jueves, agosto 11, 2011

Brian K. Vaughan y la ciencia-política-ficción

Considero que Brian K. Vaughan es un guionista más capacitado en el terreno de las ideas que en el de los resultados. Su tebeo más conocido hasta la fecha, “Y, el último hombre” (publicado dentro del sello para adultos de DC Comics, la línea Vertigo), partía de un planteamiento fascinante (un joven escapista y su mono capuchino se convierten en los últimos especímenes macho en un mundo poblado por mujeres) que, en lugar de derivar en bacanal pornográfica (como posiblemente a muchos lectores se les hubiese ocurrido imaginar), se convertía en un viaje del héroe en clave de ciencia-ficción que se dedicaba a explorar el impacto psicológico de una emasculación apocalíptica en la sociedad actual. Sin embargo, esa gran idea (y todas las que a Vaughan se le fueron ocurriendo por el camino) rara vez abrazaba sus últimas consecuencias, quedándose la serie en una lectura notable (quizás empañada por un apartado gráfico algo insulso) que, sin embargo, prometía más de lo que finalmente llegó a ofrecer.


Poco después de que “Y, el último hombre” comenzase a ser publicada en España, la editorial Norma puso en la calle el primer volumen de otra serie escrita por nuestro hombre, “Ex Machina”, que también nacía de una premisa de lo más interesante: Mitchell Hundred, único super-héroe en un mundo prácticamente idéntico al nuestro, decide colgar el uniforme de vigilante y presentarse como candidato a la alcaldía de Nueva York. Pese a su nula trayectoria política y a la polémica generada por la revelación de su identidad secreta, Hundred resulta elegido y, a partir de entonces, decide aplicar los principios altruistas de su pasado super-heroico a las coyunturas políticas, económicas y sociales que se le vayan presentando a lo largo de su mandato.


La colección, publicada originalmente en EE.UU. de forma mensual en 50 episodios, fue recogida en nuestro país por Norma en diez volúmenes, el último de los cuales acaba de ser editado, narrando los últimos días de esos cuatro años de legislatura que Hundred ejerció como máximo responsable de la ciudad más icónica de Norteamérica.

Gran aficionado a las anécdotas históricas, a la literatura política y a la cultura pop (como queda de manifiesto en todas sus obras), Vaughan se las arregló para escribir un arranque cautivador, planteando en los primeros números de “Ex Machina” una interesante galería de personajes secundarios (el fiel guardaespaldas Bradbury, el viejo camarada super-heroico Kremlin, el comprometido teniente de alcalde Wylie), un atisbo de prometedoras tramas por desarrollarse a largo plazo y un tono reflexivo que distanciaba al proyecto de lo que habitualmente ofrecen los tebeos de super-héroes en materia sociológica.


Así, Vaughan utiliza a Hundred para plantearse los límites de la expresión artística subvencionada, la implantación del matrimonio homosexual, la legalización del consumo de marihuana o el polémico maridaje entre política y religión. Con todo, consigue el escritor escabullirse casi siempre de emitir una opinión rotunda (por eso de no despertar las iras de los lectores de uno u otro signo político), dando cabida por boca de diferentes personajes a las distintas posturas relativas a cada debate, sin establecer claramente con cuales comulga y con cuales no.


Por si todo esto no resultase suficientemente tentador por sí mismo, en el apartado gráfico nos encontramos con un Tony Harris cuyas páginas han mejorado una barbaridad desde que comenzase a destacar en los años 90 gracias al divertidísimo “Starman” escrito por James Robinson. Si bien es cierto que el indisimulado uso de la rotoscopia puede resultar chirriante por momentos, también es menester reconocer que tanto el trazo final como el color infográfico lucen magníficamente a lo largo de toda la obra, consiguiendo una impecable estética realista que le sienta como anillo al dedo al entramado sociopolítico desplegado por Vaughan.


El problema, me temo, es que cuanto más se preocupa el guionista escocés por dar cancha a los controvertidos asuntos que afectan a la vida diaria del norteamericano medio, más pierde de vista la trama principal que sirve (en teoría) como hilo conductor de las correrías de Hundred: el origen incierto de los misteriosos poderes que le permiten dar órdenes a cualquier tipo de máquina (y que ésta las cumpla). A medida que se suceden los distintos arcos argumentales va haciéndose más evidente que el manifiesto político de Vaughan se moja menos que un gremlin en el desierto, mientras la cuestión puramente ciencia-ficcionera no acaba de arrancar. Llegado al ecuador de la serie comencé a sospechar que los defectos que ya habían menguado mi entusiasmo respecto a “Y, el último hombre” tomaban forma en esta otra cabecera, y la adquisición de los últimos tomos publicados por Norma se debía cada vez más al ansia completista que a un interés real por saber hacia dónde se dirigía la trama.


Pero he aquí que hace unos días llega a las librerías especializadas el décimo recopilatorio de la colección, “Fin del mandato”, y que un servidor se lo lleva a casa con más dudas que certezas, pensando que, si al final la cosa termina por desinflarse del todo, al menos la serie no quedará huérfana e inconclusa, cogiendo polvo hasta el fin de los tiempos en las estanterías de mi habitación. Y es este último ejemplar de “Ex Machina” el que consigue, cuando ya no daba un duro por ello, reconciliarme con Vaughan (con Harris no había necesidad) y con la desventuras políticas de Mitchell Hundred.

Pleno de ritmo e intensidad, con un velado tañer trágico de campanas alzándose en torno a todos los personajes que pueblan el relato, “Fin del mandato” manda un derechazo a la mandíbula del lector abotargado en su último episodio, un epílogo que tiene muchos aspectos en común con el que cerraba “Y, el último hombre” y que supone un giro de 360 grados respecto a todo lo leído con anterioridad. Una maniobra arriesgada por parte de Vaughan, que deja para las últimas 40 páginas (de las más de 1.000 que componen toda la colección) las mayores sorpresas argumentales de “Ex Machina”, pero que compensa con creces al lector que ha tenido la paciencia de seguir las andaduras de Hundred hasta su último día de legislatura.


Una conclusión sorprendente para una serie que empezó muy arriba, fue poco a poco asomándose a la mediocridad y finalmente remontó el vuelo y superó sus éxitos precedentes en un último capítulo que desde ya se postula, para mí, como lo mejor que Vaughan ha escrito desde que inició su carrera como guionista de tebeos.

Y la referencia al “I'm the walrus” de los Beatles (igual que aquella otra al “Sound of silence” de Simon y Garfunkel en el tomo “La marca”), impagable.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

bueno jerito, yo sigo pensando que me tienes que pasar Walking Death en comic para aficionarme.. Me he leido esta entrada porque estoy da vacas, y como las vacas en el campo, tengo todo el tiempo del mundo.No leo comics, pero me dejas muy claro lo bueno y lo malo de esto. Solo faltaría que me lo leyera para ver si estoy de acuerdo. Un abrazo. Lync

Jero dijo...

Yo creo que si leyeras comics serías más feliz, jajaja. Y tendríamos aún más temas de conversación (no es que me queje, que Bergman ha puesto el listón muy alto...) No sé si te gustaría "Ex Machina"; parte de su gracia reside en las constantes referencias a la mitología super-heroica... "The Walking Dead" sí me pega más. Disfruta de tus vacas, compadre. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Sería más feliz?? jajaj estás tocando un tema muy delicado Jero, vas a hacer chamán ahora? Jerodowsky?