viernes, abril 17, 2009

Morir como mujer

1

Estando de Erasmus conocí a una chica que tenía en los supervivientes de la tragedia aérea que inspiró el film “Viven” (supongo que habréis oído hablar de ellos) a sus máximos referentes vitales. Según ella aquellas personas, que habían conseguido superar las más desalentadoras y amenazantes circunstancias, eran el paradigma del heroísmo. Yo intenté rebatir su afirmación sosteniendo que aquello no tenía nada de heroico. No se me malinterprete: no pretendo restarle méritos a su hazaña, pero siempre he entendido el heroísmo como la capacidad de realizar un gran sacrificio (aún a costa de la propia vida) por otra persona. Los protagonistas de aquella historia de supervivencia extrema demostraron un valor y una tenacidad que quizás muchos no sabríamos encontrar en nuestra peor hora (yo el primero), pero lo hicieron para salvar sus propias vidas.

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2

Tal vez no os hayáis dado cuenta, pero no vivimos en el mejor de los mundos. Las estructuras sociales humanas han sido cruelmente discriminatorias desde que el hombre pisó la faz de la Tierra hace eones: en el sistema de castas de la India (y de forma análoga en otros países como Bangladesh o Yemen) existe un grupo conocido como dalits o intocables a los que, como su nombre indica, está prohibido siquiera tocar, y que han sido despojados por el conjunto de la sociedad de cualquier tipo de dignidad y derechos fundamentales. Pero también, a un nivel diferente, en el patio del colegio los otros niños se ríen del alumno gordo que no sabe jugar al fútbol. En el instituto, el chaval amanerado es blanco de las burlas de sus compañeros más "machotes" y el gafotas que saca las mejores notas recibe las collejas del matón de turno que paga con él sus complejos y problemas personales (a veces un hogar roto, a veces simplemente una estupidez galopante que de tan grande apenas le cabe en el cuerpo). En la edad adulta, las minorías étnicas, las clases desfavorecidas y las personas con conductas transgresoras son quienes se llevan la peor parte.

“Transgredir”, por cierto, es una palabra hermosa con un significado totalmente necesario en cualquier sistema de valores oxidado y estático. Transgredir es, por ejemplo, reclamar el voto para las mujeres, combatir por la libertad de expresión en un estado totalitario o que un tío le plante un beso en los morros a su novio porque sí, porque lo quiere, en plena Plaza del Sol.

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3

Hasta hace bien poco, mi tía vivía encerrada en un cuerpo equivocado. Había nacido con el cerebro, los instintos y el sentir de una mujer en el cuerpo de un varón. Durante años, la mujer en su interior luchó una dura batalla contra ese cuerpo y todo lo que estaba fuera de él. Pero mi tía acaba de dar una cuchillada al status quo de nuestro tejido social. La pasada semana, merced a una costosa y complicada operación quirúrgica, dio un paso definitivo (el más definitivo de todos) en el difícil camino de la transexualidad. Ahora, por fin, su cuerpo le da la razón a su cerebro, a sus instintos y a su forma de sentir la vida.

No soy tan ingenuo como para creer que la sociedad va a recibir esta cuchillada, este acto de transgresión, con los brazos abiertos y la mayor de las sonrisas. Probablemente mi tía vivirá muchos años (eso espero) y la mayoría los pasará siendo tratada de forma prejuiciosa, grosera e incluso agresiva por un porcentaje de la población (no me atrevo a hacer estimaciones pero serán, seguro, muchos más de los que podría llegar a imaginar en mis predicciones más pesimistas) que se sentirá “agredido” o “indignado” por su mera presencia.

Esa gente debe desaparecer. Rezo (a quien quiera escucharme) para que lo haga pronto, y que con ellos se vayan al infierno sus gobiernos y sus iglesias, sus guerras santas, sus foros de la familia y sus ligas de la moralidad. Porque debéis saber que ellos rezan a sus dioses para que no haya más personas como mi tía, personas que puedan elegir libremente la vida que esos mismos dioses, caso de que existieran, han situado en la más desfavorable de las situaciones.

Pero los propios dioses no existen más allá de los cuentos para niños y los libros de Asimov, y sólo el hombre puede corregir las injusticias que contra él se cometen cada día.

Mi tía, como los supervivientes de “Viven”, no ha hecho nada heroico. Nació en circunstancias desalentadoras y amenazantes y luchó por su vida con valor y tenacidad. No lo hizo por nadie más que ella misma. Su lucha no ha terminado, seguirá estando presente cada día del resto de su vida, y a veces le hará sentir desaliento y otras le dará motivos para estar orgullosa. Pero, al contrario que aquellos tripulantes del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, la lucha de mi tía tendrá un eco en el resto de la sociedad y quizás, aunque sólo afecte a unos pocos (a sus seres más cercanos), constituirá un ejemplo manifiesto de que hay luchas que se ganan porque, a pesar de los retrógrados, los fundamentalistas y los prejuiciosos, pueden ser ganadas.

Ella ya ha conseguido una victoria fundamental. Hace un tiempo dijo: “prefiero morir como mujer a seguir viviendo como hombre”. Y aunque esos retrógrados y fundamentalistas consiguiesen desprestigiarla, excluirla y encerrarla en un ghetto (por encima de mi cadáver), hay algo que hoy ya es seguro y que nadie nunca podrá arrebatarle: morirá siendo mujer.




Una (pequeñísima) aclaración

Isaac Asimov era manifiestamente ateo y la religión es a menudo abordada de forma crítica a lo largo y ancho de su bibliografía, pero reconoceréis que la mención, teniendo en cuenta lo redondo de la frase, resultaba cuando menos apetecible. Perdonadme pues esta contradictoria licencia, puramente estética.

5 comentarios:

marguis dijo...

Vaya, ¡me has dejado pegada a la silla todo el post!
Lo primero, dile a tu tía que ánimo, que quizás se encontrará a mucha gente que la menospreciará, pero también se encontrará a otra (desgraciadamente poca) que le dará todo su apoyo, igual que su familia.

Siempre que se habla de esclavitud, pienso en lo esclava que es la sociedad actual, siempre estamos diciendo, que nosotros los occidentales, somos mas libres que el resto, porque podemos hacer casi lo que queramos, comprar lo que queramos, ponernos (o quitarnos) la ropa que queramos, amar a quien queramos... pero en realidad somos esclavos de mil formas diferentes, sobre todo de nuestros prejuicios.
Parece que lo llevemos en la sangre. Y supongo que el esfuerzo que hacemos en evitarlos, en pensar de cierta manera, hace que seamos mas "civilizados".
Y lo mejor es que el esfuerzo que tiene que hacer mi madre, es menor que el que hizo su abuela, y mayor que el que tengo que hacer yo... hasta que al final no habrá esfuerzo ninguno.
Llámame ilusa, pero creo que "Imagine" una de las mejores canciones que se han escrito jamás, se hará realidad, y ya no tendremos que imaginar mas.

Si no, siempre podemos construirnos nuestro pequeño reducto utópico en la luna, a la Heinlein... por hacer otra referencia ciencia ficcionera!!!!


Un abrazo a ti, y un abrazo grande a tu tia. ¡Nadie debería morir sintiendo lo que no es!

Jero dijo...

Gracias por el comentario! Por suerte, pese a la mala gente, también hay muchas otras personas excelentes que saben que un libro no se juzga por la portada (y bla-bla-bla y todo ese rollo disney que en teoría ya nos sabemos todos tan bien). Por suerte para mi tía, hay mucha gente a su lado que la quiere y se esfuerza porque todo le vaya rodado...

Ѕilυiα dijo...

Yo también me he quedado pegada al sofá.. Tiene que ser durísimo encontrarse en esa suituación, tener que vivir en un cuerpo con el que no te identificas...

Admiro mucho a la gente que se atreve a dar un paso así. No he tenido casos cercanos pero es admirable esa elección de "quiero ser feliz y es lo que necesito para serlo"

Muchos ánimos a tu tía. Tiene suerte de tener gente a su lado que la apoya y la quiere.

Por cierto, yo a Isaac Asimov sólo lo conocía por el libro de "Los Egipcios" así que gracias por la explicación porque no tenía ni idea..

David dijo...

Vaya. Qué entrada tan distinta después de la del kebab...
Vamos a dejar las bromas a un lado.
Ánimos a tu tía y lo mejor para ella, claro. Si es lo que tenía que hacer y al final es un asunto que le incubía a ella, lo que digamos los demás, sobra, me parece (si es para bien, se escucha, si es para mal, ni caso).
Supongo que al igual que muchos otros, tengo prejuicios y me da que tal vez me sentiría incómodo ante una persona que se ha cambiado de sexo (al menos al principio). No voy a mentir aquí diciendo que lo vería como algo normal y que estaría genial, no pasa nada, etc... Supongo que si uno de mis hijos, familiares, amigos o conocidos se cambiara de sexo, lo ideal sería que me lo tomara como te lo tomas tú. Y supongo que si quiero a esa persona, así es como debería hacerlo (si sólo la aprecio cordialmente, no sé, supongo que me extrañaré sin más).
Esto un prejuicio, evidentemente... Hombre, o mujer, lo que importa es cómo es una persona y se comporta con los demás... El resto sobra. Bueno, qué narices, si le gustan los FAB, me olvidaré de mis prejuicios (ya ves que no he podido resisitirme a una broma).
En fin...Más allá de tu entrada y del apoyo que podáis y debáis darle, imagino que tu tía se encontrará más bien con otro tipo de actitudes que tendrá que soportar (que ojala sean las menos posibles) y que tenga en cuenta que lo mejor es que siga viviendo como mujer... y lo mejor posible si puede ser (aunque eso ya es algo más difícil... para todos).
Un saludo.

Jero dijo...

Los prejuicios son una cosa muy curiosa: supongo que yo nunca me planteé si sentía algún tipo de homofobia hasta que me vi en la situación de convivir con personas homosexuales o transexuales. Y, por suerte, cuando se dieron las circunstancias todo fue de lo más normal y descubrí que aquello que tenía más o menos claro en la teoría estaba igual de claro en la práctica. Pero lo cierto es que no siempre es así, y soy consciente de que personas que "sobre el papel" (digamos) son muy liberales y tolerantes, en el trato directo con personas en condiciones susceptibles de esta clase de actitudes (injustas), descubre que los prejuicios son algo muy arraigado de lo que estamos menos libres de lo que nos gusta creer. También es verdad que la convivencia con muchas personas, cuanto más distintas mejor, ayuda a derribar esos prejuicios que, en el fondo, no tienen más razón de ser que la ignorancia. Mi tía, mis amigos homosexuales, mis conocidos de otros países y razas, han conseguido entre todos hacer de mí una persona que ya no se plantea según qué cosas. Que trata con ellos sin hacer distinciones por su condición sexual o su nacionalidad. Y no lo digo para echarme flores; no es mérito mío. He tenido la suerte de conocer a estas personas y creo que cualquier otro en mis circunstancias, habiendo vivido lo que yo viví con ellos/as, pensaría exactamente igual que yo. Supongo que no te conozco lo suficiente para afirmar esto con total rotundidad, David, pero estoy bastante convencido de que si una persona de tu entorno directo cambiase su sexo y su identidad de hombre a mujer o viceversa, en menos tiempo del que te imaginas tendrías con él/ella exactamente el mismo trato de siempre y te olvidarías totalmente de esa transformación. Lo que pasa es que, como decía al principio, hasta que uno no trata directamente con el tema no descubre hasta qué punto lo que piensa y lo que siente respecto a esta clase de cosas está realmente ajustado...

Además, mi tía es tan fan de los FAB como cualquiera con buen gusto ;D Y también de Bowie, de Queen, de los Stones...