miércoles, abril 18, 2007

Abecedario personal: C de Comic

Para quien se siente fascinado por algún tema, género o arte en especial, la incomprensión de los demás resulta, a veces, frustrante.

Me parece una lástima pensar que hay personas con las que tengo muchísimo en común y que, quizás por ignorancia (entiéndase en el sentido más estricto de la palabra y no se confunda con incultura), se ven incapaces de compartir mi amor por el comic. Más aún cuando, si las circunstancias así lo permitien, algún día quizás llegue a cumplirse mi sueño de dedicarme profesionalmente a ello (crucemos dedos de manos y pies).

No sé hasta qué punto se podría pensar que su indiferencia hacia el comic es comparable a mi total desinterés hacia la filatelia o la vinicultura (aficiones apasionantes para quien las profesa, seguro, pero que a mí no me atraen, a priori, ni lo más mínimo), pero cuando se trata de personas que gustan, como yo, de las artes hermanas del tebeo (véase la literatura o el cine), no puedo sino reforzar mi creencia de que, simple y llanamente, no han tenido la oportunidad (o no han querido encontrarla) de acercarse al medio.

Pero, por suerte, a veces sí realizan ese esfuerzo. Y entonces, mi amigo/a en cuestión, me dice: “Jero, déjame algún comic, que tengo curiosidad.”

Y ahí la cagamos.

Porque después de haberme oído hablar una y mil veces de lo complejos, evocadores, profundos y maravillosos que pueden llegar a ser los comics (no todos lo son, claro, pero también ahí están las novelas de Corín Tellado, “Dos tontos muy tontos” o los discos de Bustamante), uno se siente obligado a proporcionarle una lectura de las contundentes de verdad, de esas que puedan “abrirle los ojos”. No puede coger cualquier número al azar de “Spider-man” y esperar que quede deslumbrado por los diálogos ramplones y los personajes de cartón piedra (que, seamos sinceros, es la tónica general en casi todos los números de una serie que se sigue más por nostalgia y devoción que por calidad). No puede, incluso, dejarle un álbum de “Calvin y Hobbes” (maravilla donde las haya) y esperar que capte todos los niveles de lectura de esas mínimas anécdotas protagonizadas por un niño de seis años y su tigre ¿de peluche?

Porque, por desgracia, el comic no es el cine, ni la música, ni la literatura. En la sociedad occidental de hoy día, difícilmente habrá un individuo que no tenga el background necesario para poder leer una novela, ver una película o escuchar un disco y comprender, al menos al nivel más básico, qué es lo que está percibiendo. Eso, en el caso de los no-lectores de comic, es totalmente diferente: background cero.

Y uno piensa: ¿si ahora le dejo a esta persona mi maravilloso tomo recopilatorio del “From Hell” de Alan Moore y Eddie Campbell, obra densa y compleja como pocas, no sería como si le prestase “Rayuela” a quien nunca ha leído un libro? ¿No lo abandonaría en la página 3, por ser totalmente incapaz de asimilar lo que está leyendo? ¿Debería dejarle el “Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo” de Chris Ware, que constantemente juega con el lenguaje del medio, o sería acaso como ponerle el DVD de “Memento” a quien no tiene ni idea de narrativa cinematográfica? ¿Es más comprensible para esta persona el “Partida de caza” de Christin y Bilal, con su plástica metáfora de todo un sistema político decadente esbozada en una historia aparentemente smple narrada a través un pequeño grupo de personajes, que “The dark side of the moon” para quien no ha escuchado jamás una nota musical?

Y no entro ya en los super-héroes de toda la vida, que con tantos años de continuidad a sus espaldas a veces son apenas legibles para quien ya lleva en esto su tiempo. Tanto es así que en numerosas ocasiones incluso la propia historia, aún estando protagonizada por personajes totalmente nuevos y originales, hace referencia en clave de parodia/homenaje a elementos super-heroicos que el lector debe descifrar (en el caso de series como “Top Ten”, “Planetary”, "The Authority”…), y que serán irreconocibles para quien no haya leído antes determinado material (“Crisis en tierras infinitas”, “Fantastic Four” o cualquier tebeo de Jack Kirby, respectivamente).

Entonces, ¿qué recomendar?

Si tú, amigo lector, estás interesado en el mundo del comic pero no sabes por dónde empezar y no quieres perderte en una marabunta de uniformes de colores chillones, o no deseas romperte la cabeza para comprender una determinada composición de página que, la mires por donde la mires, no acaba de tener sentido en tu cabeza: ¿por dónde empezar?

Aquí va una pequeña selección de cinco tebeos aptos para cualquiera que nunca haya leído un comic y desee empezar con el mejor pie posible:

-“Píldoras azules” (Frederik Peeters): acierto seguro para lectores primerizos, y apasionante lectura para los más curtidos, es una pequeña historia cargada de sentimiento sin caer en la sensiblería que, además, se lee en una sentada, es fácil de digerir y deja buen sabor de boca.


-“Un poco de humo azul” (Lapière/Pellejero): otra historia cargada de emoción, ésta vez de corte más social, pero sin caer en el tremendismo, con los presos políticos de una dictadura balcánica como base argumental para una historia de amor contada a partir de un poema escrito en unos cigarrillos. Profundamente lírica, sin levantar los pies de la tierra firme del mundo real.


-“Monster” (Naoki Urasawa): posiblemente, el thriller en viñetas más adictivo que he leído, una suerte de “El fugitivo” lleno de inesperados giros de guión, pero sin caer jamás en la confusión. Aunque es un manga (palabra traducible como “comic” en japonés, y que no designa ningún género ni estilo visual en concreto), conviene exorcizarse del recuerdo de “dragonboles” y “candicandis”. Nada que ver (y no pretendo ser despectivo, que a mí me divierte mucho "Dragon Ball", pero es que los tiros no van en abosluto por ahí). Posiblemente agradará a aquellos que gusten de las series televisivas de moda (“Lost”, “Prison Break”, “Heroes”), pues juega con los mismos trucos de guión que éstas para impactar al lector y conducirlo por su trepidante argumento. Ya se habla, como no podía ser de otro modo, de adaptación cinematográfica.


-“Para ti que eres joven” (Albert Monteys y Manel Fontdevila): aún sabiendo que me quedan muchas tiras humorísticas por leer para hablar con conocimiento de causa (es uno de los géneros que menos sigo), el humor de “Para ti…” sigue pareciéndome el más descacharrante a la par que accesible para cualquiera que se precie de tener sentido del ídem. Lo que nos hace reír varía sustancialmente de una persona a otra, y lo que a unos puede parecerles hilarante, a otros no les suscitará el más mínimo movimiento de un solo músculo de la cara, pero para quien guste de series como “Los Simpson”, “Futurama” o “Padre de Familia”, yo diría que es una apuesta segura.


-“The Sandman” (Neil Gaiman y varios dibujantes): me he referido a él un par de entradas más abajo, y quizás sea el más difícil de recomendar de los cinco, puesto que en algunos números (sobre todo en el primer arco argumental, “Preludios y nocturnos”) aparece algún personaje invitado del universo superheroico de DC Comics (editorial de Batman, Superman y compañía) que, aunque no es preciso conocer, extrañará a más de uno. Superado este mínimo inconveniente, el lector descubrirá un sorprendente mundo de fantasía que recubre el retrato de los miedos, obsesiones, filias y fobias de nuestra sociedad a finales de los 80 y principios de los 90. Quizás la comparación parezca venirle grande, pero yo diría que “The Sandman” es al final del siglo XX lo que la “Divina Comedia” de Alighieri o el “Fausto” de Goethe fueron a los siglos XIV y XVIII respectivamente. El hecho de que se trate de un comic, por supuesto, impedirá tal reconocimiento de cara al futuro…


Ésta es, claro está, una selección personal e intransferible, y no todos los comics reseñados gustarán por igual a todo el mundo, pero creo que sería un error cerrarle las puertas a un arte pleno que tiene una capacidad incalculable de proporcionar tanto deleite, evasión y disfrute a quien le de una pequeña oportunidad.

Y si no gusta, siempre quedará la filatelia, ¿no?

4 comentarios:

elduende dijo...

Ntch, si me dieran un euro por cada vez que se me ha planteado ese problema... tendría muchos euros.

De tu selección, estoy especialmente de acuerdo con el "Píldoras Azules" y con el "Para ti...", no porque las otras sean malas, sino porque el manga, en general asusta a los neófitos, porque Sandman puede ser poco adecuado para quien no le guste la fantasía (ellos se lo pierden, oye) y porque parte de la calidad de "Un poco de humo azul" está en la virguería de secuencias en flashback que se monta Pellejero (poco aptas para ojos no entrenados, creo yo). Aún así, los cinco son cómics que le recomendaría a cualquiera.


De hecho, recientemente una amiga hizo la petición clásica ("dejameunostebeos aversimengancho") y me dijo que prefería las historias realistas, así que opté por "Estafados", de Alex Robinson, "Historia de una rata mala", de Brian Talbot y "La pipa de Marcos", de Javier de Isusi.

xxxianaxxx dijo...

the fa.......ces
the fa.......ces!!

jejej son pruebas para una camiseta q me hice con el bonito rod stewart dandolo todo :D:D:D


por cierto, todavia sigo riendome de tu comentario sobre mi parpado ajajajja

Anónimo dijo...

Artísta!!! Pero no entiendo, ¿pq tan trascendental y llevarselo al ámbito personal? lo bueno de las personas es q no todos somos iguales, no todos nos gusta lo mismo y no todos somos capaces de apreciar y compartir lo que hacen los demás ¿q se pierden maravillas? seguro, pero hay q respetarlo!!!

P.D.: Voy avanzando con Watchmen, me está enganchando ;)

Jero dijo...

elduende: Mucha razón en lo que dices sobre el manga. Hay ciertas cosas contra las que existe una predilección o un rechazo marcadas por las tendencias del momento, y el manga es una de ellas. Parece que, o se adora, o se odia, pero sobre todo se juzga sin tener conocimiento de causa.

"Un poco de humo azul" se lo presté hace poco a mi señora madre, una mujer inteligente y culta que, sin embargo, no ha leído demasiado comic en su vida, y ha sabido entenderlo a la perfección. Ahora bien, mi madre es la caña, y no se pueden tomar sus medidas para hacer el traje del resto de los mortales ;-)

De sus recomendaciones, aunque les sigo la pista a todas, debo admitir que no he leído ninguna de las tres. A Robinson le tengo ganas (quizás me compre, cuando disponga del dinero, el recopilatorio de "Malas ventas"), Bolland me gusta mucho en otras obras (como "El corazón del imperio") y de Isusi, sinceramente, poco puedo hablar, porque sólo me conozco las portadas, jeje. Les echaré un ojo, prometido.

xxxianaxxx: aunque no tenga nada que ver con el tema, jeje, ¡arriba Rod! ¡Y también tu párpado!

Anonymous: Vaya, como me temía, se me ha malentendido. Esta entrada no tiene nada de personal, y juro por Murphy que la escribí sin acritud. Es sólo que hacía tiempo que quería seguir con la serie de "Abecedario personal" y la C tenía que ser, obviamente, de comic. No pretendía resultar irrespestuoso con quien no disfrute los comics como un servidor. Ya digo que hay otras muchas cosas (cito la filatelia y la vinicultura, pero pudieran haber sido la danza clásica o la ópera, de las que tampoco soy precisamente un erudito) que soy incapaz de apreciar en su justa medida, posiblemente por mi ignorancia al respecto. Por eso he intentado hacer aquí unas primeras recomendaciones, dedicadas a gente a la que (creo) podría interesarle el medio, del mismo modo que yo apreciaría que algún colega ducho en materia operística me dijese: "si esto te interesa, empieza por La Boheme o Carmen, y deja el Anillo del Nibelungo para más adelante, porque supera las capacidades del oyente amateur". Ni más ni menos.

Por cierto, menudo repaso me acaba de dar G. respecto a "Calvin y Hobbes". Sigo sin creer que tenga razón, pero no por las razones que él menta: CyH es una tira cómica fácil de entender, pero complicada de valorar en su justa medida. Watterson es un monstruo del dibujo, y el que parezca sencillo no quita que sea realmente complicadísimo componer y narrar como él lo hace. Por eso digo que, quizás a ojos inexpertos sea difícil de apreciar en su totalidad, pero no que estos no puedan disfrutarla en absoluto.