sábado, agosto 23, 2008

"Más humanos que los humanos"...

...que decía el slogan de la Tyrell Corporation.

A estas alturas, alabar el buen hacer de Pixar en el terreno de la animación 3-D supondría caer en la más burda de las obviedades. Basta haber visto alguna de sus películas (y ya llevan unas cuantas) para darse cuenta de que lo de esta gente es de otro mundo. Los genios de Sillicon Valley son, junto a ese señor japonés que responde al nombre de Hayao Miyazaki, los actuales “galácticos” (entiéndase en el sentido que habitualmente se da a esta palabra en los diarios deportivos) de la animación.



Por eso, y también por las críticas unánimemente positivas que estaba recibiendo, “Wall-E” se prometía como una de las películas más importantes del presente 2008. Y, también por las mismas razones, esta crítica parecerá a ojos del lector mucho más dura e injusta que la opinión que realmente tengo de la última peli de Pixar.


La historia de “Wall-E” nos traslada a un lejano futuro (en el siglo XXVIII) donde apenas existe vida sobre la faz de la Tierra. Exceptuando la presencia de las invulnerables cucarachas, la única criatura “no inerte” es Wall-E, el último robot en activo encargado de la limpieza de la superficie del planeta. Pero todo cambia con la llegada de EVE, un robot de última generación que llega a nuestro planeta en misión secreta. Al conocerse ambos, Wall-E caerá perdidamente enamorado.

El personaje de Wall-E simboliza al modesto macho beta, romántico incurable, buenazo algo patoso al que le tiemblan las piernas (en este caso las cintas tractoras) en presencia del objeto de sus deseos. EVE, por otro lado, es la perfecta representación de la moderna hembra alfa: autosuficiente, segura de sí misma y rotundamente profesional, pero no por ello exenta de la capacidad de enternecerse y divertirse con las payasadas del adorable basurero metálico.


Ambos personajes están llamados a pasar a la historia y convertirse en auténticos iconos culturales no sólo por su inteligentísimo diseño sino (y sobre todo) por su espectacular capacidad para empatizar con el espectador sin decir una palabra y utilizando únicamente el lenguaje visual y corporal (el mayor acierto de toda la película), amén de unos simpáticos ruiditos creados por Ben Burtt (ganador de un Oscar por “E.T.” y autor de las voces de C3PO y R2-D2 en la saga de “Star Wars”).



Es al inicio de la relación entre Wall-E y EVE (durante los primeros cuarenta y cinco minutos de metraje, aproximadamente) donde la película deslumbra con su ingenio, su potencia visual y su espectacular lirismo, sin descuidar ni un segundo la parte humorística. Son tres cuartos de hora simplemente perfectos, donde no sobra ni falta nada. Un lujo cinematográfico comparable a cualquier hito de la historia del séptimo arte, desde “Luces de la ciudad” (no es casual, el sentido del humor de “Wall-E” recuerda poderosamente a la comicidad de Chaplin o Keaton) hasta “El padrino”.

El problema, me temo, es que no había manera posible de continuar la historia de estos adorables robots sin conducirlos a un largo periplo espacial que los instalase en el epicentro de la civilización humana del año dos mil setecientos y pico, alterando drásticamente el status quo de la película. Desgraciadamente, el cambio de entorno y la aparición de personajes humanos (representados de una manera heterogénea que a mí personalmente me chirría un poco) impiden que el resto del metraje alcance los inmejorables resultados del fragmento precedente y provocan que la cinta derive en una fábula ecologista pensada para agradar a todos los públicos que no termina de deshacerse de los tópicos más manidos del cine familiar.

No es que “Wall-E” se convierta, a partir de entonces, en un film mediocre. Nada más lejos de la realidad. Pero sí produce la sensación de estar ante otra estupenda película que se deja arrastrar al “lado oscuro” de Disney, cuando hasta entonces nuestros atónitos ojos creían estar viendo no sólo la mejor y más madura de entre todas las producciones del estudio Pixar (que ya es decir), sino una de las mejores películas (independientemente del género y la técnica cinematográfica en que se quiera encuadrar) en lo que llevamos de siglo.

Se deduce de todo ello que “Wall-E” es una cinta sobresaliente, meritoria de las innumerables alabanzas que está recibiendo, pero ligeramente decepcionante en tanto que podría haber sido el reverso amable y optimista de “2001: una odisea en el espacio”, hablándole de igual a igual a la obra maestra (una de ellas) de Stanley Kubrick, y se conforma, no obstante, con ser otra más de las películas que le guiñan un ojo a HAL-9000 (y al público adulto) al tiempo que Zaratustra suelta su discurso


Y que conste que me ha encantado: he reído, me he emocionado, se me ha puesto un nudo en la garganta y finalmente he salido del cine sintiéndome un poco menos mierda que cuando entré.



UN PAR DE APUNTES (O TRES)

1- Los créditos finales (magníficos) incluyen un estupendo tema musical compuesto al alimón por Randy Newman y Peter Gabriel y cantado por este último.

2- Antes de la película se proyecta el cortometraje “Presto”, absolutamente magistral y descacharrante (podéis verlo aquí, aunque sólo por disfrutarlo en pantalla grande ya merece la pena pagar la entrada del cine).

3- Aunque la segunda parte de la película, abandonada la Tierra, sea inferior a esos ya mentados cuarenta y cinco primeros minutos, todos los robots que van apareciendo siguen siendo maravillosos, mención especial para el incontrolable psicópata rabioso, que me hizo llorar de risa.

2 comentarios:

Home de xeo dijo...

El cortometraje "Presto" me ha sacado más de una sonrisa y alguna que otra carcajada jeje.

Después de leer tu opinión respecto a WALL-EEEEE! y ver el video con la canción de los créditos, me han entrado unas ganas tremendas de verla.

Me queda pendiente.

SAÚDOS!

Jero dijo...

Corre a verla, sempai. No te arrepentirás.

Por otro lado, he editado la entrada. Estaba muy equivocado respecto al final. Ahora lo veo claro (¿dónde demonios dejé olvidado mi romanticismo antes de entrar en el cine?). Qué peli taaaaaaan grande...