miércoles, marzo 21, 2012

Nublado y con probabilidad de metaficciones

Hay palabras que, inevitablemente, me ponen. “Metalenguaje” es una. “Inadaptable”, otra. Si las descubro aplicadas al libro que servirá de sustento narrativo para una próxima película dirigida a seis manos por los hermanos Wachowski y Tom Tykwer, la consecuencia obvia es que un servidor se sienta impelido a leer el libro antes del estreno del film, porque las probabilidades de que los responsables de “The Matrix” (y sus inenarrables secuelas) y “Corre, Lola, corre” logren capturar el espíritu de la obra son bastante escasas. Si Andy y Lana no fueron capaces en el caso de un tebeo tan apto para el salto al celuloide como es “V de Vendetta” (cuya adaptación escribieron y produjeron), ¿cómo podrían conseguirlo con “El atlas de las nubes”?

Portada de una de las ediciones en inglés de "El atlas de las nubes".

La novela del escritor inglés David Mitchell responde a una peculiar estructura antológica con historias dentro de historias que se interrelacionan al ser leídas/vistas/oídas las unas por los protagonistas de las otras. Con la particularidad, además, de que cada una de las ficciones se interrumpe a la mitad para dar paso a una nueva narración situada en un peldaño de existencia superior (en tanto que contiene a la anterior) y que a su vez se interrumpirá también en su ecuador para ser asimilada por el siguiente nivel en este juego de muñecas matrioskas literarias. Luego, como si de un bumerán se tratase, a partir de un eje de simetría que coincide con el sexto círculo concéntrico de estas metaficciones, las distintas historias serán retomadas donde habían quedado y alcanzarán su conclusión en el orden inverso al que fueron presentadas.

El autor, David Mitchell.

Precisamente es uno de los protagonistas del libro, el compositor Robert Frobisher, quien lo explica con una cabriola metalingüística en la que el propio Mitchell se permite bromear sobre lo pretencioso de su propuesta: “He pasado estas dos semanas en la sala de música, reelaborando los fragmentos de este año para integrarlos en un “sexteto para solistas que se solapan”: piano, clarinete, chelo, flauta, oboe y violín, cada uno en su clave, escala y timbre. En la primera parte, cada solo se ve interrumpido por el siguiente; en la segunda, se retoma cada interrupción, en orden inverso. ¿Idea revolucionaria o efectismo insustancial?”

Una de las ilustraciones conceptuales para la adaptación a cargo de los hermanos Wachowski y Tom Tykwer.

Las distintas narraciones contenidas en “El atlas de las nubes” responden a modelos literarios diferentes y siguen además una dirección espacio-temporal concreta. El libro se abre con “El diario del Pacífico de Adam Ewing”, una historia de marineros con ecos de Melville y Conrad contextualizada en las islas de Oceanía a mediados del siglo XIX. Le sigue “Cartas desde Zedelghem”, narración epistolar atribuida al músico bisexual Robert Frobisher, un cazafortunas inglés que recala en la Bélgica de los años 30. “Vidas a medias: el primer misterio de Luisa Rey” es una novelita de suspense ubicada en los años 70 californianos sobre periodistas heroicas y conspiraciones en el ámbito de la energía nuclear. La siguiente parada, “El tremendo calvario de Timothy Cavendish”, nos lleva a la Inglaterra del momento actual, donde un cínico editor literario deberá esconderse de unos furiosos acreedores en el lugar más insospechado de la campiña británica. “La antífona de Sonmi-451” traslada la acción a una Corea ultra-capitalista claramente inspirada en las distopías futuristas de Philip K. Dick, y “El cruce de Sloosha y toda la vaina” culmina el ascenso por la escalera de ficciones en un Hawai post-apocalíptico donde la civilización ha retrocedido miles de años hasta una organización social primitiva y tribal. Pese a que uno pueda detectar ecos de Alessandro Baricco o de Italo Calvino en su planteamiento, “El atlas de las nubes” posee una personalidad propia que deriva de referentes muy distintos a los que manejan los escritores italianos antes mentados.

Otro concept art para la versión cinematográfica de "El atlas de las nubes".

Mitchell consigue que cada una de las historias tenga peso específico no sólo desde la perspectiva argumental, sino también desde un punto de vista estilístico. El diario de Ewing está escrito de un modo radicalmente distinto al relato oral de Zachry (protagonista de la última narración) y no tiene tampoco nada que ver con el estilo seco y directo del interrogatorio al que la replicante Sonmi-451 es sometida por las orwellianas autoridades de Nea So Copros. Pese a todo ello, resulta que “El atlas de las nubes” es un libro de fácil lectura, muy entretenido y con un alto poder de enganche. La riqueza de detalles, guiños y referencias de unas historias a otras hace de esta novela una obra que se presta a la revisión, pudiendo variar además el orden de lectura: ora siguiendo la numeración de las páginas del libro (dejando en hiato las distintas narraciones hasta que sean retomadas en la segunda vuelta), ora atacando cada una en su totalidad para disfrutar sin interrupciones de sus particularidades intrínsecas. Sólo gracias a una lectura minuciosa podrá uno ahondar en el mensaje global del texto, en el concepto que unifica todos sus fragmentos: el respeto a la naturaleza, a la vida y a la dignidad humana, ya sea en el caso de un esclavo del hombre blanco en el siglo XIX, en el de un anciano maltratado en un asilo de principios del siglo XXI o en el de un clon diseñado para servir mesas en un restaurante de comida rápida de mediados del XXII.

Cubierta de la edición española de "El atlas de las nubes" para la colección Tropismos de Ediciones Témpora.

Desgraciadamente, resulta difícil encontrar en las librerías una traducción española de “El atlas de las nubes”. La edición que yo tengo, única hasta la fecha, data de 2006 y es obra de Ediciones Témpora. La conseguí gracias a la inestimable ayuda de la Srta. Imantada, profunda conocedora de las posibilidades literarias de la red de redes, y es sin duda una de las lecturas más inspiradoras e imaginativas que he disfrutado en los últimos tiempos. Con suerte, la próxima adaptación cinematográfica llevada a cabo por Tykwer y los Wachowski traerá consigo una nueva edición española de la novela, subsanando así su incomprensible ausencia en las estanterías de las librerías de nuestro país.

8 comentarios:

David dijo...

Iba a decir que parece interesante, pero me he detenido a medio camino de teclearlo. Y es que todo, desde el título hasta la estructura, me resultan más bien pretenciosos. ¿No cabe la posibilidad de que todo este artificio literario sea obra de un editor avispado que, para diferenciar un libro de relatos del resto, ha decidido montarlo como una muñeca rusa? Quiero decir: ¿hay alguna relación entre cada relato y el que contiene? ¿algo que le dé sentido a la estructura concéntrica más allá de la mera curiosidad? Me ha dado la impresión de que si desvestimos a la novela de este artificio quizás nos quede un catálogo de relatos largos que nada tienen de especial. Perdona mis dudas, últimamente ando en busca de algo realmente bueno que leer, y la SciFi es uno de mis géneros favoritos, pero parece que nunca me decido por una u otra obra, así que sigo leyendo las últimas novelas que me regalaron por reyes, actualmente, El Temor de un Hombre Sabio, cuya longitud me parece casi ridícula. Pero ahí ando.

Jero Piñeiro dijo...

Lo cierto es que las historias se tocan tangencialmente , pero el libro es más una antología con temas comunes y ciertas conexiones argumentales (más importantes en unos relatos que en otros y sólo determinantes en dos casos) que una obra totalmente interrelacionada. Se parece más a "Si una noche de invierno un viajero" de Calvino que a la "Trilogía de Nueva York" de Auster, por poner un ejemplo. O, siguiendo un símil tebeístico, responde más a un universo compartido (con esos asteriscos que dicen cosas del estilo de "tal y como se vio en el nº 237 de The Amazing Spider-man") que a un crossover. No sé si me he explicado bien.

Lo que sí me parece es que la estructura es algo muy pensado por parte del autor y que la realización del libro tiene más de creatividad literaria que de idea de un editor avispado. Me resulta difícil concebir "El atlas de las nubes" si no es como una sola obra, y creo que es precisamente de la superposición de sus distintos relatos de donde nace su auténtica personalidad.

Yo no soy un gran conocedor de la ci-fi (algo he leído, sí, pero no siento predilección por el género por encima de otros), así que no sé si podría recomendarte nada en concreto. El de "El temor de un hombre sabio" me parece tentador como placebo hasta la publicación de "Danza de dragones", pero me huelo que no es un libro especialmente bueno. Lo próximo que voy a leer (cuando termine con el que estoy ahora, que poco le queda) es "Libertad" de Jonathan Franzen. Le tengo muchas ganas, la verdad.

David dijo...

El Temor de un Hombre Sabio, al igual que su predecesora, está bastante bien escrito. Es fantasía de un estilo muy distinto al de Martin, pero aporta algunas cosas interesantes a un género muy trillado. El problema es que desde mi punto de vista, la extensión de cada novela no está justificada. El Nombre del Viento eran 900 páginas en las que no ocurre nada reseñable, apenas la presentación del personaje. Es amena, pero no cuenta nada. Y de El Temor llevo leídas 200 páginas y va por el mismo camino. Creo que en 900 páginas se puede contar una historia completa, y si no se hace es por motivos puramente comerciales.

De Libertad he escuchado cosas muy buenas, tanto como para plantearme su lectura aunque se escapa de mi ámbito de acción. Puede que decida ir a por ella cuando termine con Rothfuss. De SciFi, lo último realmente bueno que leí es el Neuromante. Muy recomendable si eres capaz de lidiar con un texto denso, pero que realmente sentó las bases de la ciencia ficción moderna.

Jero Piñeiro dijo...

Tienes razón en que últimamente parece que las novelas de fantasia se publican al peso. Antes que con la saga de Kvothe me apetecía ponerme con los libros de Terramar de Ursula K. Le Guin, que los tiene todos mi hermano y me ha hablado muy bien de ellos.

Por otro lado, lo último que leí de ci-fi fue "Matadero 5" de Kurt Vonnegut... que a todo esto no sabría si clasificarlo como ci-fi o no, pero que me pareció una novela muy recomendable. Al de Gibson le tengo ganas desde hace tiempo, pero como la "Torre de Lecturas Pendientes" (léase con voz de ultratumba) no hace más que crecer y crecer, hay un montón de libros que me apetecen a los que nunca consigo hacerles un hueco. Y aunque esta misma tarde te decía que lo siguiente en mi agenda sería "Libertad" de Franzen, diez minutos después (o así) vi el trailer de la nueva peli de Cronenberg y salí corriendo a la Casa del Libro a comprar la novela en que se basa: "Cosmopolis" de Don DeLillo. Si es que no tengo autocontrol...

Niña imantada. dijo...

jjijijiji Estaba yo esperando ansiosa esta entrada eh? Tenía curiosidad de ver si esas expectativas hacia el libro iban a llegar a buen puerto...

Me alegro de haberle ayudado. Cuando necesite usted algo de esta conocedora de la red (qué graciosa esa descripción que ha hecho de mi alter ego), ya sabe, toque a la puerta :)

Jero Piñeiro dijo...

Descuide, Srta. Imantada...

carnet manipulador de alimentos dijo...

Lo de 'Atlas de las Nubes' se me escapa completamente de las entendederas. Está bien ser ambicioso, en el sentido de pretender, pero si sólo se queda en eso, pues claro, tenemos lo de pretencioso. Es un desastre cinematográfico. No sé qué tendrían en la cabeza Tom Twyker y los Wachoski, pero esta historia de tintes 'cuánticos' no se coge por ningún lado: larga, tediosa, las historias al rato no interesan nada, infantiles... Uf, es que no tengo adjetivos. Tres horas, casi me puse por obligación acabarla, soportar esta tortura, era tal mi incredulidad. Y es que evidentemente había dinero, grandes actores, no sé de qué guión, sobre el famoso libro, partirían para acabar dándonos estos resultados. Indescriptible. Un saludo!!!

Jero Piñeiro dijo...

Todavía no he tenido la suerte o desgracia de verla, manipulador de alimentos, pero las referencias que me han llegado (incluida la tuya) no son demasiado halagüeñas... Un saludo.