran parte de lo que proceda de la industria nacional (apenas sí habré escuchado una docena de discos en castellano a lo largo del 2010). Este año, cosa inusual, hay en la lista dos álbumes obra de un mismo artista/grupo (me hago el interesante, sí, pero seguro que unos cuantos ya saben de quién estoy hablando). Valoré la posibilidad de restringir la lista a un solo disco por intérprete, pero luego caí en la cuenta de que: a) en materia de gustos no hay Ley de Paridad que valga, y b) ¿qué sería de una lista de los mejores álbumes de los 60 con solo un disco de Dylan o los Beatles? ¿Y de los 70 con uno solo de Bruce Springsteen o los Stones? Siguiendo el mismo razonamiento (aunque a menor escala), vosotros y vuestro “Surfing the void” (teórico undécimo puesto del top) os quedáis fuera, Klaxons: no es nada personal.
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Y ahora os invito a descubrir, en orden de creciente importancia, los que a día de hoy son mis 10 discos favoritos publicados a lo largo del año pasado:
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10- Ópera Egipcia – Los Planetas
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Como me ha sucedido con muchas otras cosas en esta vida, descubrí tarde a Los Planetas. No estuve ahí en su momento, formando parte de esa generación que creció en compañía de “Super 8”, “Una semana en el motor de un autobús” o “Unidad de desplazamiento”, y tuve que esperar hasta ese fundamental giro de timón en su trayectoria que resultó ser “La leyenda del espacio” (hablamos ya del año 2007) para subirme al carro musical de estos cuerpos celestes granadinos. Supongo que por eso, y aunque a sus seguidores de toda la vida vaya a sonarles a cachondeo, para mí Los Planetas son básicamente una banda de pop-rock flamenco (flamenco a su particular manera, pero flamenco al fin y al cabo). Asumo también que es por la misma razón que su siguiente LP, “Ópera egipcia”, es el disco del grupo que más me ha enganchado (y que más he escuchado) de todos cuantos han firmado hasta la fecha. Tal vez porque es el primero de sus trabajos que espero con auténticas ganas desde antes de su publicación. O tal vez, simplemente, porque canciones como “Una corona de estrellas”, “Soy un pobre granaíno”, “No sé cómo te atreves”, “Señora de las alturas” o la apoteósica “Los poetas” (10 minutos de electrónica coránica para quitarse el sombrero) justifican sobradamente la admiración que siento por su último disco.
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9- Plastic Beach - Gorillaz
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Cuando comencé a hacer mi repaso musical anual de cara a esbozar esta lista, el penúltimo trabajo (acaban de colgar en su web un nuevo disco en streaming, descargable para su club de fans) del proyecto multimedia capitaneado por el músico Damon Albarn y el artista plástico Jamie Hewlett no las tenía todas consigo para colarse en el top 10. Editado en marzo, lo escuché incansablemente durante el segundo trimestre del año para luego ir enfriándose paulatinamente en mi recuerdo. Retomarlo hace apenas unas semanas supuso un impacto comparable a aquel primer acercamiento: pop, soul, hip-hop, electrónica, música orquestal y unas gotas de orientalismo se combinan en “Plastic Beach” para conformar un álbum tan ecléctico e inclasificable como sorprendentemente sólido, que crece con cada nueva escucha y que, más allá de lucir músculo en cada corte por separado (por deliciosos que sean algunos), es aún más disfrutable como conjunto.
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8- This is happening – LCD Soundsystem
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El gurú del dance-punk superó las altas expectativas generadas tras su celebrado (y quizás sobrevalorado) “Sound of silver” con este álbum de largos cortes plagados de bleeps infecciosamente adictivos y estribillos como mantras que le sumergen a uno en un estado casi hipnótico de trance bailongo. Temas apisonadora como “Drunk girls” o “All I want” (cercana al “Heroes” de Bowie) se combinan con otros de crecimiento tardío como “Dance yrself clean” (que recuerda al David Byrne de “Glass, concrete & stone”) o mi favorita del disco, “I can change”. Aunque él pretenda negarlo, James Murphy es todo un maestro en el arte de fabricar hits.
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7- All delighted people EP – Sufjan Stevens
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Sin previo aviso (lo que se esperaba entonces eran noticias de un LP), Sufjan Stevens publicó a mediados de verano un supuesto EP (digo “supuesto” porque dura casi una hora) encabezado por (y titulado como) la que es, para mí, la canción más fascinante del año: un descomunal homenaje al “The sound of silence” de Simon y Garfunkel pasado por el tamiz surrealista y experimental (batiburrillo instrumental final incluido) del “A day in the life” de los Beatles y sazonado con esos coros femeninos que tanto se estilan en la discografía de Stevens. Aunque sólo incluyese este tema, “All delighted people EP” ya se merecería una mención entre lo mejorcito del 2010. Por suerte, le siguen perlas como “Heirloom”, “From the mouth of Gabriel”, “Enchanting ghost” o “The owl and the tanager”, conformando un sentido adiós (¿un “hasta luego”, quizás?) al intimismo folk que tan bien había cultivado Stevens hasta entonces, dando a continuación paso a una reinvención de su sonido que lo acercaría aún más a la gloria o lo precipitaría irremediablemente al fracaso. Pero como diría Michael Ende: “ésa es otra historia y será contada en otro momento”.
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6- My beautiful dark twisted fantasy – Kanye West
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El pop parecía haber quedado tristemente huérfano tras la muerte de Michael Jackson, pero mientras el mundo aún lloraba el fallecimiento del artífice de “Thriller” (y unos cuantos rapiñaban su cadáver editando un infame álbum póstumo), la corriente más comercial de la música anglófona vivió en las últimas semanas del pasado año lo que podría considerarse un golpe de estado en toda regla. Apaleado por las duras críticas recibidas por su penúltimo y decepcionante trabajo, “808's & Heartbreak”, el polémico rapero (reconvertido en estrella pop) Kanye West volvió a la palestra asestando un puñetazo con forma de LP en la boca de sus detractores. Incluso para un tipo como yo, en principio ajeno a todo el rollito MTV del nuevo r'n'b y del hip-hop USAmericano, temas del calibre de “POWER”, “Runaway” o “Lost in the world” son un reclamo más que suficiente para replantearme mis prejuicios musicales. “My beautiful dark twisted fantasy” es, independientemente de géneros, modas y estilos, un trabajo soberbio que marcará un punto de inflexión en la percepción que muchos tenemos de la música mainstream. El rey ha muerto, larga vida al rey.
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5- The Monitor – Titus Andronicus
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Es una suerte que otros blogs y medios musicales publiquen sus listas de lo mejor del año con varias semanas de antelación respecto a las campanadas de Nochevieja. De no ser por ello, servidor se habría perdido el álbum que más alegrías le ha dado en la recta final del difunto 2010. Centrado en la Guerra Civil norteamericana, el segundo larga duración de Titus Andronicus se aproxima (explícitamente) al rock de Bruce Springsteen (no en vano estos chavales proceden también de New Jersey) a través del prisma punk (suavizado) de The Dropkick Murphys, logrando un enérgico combinado de letras incendiarias, desaliñadas guitarras garageras y folk irlandés de taberna, sin perder de vista esas estructuras algo más elaboradas (hay canciones de hasta 14 minutos) que se le presuponen a todo álbum conceptual que se precie de serlo. Pese a títulos como “Theme from Cheers”, no es difícil imaginarse a Jimmy McNulty, Lester Freamon y Bunk Moreland (personajes de esa otra serie de TV) entonando con voces regadas por el whiskey un trallazo como “Four score and seven”.
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4- Foxy Shazam – Foxy Shazam
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Lo mío con estos tipos fue un flechazo instantáneo. Desde el momento en que escuché por primera vez “Bye bye symphony” supe con certeza que estaba ante algo realmente grande. Observada con escepticismo, la fórmula puede resultar algo obvia: el Freddie Mercury de los años 80 prestando voz y maneras al rock horterilla de Meat Loaf, acompañado de unas pinceladas del Michael Jackson más desenfadado y unas letras más divertidas que las que firmarían unos Tenacious D en pleno éxtasis de inspiración. Lo realmente interesante, no obstante, es plantearse cómo con estos ingredientes el sexteto de Cincinatti no se ha dado un batacazo musical comparable al de aquellos The Darkness (destronados estandartes de lo retro-hortera) que ya son pasto del olvido. Sólo se me ocurre una respuesta: esta gente posee tanto talento como poca vergüenza. Tal vez “Foxy Shazam” no inventen nada. Tal vez su tercer LP no sea el mejor disco del pasado año. Pero desde luego sí es el más divertido.
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3- Go - Jónsi
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El vocalista y guitarrista de la banda Sigur Rós comenzó el pasado año su carrera en solitario (“Riceboy sleeps”, de 2009, era un proyecto a medias con su novio Alex) con un álbum que sigue el camino iniciado por la formación islandesa en aquel hermosísimo “Með suð í eyrum við spilum endalaust” que desde 2008 viene poniéndome un nudo en la garganta con cada nueva escucha. Jónsi continúa en “Go” un viraje hacia un pop más luminoso con un retumbar de percusión y unas letras optimistas que son pura exaltación de la vida. La escucha de temas como “Go do”, “Animal arithmetic”, “Boy Lilikoi” o “Grow till tall” se traduce a través de mi tálamo en una segregación masiva de endorfinas y, en consecuencia, en un episodio de stendhaliana elevación hasta estados semi-conscientes de paz espiritual y comunión con el universo. En directo, además, es una puerta abierta de par en par al nirvana (el hinduista, no el de Cobain) que todo hombre, mujer y niño (imantado o no) debiera experimentar antes de morir. Para los que, al contrario que un servidor, aún no hayan tenido la suerte de poder disfrutarlo en vivo, siempre quedará el consuelo del doble LP “Go Live”, que además incluye el estupendo “Sticks and stones” que este niño perdido fugado de Nunca Jamás compuso para la entrañable película de animación “Cómo entrenar a tu dragón”. Y en las noches tranquilas, las mañanas lluviosas y las tardes de invierno acurrucado entre mantas con un té bien calentito entre las manos, nunca está de más el lirismo de las versiones acústicas de “Go quiet”.
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2- The Age of Adz – Sufjan Stevens
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Lo advertía ahí arriba e iba totalmente en serio: lo de Sufjan en 2010 ha sido para enmarcar. Tras “All delighted people EP” faltó tiempo para que el genio de Detroit diera una nueva puntada al vestido de su imparable leyenda presentando un disco de música ¿electro-sinfónica? que puede ser descrito a un tiempo como su obra más atrevida y vanguardista y también como una colección de canciones que no dejan de poseer el regusto del Sufjan de siempre. Por mucho que se solidifiquen bajo una producción inaudita en la discografía previa del Sr. Stevens, el corazón que late en las canciones del denso, caleidoscópico, ecléctico, esquizofrénico y absolutamente delicioso “The Age of Adz” es el mismo que ya palpitaba con intensidad en “Greetings from Michigan”, “Seven swans” o aquella imperecedera obra maestra llamada “Come on feel the Illinoise”. Descomunales composiciones como “I walked”, “Get real get right”, “Vesuvius”, “I want to be well” o la que da título al álbum ejemplifican la excelencia de este ambicioso Mozart moderno. Sin embargo, decir que Sufjan Stevens se ha superado a sí mismo tal vez sea inexacto. Simplemente sigue haciendo lo que siempre ha hecho, sin ceder jamás a la comodidad del estatismo: buscar, descubrir, transgredir, evolucionar.
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Dicho lo cual: ¿qué obra podría imponerse a semejante derroche de creatividad? ¿Quién ha relegado a Sufjan a un (meritorio) segundo puesto? ¿Cuál ha sido mi disco favorito del 2010? Supongo que quienes hayan seguido con mayor o menor atención este blog en los últimos meses ya sabrán sobradamente de mi absoluta devoción hacia...
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1- The Suburbs – Arcade Fire
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...merced al cual este podio queda resuelto de la más predecible de las maneras. Y mirad que lo he intentado, ¿eh? He buscado y rebuscado una banda, un artista, un disco que me atrapase y removiese por dentro más que el tercer LP de mis canadienses favoritos (muy por delante de James Cameron o Scott Pilgrim), pero no ha habido manera. “The Suburbs” lo tiene todo: grandes canciones como “Ready to start”, “Half light II”, “Modern man”, “Deep blue”, “Rococo”, “We used to wait” o la titular; letras catastrofistas, trágicas y conmovedoras (como a mí me gustan); una instrumentación insuperable y una producción sobresaliente; pero, sobre todo, ese hálito de oscura épica cotidiana (como una revisión de los códigos que Springsteen empleó en “Darkness on the edge of town” revestidos de modernidad artie) que Arcade Fire viene cultivando con inmejorables resultados desde “Funeral” y que los ha convertido en una de mis bandas actuales de referencia, a la altura de mis también imprescindibles Muse y Radiohead. No soy objetivo en lo que concierne a su música. Lo siento, no puedo serlo. Por suerte ésta es una lista basada en criterios puramente subjetivos y, en lo que a mí respecta, 2010 ha sido su año: el año en que Arcade Fire entonó su oda al fin del mundo para convertirlo, paradójicamente, en un lugar un poquito mejor para vivir.
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Sé que me dejo fuera unos cuantos títulos que muchos considerarán imprescindibles en una lista de estas características. No negaré que las he pasado canutas para excluir álbumes tan relevantes como “Total life forever” de Foals, “Bye bye cellphone” de 1973, “Adelante Bonaparte” de Standstill, “Ain't no grave” de Johnny Cash, “Butterfly house” de The Coral, “Año santo” de Triángulo de Amor Bizarro, “Big echo” de The Morning Benders, “Halcyon digest” de Deerhunter, “Stridulum II” de Zola Jesus o el mentado “Surfing the void” de Klaxons. Pero, como suelo decir a menudo, los top 10 es lo que tienen: que sólo caben 10.
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Por otro lado, entre las decepciones (siempre hay alguna, desgraciadamente) este año se llevan la palma “Swanlights” de Antony & the Johnsons y “All days are nights: songs for Lulu” de Rufus Wainwright, dos preciosistas y pomposos aburrimientos totales. Tampoco salen bien parados Brandon Flowers con esa oda a lo kitsch titulada “Flamingo”, Linkin Park con el raquítico “A thousand suns” y Andrés Calamaro con ese “On the rocks” que poco o nada tiene que ver con el genio porteño que en el pasado entregara discos memorables como “Alta suciedad” u “Honestidad brutal”. Quién te ha visto y quién te ve, Andrelo...


























