domingo, octubre 25, 2009

Mayúscula

No es un recuerdo concreto, sino una constante. Desde que tengo uso de razón, he vivido esta escena decenas, quizás cientos de veces: alguien le pregunta a J (mayúscula) qué quiere ser de mayor, en qué desea trabajar, cuál es su sueño. Él siempre ha respondido, responde y responderá: “quiero ser bombero.”

Cuando J (mayúscula) era un crío, esta respuesta siempre parecía invitar a la risa. J (mayúscula) fue siempre el niño más pequeño de su clase. Según su pediatra, llevaba un retraso de crecimiento de dos años con respecto a la estatura y el peso que se correspondían con su edad. Desde luego, no lo suficiente para que uno se plantease un tratamiento hormonal, pero sí el inconveniente de saber que tardaría 24 meses más que sus compañeros de colegio en llegar al metro cincuenta.

Supongo que por eso nadie creyó nunca que J (mayúscula) llegaría a ser bombero. Era, desde luego, un niño ágil. Trepaba en el parque infantil como un pequeño chimpancé y ya desde muy pibe subía la cuerda lisa a pulso, rápido como un hombre araña. Pero era delgado como un tallarín y tenía ese aire de intelectual inocente más propio de un Peter Parker cualquiera que de un héroe del 11-S.

Los años pasaron y J (mayúscula) siguió respondiendo siempre lo mismo: bombero, bombero, bombero.

En el instituto, supongo que para evitar las risas del personal - porque J (mayúscula) seguía siendo el más bajito y delgado de su clase aún con 15 ó 16 años -, empezó a responder algo más “vulgar”: médico o farmacéutico o ingeniero o algo así. Porque era un estudiante brillante y la gente se sentía más cómoda visualizándolo con una bata blanca, sonriendo con su inocente intelectualidad de chapón y dejando que algún armario empotrado de dos por dos rescatase a las ancianitas de las llamas azules del gas butano en combustión. Pero, en su fuero interno, la voz de su cabeza repetía: bombero, bombero, bombero.

Con un expediente académico como el suyo fue a la universidad, claro. Su madre, boticaria, tenía una farmacia en propiedad, así que seguir sus pasos parecía un plan de futuro sólido y próspero. J (mayúscula) hizo la carrera de farmacia a curso por año, como debe ser, y todo el mundo le felicitó por ello. Y él también se felicitaba a sí mismo, pero no podía dejar de escuchar aquella voz interior que no se había callado nunca y que le decía: “¿farmacéutico? ¡Ja!”

J (mayúscula) ejerció de farmacéutico durante tres años. Fue un trabajador eficiente y responsable, atento en el trato con el cliente y con el colega profesional. Aprendió mucho, ganó algo de dinero y, por un nanosegundo, pensó que aquello era lo que la vida tenía pensado para él. Se había convertido, supongo, en lo que todos los demás, desde el día en que nació, creyeron que se convertiría.

Un día se miró al espejo (ceño fruncido, sus espesas cejas negras formando una suerte de V derrotada) y dijo: “no”. Y luego, por primera vez en voz alta desde hacía años: "bombero”.

Dejó el trabajo, se mudó de ciudad, se operó de miopía y suscitó no pocas dudas entre aquellos que lo rodeaban. Se matriculó en una academia para preparar el acceso a un cuerpo de bomberos (cualquier cuerpo de bomberos de cualquier lugar) y empezó a entrenar como nunca había soñado que lo haría. Cada día, durante un año, corrió, nadó, hizo pesas y estudió como un cabrón. No, no como un cabrón: como un hombre con una misión.

“Se ha vuelto loco”, pensaron unos cuantos. “Tenía el futuro asegurado y lo ha tirado por la borda”. Pero lo que había tirado por la borda eran 60 ó 70 años de futura insatisfacción.

“El día en que deje de buscar mi felicidad”, le he oído decir en ocasiones, “pégame un tiro, apuñálame o asfíxiame con una almohada, por favor.”

Hace ocho días, J (mayúscula) se enfrentó por primera vez al juicio de las miradas ajenas, de aquellos que lo acusaron de “idealista” (como si eso pudiera ser un insulto). Semanas antes se había presentado a la parte teórica de la oposición a bombero de aeropuerto, con sede en Santiago de Compostela. Siendo un examen teórico (de chapar, como se suele decir), nadie imaginó que pudiera suspender. J (mayúscula) fue siempre un estudiante modelo, ¿qué podía salir mal? Salió, de hecho, mejor que bien.

Las pruebas físicas, en cambio, parecían un reto demasiado exigente para aquel niño de doce años con un retraso de crecimiento y unas gafas más grandes que el telescopio Hubble. “Aquí caerá”, parecía decir el cielo despejado y frío de una mañana de octubre.

Pero no cayó.

Mientras tipos más altos, más anchos y más pesados que él iban quedando eliminados con el transcurrir de las distintas pruebas (a saber: press banca, dominadas, subir la cuerda, salto de longitud con los pies juntos, 2.800 metros de carrera, 100 metros lisos y 50 en piscina), J (mayúscula) las fue pasando una a una de forma sobresaliente (consiguió la máxima puntuación posible en dominadas y natación, hizo el segundo mejor tiempo trepando por la cuerda y logró el tercer mejor salto de longitud de entre todos los competidores). Con su 1’73 de estatura y sus 74 kilos de peso y su voluntad. Sólo con eso.

Hace unos días conoció el resultado global de su oposición (a falta de sumar méritos laborales): 91’9 puntos sobre 100.

Al saber la nota, su hermano j (minúscula), quien también tiene sus propios sueños de futuro aparentemente locos (pero ésa es otra historia y deberá ser contada en otro momento), le preguntó: “¿te importa si te dedico una entrada en mi blog?”

Y J (mayúscula) le respondió: “prefiero que no me la dediques a mí. Dedícasela mejor a ellos.”

“A los que no creyeron.”

17 comentarios:

Ѕilυiα dijo...

No es por nada pero hay que quitarse el sombrero ante tu hermano, y no sólo por no dejar de luchar por su sueño sino porque teniendo las cosas fáciles por otro medio no lo dejó escapar. y no se rindió (que es lo que hacemos la mayoría).

Felicidades a él por haber llegado a lo que quería y a ti porque tener gente cercana con esos valores, porque eso hace también que tu lo aprendas.

Tienes que estar muy orgulloso de tener un hermano así, felicidades al bombero :)

Ѕilυiα dijo...

Por cierto, increíble remix, muy profundo...

la tentacion de eva dijo...

Toda una inspiración!

...creo que esto merece desbancar al viejecito sabio que comentaba en la tele "Yo tuve muchos sueños...no se cumplió ninguno, pero fue bonito tenerlos"

Jero dijo...

Silvia: estoy muy orgulloso, en efecto. Orgullosérrimo, incluso, jejeje... y sí, el Diego es todo un poeta...

Tentadora: desbancarlo no sé, porque ese viejito es un señor muy sabio (y la gracia que te hizo ni te cuento, jajaja), pero por ahí le andará... ;)

lost in translation dijo...

El viejecito vivió de sus sueños; J (mayúscula) va a vivir su sueño! Me ha encantado la historia con final feliz y la forma de contarla. Enhorabuena a las dos Js!

ali dijo...

La vida no es cuestión de hacer lo que los demás esperan de ti o de los limites que la gente te puede marcar, nadie mejor que uno mismo los conoce, y sabe hasta dónde puede llegar. De los demás hay que tener en cuenta aquellos consejos que sean constructivos y que te ayuden a mejorar como persona, pero las metas se las impone uno mismo. Ole por esas personas que hacen caso omison de la opinión de los demás, cuando éstas sólo sirven para entorpecer sus logros, sus metas o sus aspiraciones en la vida. Yo tampoco quiero hacerme vieja pensando en que maté mis propias ilusiones y que nunca hice nada por llevarlas a cabo. Un saludo y de verdad, qué gran afán de superación!

Jero dijo...

Traductora: toda la razón en esa diferenca que estableces, y gracias por el elogio al contador de la historia ;) Veo que tu blog está más o menos operativo de nuevo...

Ali: como dice a menudo Locke (y alguna que otra vez Jack) en "Lost": "¡no me digas lo que puedo y no puedo hacer!". Pues tal cual... La gente tiende a infravalorar las capacidades de los demás. Es tan fácil condenar aquellas metas que parecen demasiado ambiciosas o que no encajan con la idea que se tiene de alguien... Por eso sólo los que estén dispuestos a enfrentarse a la opinión generalizada (que no por ser la más extendida es invariablemente cierta) estarán en situación de cumplir con sus objetivos vitales. Además, como también dice a menudo J (mayúscula): "tenemos derecho a fracasar, pero no a rendirnos". Un saludo para ti también.

La Manzana de Eva dijo...

Qué felicidad!!! es un triunfo más que merecido!!! qué alegría! dale por favor, un buen achuchón de mi parte, prolongable en el tiempo, hasta que llegue yo en navidades para poder terminarlo!!!

Es sin duda un ejemplo a seguir!! sabes que J mayúscula me hipnotiza con sus palabras, ahora, también con sus sueños!!!

Estoy deseando escucharte, cuándo podré llamarte?? cómprate un inalámbrico please!!!

MU y Re Mu!!!

Kiko Nuñez dijo...

Que la chupen MIke!!!!!!!!

Kiko Nuñez dijo...

QUE LA SIGAN CHUPANNNNNDOOOOO!!!! COUSINNNNNNNN!!!!!!!!!!!!

Jero dijo...

Eva: te mando un mail en breve (si no te lo escribí antes es porque desde que empezó el máster voy "coma un fojete", jejeje...) y concretamos para poder hablar por teléfono. Le transmitiré a J. tus felicitaciones y abrazos ;) Mu!

Cousin Kiko Mike: jajajaja. ¡Totalmente de acuerdo! Por cierto, ya debes estar calentando motores para el 27 de noviembre, ¿no? Eura-SIA! Eura-SIA! Eura-SIA!

Kiko Nuñez dijo...

Pues lo cierto es que creo que no voy a poder ir.

Esto tengo que mirarlo bien pero la vida es asi, es lo que tiene hacer planes a tan largo plazo.Vosotros cuando vais a recoger vuestras pelotas del suelo de madrid con MUSE?

Ya te contare por mail o algo de eso que ya tengo ganas de saber que COJONES haces en Madrid y no vienes con migo a ver conciertos de futuros grupazos a capitol XD.....

Jero dijo...

Pues el concierto madrileño es un día después del de Barna. Yo ya tengo el disco chapado de principio a fin, de derecha a izquierda y de adelante a atrás, así que voy a pasarme un par de horitas jodiéndome las cuerdas vocales en falsete y saltando como un jodido maníaco, jejeje.

Escríbeme cuando quieras, que tu pista se hace muy difícil de seguir, cousin. Ya me contaron más o menos a qué andabas ahora en Coruña... En fin, hablamos pronto o tarde, pero hablamos.

David dijo...

Joder! Qué entrada más bonita. Y si es tal y como lo cuentas... tu hermano (deduzco por los comentarios) es un crack.
Mi enhorabuena y mi admiración. De crío vi un telefilm de Garci muy curioso en el que un recién licenciado en derecho sorprendía a la familia diciendo que ahora que había sacado la carrera...lo dejaba, que él quería ser payaso. Yo nunca pude hacer lo que el personaje de aquel telefilm que vi de crío. Pero tu hermano, sí. Mi enhorabuena de verdad. Jo, entre tu tía y tu hermano... ya irás presentando al resto de la familia.
Un saludo

David dijo...

Ah! No era de Garci, que era de Mercero...pero Garci lo repuso en su Qué grande es el cine especial televisión (y lo volví a ver... había envejecido, pero siguió gustándome casi tanto como aquella primera vez que lo vi con ojos infantiles).

Jero dijo...

Cuando se trata de mis historias personales no me gusta exagerar. Nunca me han agradado las personas que necesitan maquillar su vida para hacerla más interesante (aunque todos "espumeemos" un poquito en algún momento de nuestras vidas, aunque sólo sea para ligar, jajaja). En el caso concreto de J. (mayúscula) puedo prometer y prometo que no me he inventado ni una coma. Con él, por lo general, no hace ninguna falta. Mi familia, por cierto, es muy numerosa (tengo al menos una docena de tíos y unos treinta primos/as, muchos de ellos con hijos/as), así que entre todos se pueden contar, como imaginarás, cientos de anécdotas de todo tipo. La peli que mencionas no la conozco, aunque el argumento me resulta atractivo. Igual me animo a rastrearla por internet (tampoco prometo nada, que aún tengo pendiente mucho para ver y cada vez menos tiempo libre para verlo). Yo a Garci no lo seguía mucho en la tele, la verdad. Me interesaban las pelis que ponía, pero nunca he estado muy pendiente de los horarios de emisión y casi siempre prefería buscarlas en vídeo. Además el coloquio era un poco rollo (al menos para un chaval de mi edad por aquel entonces, jejeje)

David dijo...

Hola. Acabo de comprobar que la peli se llamaba "La noche del licenciado"
Aquí tienes el enlace de una reseña de cuando salió y de alguien que no la vio con los mismos ojos que yo (joder! tenía 8 años sin cumplir la primera vez que la vi). En un visionado posterior le vi cosas que...aunque para nada opino como el de la crítica de El País. La volví a ver hace unos años y ha envejecido, vale, pero para mí sigue siendo más que váldia. Eso sí, me impactó cuando la vi de crío, y creo que le disculpé en esas cosillas que fallaban por lo que era la peli.