viernes, marzo 30, 2012

El caballo de hierro (revisited)

El western es un género con tantos admiradores como detractores. El problema es que los primeros son cinéfilos extemporáneos o nostálgicos con más pasado que futuro y los segundos son quienes realmente mueven, hoy por hoy, la industria del entretenimiento. En el contexto actual, un enfrentamiento entre dos rudos pistoleros que se baten a las puertas de un saloon suena como algo que alegraría la tarde a tu padre en una reposición inesperada por parte de una cadena autonómica o local, pero no como la prioridad ociosa de tus amigos, esa muchachada que prefiere sentirse representada por los vampiros adictos al sexo de “True Blood” o los jóvenes poligoneros con super-poderes de “Misfits”.

El western ya no vende. Maldita sea.

Fue precisamente por eso que la prestigiosa cadena norteamericana HBO ("Los Soprano" bla bla bla "Six Feet Under" bla bla bla "The Wire" bla bla bla) tuvo que cancelar en 2006 su maravillosa serie “Deadwood” sin poder ofrecer un final a las historias entrecruzadas de sus carismáticos protagonistas. Maldita sea (one more time).


Para mi sorpresa (una muy agradable, debo añadir), ahora es AMC, responsable de éxitos catódicos como “Mad Men”, “Breaking Bad” y “The Walking Dead”, quien pretende convencer al respetable de que el western no está muerto. Lo hace presentando una producción ambientada en los Estados Unidos de la década de 1860, con la construcción del primer ferrocarril transcontinental como telón de fondo. La serie se titula “Hell on Wheels” y su protagonista, Josey Wales John Marston Cullen Bohannon, es un antiguo terrateniente sudista que busca venganza tras un trágico episodio sucedido durante la Guerra de Secesión. Su personal ajuste de cuentas lo llevará hasta el asentamiento itinerante Hell on Wheels, donde el empresario Thomas C. Durant dirige la construcción de una vía férrea para su compañía Union Pacific. Allí, Bohannon entablará relaciones con el peligroso jefe de seguridad conocido simplemente como El Sueco, con el mestizo Elam Ferguson y con la viuda del topógrafo de confianza de Durant, Lilly Bell. Sacerdotes, prostitutas y buscavidas de todo pelaje y condición (los sospechosos habituales, vamos) se pasearán también por los 10 capítulos que componen esta primera temporada de la serie.


Al contrario que “Deadwood”, que partía de un contexto histórico semejante pero hacía caso omiso de los clichés del género, “Hell on Wheels” es un western canónico que cuenta con su ración de tiroteos, persecuciones a caballo, indios en pie de guerra y tipos duros que primero disparan y luego preguntan. Lo cual reduce bastante las posibilidades de sorprender al conocedor del género en el terreno argumental, claro, pero como compensación le ofrece la satisfacción de disfrutar de esos lugares comunes que tanto ha echado de menos en los últimos años.


Personajes, tramas y situaciones tienen el inconfundible aroma de lo visto una y mil veces, pero el conjunto funciona gracias a su ausencia de complejos o aspiraciones (más allá de ofrecer, precisamente, una historia del Oeste de las de toda la vida) y al impecable trabajo de producción llevado a cabo por los responsables de atrezzo, vestuario, iluminación y demás. El aspecto visual que “Hell on Wheels” luce en pantalla es magnífico, lo cual ayuda a transmitir la rudeza y la suciedad del entorno hostil e incivilizado por el que deambulan sus protagonistas. Unos protagonistas que se benefician de un trabajo de casting tremendamente acertado en cuanto a fisionomías, y algo más discreto en cuanto a aptitudes interpretativas. Anson Mount, el rapero Common, Eddie Spears y Dominique McElligott cumplen sin aspavientos en sus respectivos roles, dejando que sea Colm Meaney (uno de esos secundarios siempre eficientes a los que estás cansado de ver pero cuyo nombre nunca llegaste a conocer) quien se responsabilice de dotar a la serie de auténtica enjundia dramática. Cada vez que su personaje, el maquiavélico Sr. Durant, aparece en pantalla, el espectador lo agradece.


Carente de la sutileza de las mejores series de la HBO, la naturaleza de “Hell on Wheels” es más la de un ameno divertimento que la de una obra trascendental. Sus ambiciones están lejos de las de un “Deadwood” o un “Boardwalk Empire”, series más redondas pero también más densas y reposadas. Es por ello que “Hell on Wheels” corre el riesgo de malograr una interesantísima primera temporada convirtiéndose en un folletín en continuo cliffhanger, más preocupado por atrapar la atención del espectador que por dotar a la trama de un verdadero rigor narrativo. De todos modos, acusarla de tales defectos sería sin duda pecar de suspicaces y adelantarnos a los acontecimientos. Por lo de pronto, si le perdonas a su guión ciertos subrayados innecesarios es muy posible que disfrutes como un enano con esta primera remesa de episodios concluida hace apenas unas semanas.

Siempre y cuando, claro, tú no seas uno de esos desgraciados alérgicos al western. Maldita sea.