viernes, febrero 13, 2009

Mis dibujantes favoritos 3: Miguelanxo Prado

Cuando me imagino el mar dentro de una viñeta, sé que la firma siempre dice “M.P.”


Pero este hombre lo dibuja todo como Dios, no sólo el agua...




(Por cierto, ¡qué difícil es encontrar imágenes suyas a buen tamaño en internet!)

Morir en sueños

“I love the feeling when we lift up
Watching the world so small below
I love the dreaming when I think of
The safety in the clouds out my window
I wonder what keeps us so high up
Could there be a love beneath these wings
If we suddenly fall should I scream out
Or keep very quiet and cling to my mouth as I’m crying
So frightened of dying
Relax yes I’m trying
But fears got a hold on me
(...)”


[“Death” es uno de los singles con los que la banda británica White Lies presenta su álbum de debut: “To lose my life”. Es una pena que el resto del disco no suene tan potente y redondo como este tema (quizás “The price of love” y la que da nombre al álbum sean las que más se le acerquen), porque es una de las canciones que más llevo escuchado en lo que llevamos de año. White Lies recuerdan poderosamente a grupos como The Killers, Interpol o Editors (los cuales a su vez rinden pleitesía a Joy Division) y llegan abalados por New Musical Enterntainment, que ha hecho todo lo posible por convertirlos en un éxito masivo. Por el contrario, otros medios de la prensa musical han atacado duramente a la banda acusándolos de oportunistas que buscan sacar tajada de los estertores de muerte del post-punk (se rumorea que los astros anuncian un resurgir del grunge) y de producto prefabricado salido directamente de las cabezas pensantes de la discográfica que les sirve de paraguas. En mi opinión, ni lo uno ni lo otro. “To lose my life” es un disco majete aunque pretencioso (esas letras…) que servidor, seguro, no recordará dentro de 10 años, pero eso no hará que “Death” se convierta en algo diferente de lo que es: una canción cojonuda.]

jueves, febrero 12, 2009

Dios está en las pequeñas cosas











Todas son fotografías de Chema Madoz. Ninguna ha sido retocada digitalmente. Pueden verse un montón más en su página web.

Tarantino, más bastardo que nunca

Primer trailer del nuevo film del amigo Quentin, "Inglourious basterds" (aún no tengo muy claro cómo se escribe, ya la he visto también como "Inglorious bastards" e "Inglorious basterds"). Pasen y vean, pinchando en la imagen:






(Y ahora alguno que yo me sé ya puede ir a masturbarse contento y feliz).

R U professional?

Supongo que muchos ya estaréis al tanto de la que montó el actor Christian Bale durante el rodaje de “Terminator: Salvation”, nueva película de la saga a cargo del director McG. Por si no lo sabéis, al parecer un técnico despistado fastidió una toma durante la grabación de una escena de la peli y Bale estalló de ira, dirigiéndole toda clase de improperios (con una saña tremenda, me atrevería a añadir). Los micros recogieron el agresivo discurso de Bale y, como ocurre tan a menudo en esta nueva era de la información, al rato ya se podía escuchar en cualquier parte del mundo gracias a internet.


Hasta ahí la cosa tiene cierta gracia (no para el técnico): a Bale se le va la olla y le llama de todo menos guapo. ¿Fin de la historia? Pues nopi.

Ahora resulta que (tal y como acabo de leer en el excelente blog sobre cine “La calle Morgue”) la cosa no ha quedado ahí. Al parecer no son pocos los que se han hecho eco del incidente y ya hay a la venta unas camisetas como la que podéis ver en la imagen. Ahora sí, ¿fin de la historia? Nopi tampoco.



El audio ya ha sido usado por algunos internautas para componer varios temas musicales. Básicamente la voz de Bale sobre una base electrónica. Vale, tampoco está tan fuera de lo habitual, supongo. Si pasó con el anuncio de compresas de la fieshhta, ¿por qué no con la bronca de Christian Bale?

Pero todavía no ha terminado la cosa: lo mejor es que el grupo de música “The Mae Shi”, el mismo que hace unos meses recibió unas excelentes críticas por su álbum “Hlllyh”, ha compuesto en apenas unas horas una canción (música y letra) titulada “R U professional? (4 Xtian)” inspirada en el altercado. Podéis escucharla aquí. Yo me he partido de risa con versos como “He’s got that look in his eyes / I see the fire behind / He is the dark knight / He is professional”.

En fin. Menudo mundo éste. Ver (y oír) para creer.


Por cierto: Christian Bale debe ser un poco capullo. Sólo un capullo se ensañaría tanto con un técnico empanado. Pero sigue pareciéndome uno de los mejores actores del mundo. No conviene mezclar el tocino con la velocidad...

miércoles, febrero 11, 2009

David Fincher y el realismo mágico

Llevaba un tiempo esperando una película como ésta. No es que no se hayan estrenado buenas cintas en los últimos meses (“Wall-E” o “El caballero oscuro”, sin ir más lejos), pero creo que desde “There will be blood (Pozos de ambición)” servidor no había abandonado la sala del cine con esa sensación de plenitud que sólo corresponde a las auténticas obras maestras del medio. Las de tomo y lomo, que dejan personajes, escenas, diálogos y planos para el recuerdo.

Hablo, por supuesto, de “El curioso caso de Benjamin Button”, última película de David Fincher (hasta la fecha, esperemos que cumpla muchas más), protagonizada por Brad Pitt, Cate Blanchett y un montón de brillantes secundarios entre los que destacan Tilda Swinton (qué gran actriz, pena que su físico le vaya a privar de papeles principales que de otro modo bordaría) y Taraji P. Henson.

Por poner en (innecesarios, estimo) antecedentes: la película narra la vida de Benjamin (Brad Pitt, con la ayuda de otros actores para escenas concretas), un hombre que nace viejo y, al contrario que los demás seres humanos, rejuvenece a medida que pasan los años. A partir de esta premisa nacida de la pluma de Scott Fitzgerald, el film nos guía por las andanzas de este no-tan-extraño personaje, haciendo hincapié en su historia de amor con Daisy (Cate Blanchett, la mayor parte del tiempo), a la que conoce cuando ambos son niños (aunque Benjamin muestre el aspecto de un octogenario achacoso).


Y, a partir de ahí, la vida. Perdón: la VIDA. Así, en mayúsculas.

Olvidando el nervio y la violencia explícita e implícita de anteriores films, David Fincher retrata el ejercicio al completo de vivir, desde sus primeros instantes hasta sus últimas consecuencias, dando a entender que, por mucho rejuvenecimiento que afecte a nuestro protagonista, su vida no es tan distinta de la de los demás. Está llena de amor, de decepciones, de dudas, de amistades que van y vienen y a veces permanecen, de vivencias familiares que no siempre son tan dulces como uno querría, de estallidos de rebeldía, de ambiciones, de ansias y de sueños. Al fin y al cabo, como la de cualquier persona. “El curioso caso de Benjamin Button” viene a decirnos, a fin de cuentas, que todos somos especiales a nuestra manera.

“Qué novedad”, pensará más de uno. No lo niego: “El curioso caso de Benjamin Button” no inventa nada. De hecho, muchas de las reflexiones que la película plantea parecerían estúpidamente obvias de no ser porque a veces, de tan obvias que son, dejamos de tenerlas en cuenta. Igual que ocurría con la magnífica “Forrest Gump” (no en vano los guiones de ambas son obra de Eric Roth), el discurso de “El curioso caso de Benjamin Button” nos permite recordar la importancia de los valores esenciales poniendo en entredicho algunas de las más estúpidas convenciones humanas.

También, al igual que en aquella cinta de Robert Zemeckis, Benjamin Button se cruza en su odisea vital con toda suerte de personajes, cada uno con una historia más surrealista y hermosa que el anterior, recuperando el sabor de ese realismo mágico que tan bien cultivó mi idolatrado Gabriel García Márquez. No mento al gran Gabo por capricho, pues también la historia de amor entre Benjamin y Daisy recuerda poderosamente a los Florentino Ariza y Fermina Daza de “El amor en los tiempos del cólera”, con sus encuentros y desencuentros a lo largo de toda una vida.


Repaso esta reseña (que pretendía breve, pero que sigue demandando palabras) y descubro que aún no he alabado la parte técnica de la película. Pero no quiero aburrir al personal, así que me conformaré con afirmar que “El curioso caso de Benjamin Button” es perfecta en su ritmo, su fotografía (esos amaneceres están clamando por un Oscar), su planificación visual, su montaje (impresionante la escena de la mudanza, eso es un montaje inteligente y lo demás son coñas videocliperas) y, por supuesto, efectos especiales, maquillaje y ambientación.

Al final, resulta que lo menos llamativo del film es un Brad Pitt harto solvente que, no obstante, se quedará a las puertas de la gloria. Cate Blanchett es demasiado buena actriz y demasiado hermosa (de una forma casi alienígena) como para no robarle todos y cada uno de los planos de la película.


Pero el gran héroe de la función es el director David Fincher. Con ésta, su segunda OBRA MAESTRA (de nuevo se imponen las mayúsculas; la primera fue “El club de la lucha”), y sin menospreciar otras joyas de su portentosa filmografía (sumémosle a estas dos un “Seven”, un “The game” y un “Zodiac” y procedamos a quitarnos el sombrero), Fincher se sitúa en lo más alto del cine actual, acallando a quienes insinúan que, en materia de celuloide, cualquier tiempo pasado fue mejor. Si ayer fueron los Stanley Kubrick, Orson Welles, Billy Wilder o John Ford quienes nos alegraban dos horas de vida en una sala a oscuras, hoy son los Paul Thomas Anderson, Sam Mendes, Quentin Tarantino o este David Fincher quienes siguen haciendo posible que la imaginación cinematográfica no conozca límites (y por suerte Clint Eastwood y Martin Scorsese siguen ahí, a lo suyo y en plena forma).

Y el cine, al igual que Benjamin Button, luce cada día un poco más joven y un poco más guapo.

Lo que el Boss te da, el Boss te lo quita

“(...)
Have you ever seen a scarecrow filled with nothing but dust and wheat?
If you've ever seen that scarecrow then you've seen me
Have you ever seen a one-armed man punching at nothing but the breeze?
If you've ever seen a one-armed man then you've seen me

Then you've seen me, I come and stand at every door
Then you've seen me, I always leave with less than I had before
Then you've seen me, bet I can make you smile when the blood, it hits the floor
Tell me, friend, can you ask for anything more?
Tell me can you ask for anything more?
(...)"


[Los fans del Boss somos como una secta. Haga lo que haga nuestro amado Bruce siempre lo recibiremos con una sonrisa. Cuando yerra, siempre se lo perdonamos. Siempre. “Working on a dream”, su nuevo trabajo, es un disco realmente flojo dentro de su discografía (igual que lo fue el anterior, editado en 2007, “Magic”). Si el Boss tuviera la percepción pública de grupos como U2, Radiohead, Metallica o Coldplay, tras el lanzamiento de este álbum sus seguidores iríamos con horcas y antorchas a su casa de Nueva Jersey para capturarlo, trasladarlo al montículo más próximo y allí prenderle fuego en una enorme pira. Pero no la tiene. Bruce Springsteen está más allá del Bien y del Mal (se lo ganó con “Born to run” y después de eso no hay vuelta atrás), y siempre encuentra un buen argumento para que nosotros, sus fieles, encubramos errores tan abultados como “Surprise, surprise” (undécimo corte del nuevo disco, altamente prescindible). Esta vez los argumentos son dos: “Outlaw Pete”, pseudo-plagio del “I was made for loving you” de Kiss combinado con el tema "A man with a harmonica" de “Once upon a time in the west” de Ennio Morricone (no me lo invento, escuchadlo aquí si no me créeis), que bien podría ser su mejor canción en la última década; y esta “The wrestler” cuyos versos abren la entrada y que forma parte de la banda sonora de la película homónima dirigida por Darren Aronofsky (a la que le tengo unas ganas enormes… y no sólo porque le haya brindado a Mickey Rourke la ocasión de optar al Oscar como mejor actor principal). Una maravilla de canción que además nos recuerda que “de aquellos Dylans vinieron estos Springsteens”. Y el Boss, a punto de caer en la decepción, consigue de nuevo nuestro perdón y nuestra sonrisa.]

Nativos americanos

No hace mucho escribía en una entrada de El Abismo que el sello Vertigo de DC Comics estaba flojeando preocupantemente. Hoy puedo afirmar que, alabados sean Lugh y Olodumare, los rumores de su muerte resultaron exagerados. Lo cual no implica que no siga un poco moribundo, otorgando protagonismo a esas “Fábulas” de Bill Willingham que reciben elogios por doquier y que a mí me dejan más frío que el cadáver de Walt Disney, mientras nadie consigue tomar el relevo de “Predicador”, “The Sandman” o la inminentemente conclusa “100 balas”, dejando un vacío que parece destinado a no recuperarse nunca.

Pero, entre tanta propuesta descafeinada con más aspiraciones que talento a sus espaldas, me encuentro con una serie cojonuda que responde al título de “Scalped”, un drama criminal ambientado en una reserva india de EE.UU., escrita con brillantez por el ¿desconocido? Jason Aaron (yo es lo primero que leo suyo) y dibujada con eficacia (y suciedad) por R.M.Guéra.


Después de un prometedor primer tomo publicado por Planeta en nuestro país en 2008, acaba de salir un nuevo recopilatorio (con los números 6 a 10 de la edición yanki) que supone la confirmación de que “Scalped” es una de las mejores series regulares americanas que se publican en la actualidad, meándose por encima de cualquier “Invasión secreta” o “Crisis final” de turno, y al nivel de otros puntazos de género negro como la mentada “100 balas” de Brian Azzarello y Eduardo Risso o la excelente “Criminal” de Ed Brubaker y Sean Phillips.

Vamos, que mola la hostia (sobre todo si se leen los dos tomos del tirón).
Quizás entre esta “Scalped” y la próxima “Northlanders” (¡vikingos, de puta madre!), Vertigo consiga volver definitivamente de entre los muertos.

domingo, febrero 08, 2009

Plasta, el primate gafapasta (VI)


[El 18 de febrero a las 23:45 se estrena la tercera temporada de Muchachada Nui... ¡NUI!]

El invierno

“I was following the pack
All swallowed in their coats
With scarves of red tied ’round their throats
To keep their little heads
From fallin’ in the snow
And I turned ’round and there you go
And, Michael, you would fall
And turn the white snow red
As strawberries in the summertime”


[“White winter hymnal”, una canción preciosa y adecuada para esta fría época del año. Es del grupo Fleet Foxes, del disco del mismo nombre. El vídeo en stop-motion es otra maravilla. Y la portada del álbum también.]