Hay
palabras que, inevitablemente, me ponen.
“Metalenguaje” es una.
“Inadaptable”, otra. Si las descubro aplicadas al libro que
servirá de sustento narrativo para una próxima película dirigida a
seis manos por los hermanos Wachowski y Tom Tykwer, la consecuencia
obvia es que un servidor se sienta impelido a leer el libro antes del
estreno del film, porque las probabilidades de que los responsables
de “The Matrix” (y sus inenarrables secuelas) y “Corre, Lola,
corre” logren capturar el espíritu de la obra son bastante
escasas. Si Andy y Lana no fueron capaces en el caso de un tebeo tan apto para
el salto al celuloide como es “V de Vendetta” (cuya adaptación escribieron y produjeron), ¿cómo podrían conseguirlo con “El atlas de las nubes”?
Portada de una de las ediciones en inglés de "El atlas de las nubes".
La
novela del escritor inglés David Mitchell responde a una peculiar
estructura antológica con historias dentro de historias que se
interrelacionan al ser leídas/vistas/oídas las unas por los protagonistas
de las otras. Con la particularidad, además, de que cada una de las
ficciones se interrumpe a la mitad para dar paso a una nueva
narración situada en un peldaño de existencia superior (en tanto
que contiene a la anterior) y que a su vez se interrumpirá también
en su ecuador para ser asimilada por el siguiente nivel en este juego
de muñecas matrioskas literarias. Luego, como si de un bumerán se
tratase, a partir de un eje de simetría que coincide con el sexto
círculo concéntrico de estas metaficciones, las distintas
historias serán retomadas donde habían quedado y alcanzarán su
conclusión en el orden inverso al que fueron presentadas.
El autor, David Mitchell.
Precisamente
es uno de los protagonistas del libro, el compositor Robert
Frobisher, quien lo explica con una cabriola metalingüística en la
que el propio Mitchell se permite bromear sobre lo pretencioso de su
propuesta: “He pasado estas dos semanas en la sala de música,
reelaborando los fragmentos de este año para integrarlos en un
“sexteto para solistas que se solapan”: piano, clarinete, chelo,
flauta, oboe y violín, cada uno en su clave, escala y timbre. En la
primera parte, cada solo se ve interrumpido por el siguiente; en la
segunda, se retoma cada interrupción, en orden inverso. ¿Idea
revolucionaria o efectismo insustancial?”
Una de las ilustraciones conceptuales para la adaptación a cargo de los hermanos Wachowski y Tom Tykwer.
Las
distintas narraciones contenidas en “El atlas de las nubes”
responden a modelos literarios diferentes y siguen además una
dirección espacio-temporal concreta. El libro se abre con “El
diario del Pacífico de Adam Ewing”, una historia de marineros con
ecos de Melville y Conrad contextualizada en las islas de Oceanía a
mediados del siglo XIX. Le sigue “Cartas desde Zedelghem”,
narración epistolar atribuida al músico bisexual Robert Frobisher, un cazafortunas inglés que recala en la Bélgica
de los años 30. “Vidas a medias: el primer misterio de Luisa Rey”
es una novelita de suspense ubicada en los años 70
californianos sobre periodistas heroicas y conspiraciones en el
ámbito de la energía nuclear. La siguiente parada, “El tremendo
calvario de Timothy Cavendish”, nos lleva a la Inglaterra del
momento actual, donde un cínico editor literario deberá esconderse
de unos furiosos acreedores en el lugar más insospechado de la
campiña británica. “La antífona de Sonmi-451” traslada la
acción a una Corea ultra-capitalista claramente inspirada en las
distopías futuristas de Philip K. Dick, y “El cruce de Sloosha y
toda la vaina” culmina el ascenso por la escalera de ficciones en
un Hawai post-apocalíptico donde la civilización ha retrocedido
miles de años hasta una organización social primitiva y tribal.
Pese a que uno pueda detectar ecos de
Alessandro Baricco o de
Italo Calvino en su planteamiento, “El atlas de las nubes” posee una
personalidad propia que deriva de referentes muy distintos a los que
manejan los escritores italianos antes mentados.

Otro concept art para la versión cinematográfica de "El atlas de las nubes".
Mitchell
consigue que cada una de las historias tenga peso específico no
sólo desde la perspectiva argumental, sino también desde un punto
de vista estilístico. El diario de Ewing está escrito de un modo
radicalmente distinto al relato oral de Zachry (protagonista de la
última narración) y no tiene tampoco nada que ver con el estilo
seco y directo del interrogatorio al que la replicante
Sonmi-451 es sometida por las orwellianas autoridades de Nea
So Copros. Pese a todo ello, resulta que “El atlas de las nubes”
es un libro de fácil lectura, muy entretenido y con un alto poder de
enganche. La riqueza de detalles, guiños y referencias de unas
historias a otras hace de esta novela una obra que se
presta a la revisión, pudiendo variar además el orden de lectura:
ora siguiendo la numeración de las páginas del libro (dejando en
hiato las distintas narraciones hasta que sean retomadas en la
segunda vuelta), ora atacando cada una en su totalidad para
disfrutar sin interrupciones de sus particularidades intrínsecas. Sólo gracias a una lectura minuciosa podrá uno ahondar en el mensaje global del texto, en el concepto que unifica todos sus fragmentos: el respeto a la naturaleza, a la vida y a la dignidad humana, ya sea en el caso de un esclavo del hombre blanco en el siglo XIX, en el de un anciano maltratado en un asilo de principios del siglo XXI o en el de un clon diseñado para servir mesas en un restaurante de comida rápida de mediados del XXII.

Cubierta de la edición española de "El atlas de las nubes" para la colección Tropismos de Ediciones Témpora.
Desgraciadamente,
resulta difícil encontrar en las librerías una traducción española de
“El atlas de las nubes”. La edición que yo tengo, única hasta
la fecha, data de 2006 y es obra de Ediciones Témpora. La
conseguí gracias a la inestimable ayuda de la
Srta. Imantada,
profunda conocedora de las posibilidades literarias de la red de
redes, y es sin duda una de las lecturas más inspiradoras e
imaginativas que he disfrutado en los últimos tiempos. Con suerte,
la próxima adaptación cinematográfica llevada a cabo por Tykwer y los Wachowski traerá consigo una nueva edición española de la novela, subsanando
así su incomprensible ausencia en las estanterías de las librerías
de nuestro país.