Mientras os preguntáis qué demonios tiene esto que ver con el título de la entrada, aclaro que el primer párrafo es meramente contextualizador. Así que al grano: mientras caminábamos Silvia, la Hystérica y un servidor por la plaza de Tirso de Molina rumbo a una cita para ver un piso, nos cruzamos con cierto personaje bastante conocido de la escena rockera nacional. Efectiviwonder: Enrique Bunbury.
Tardé un nanosegundo de más en reconocerlo. Llevaba la melena al viento (no ese despeinado morrisoniano que luce en la portada y fotos interiores de “Hellville de Luxe”) y no se iba mordiendo los carrillos, una de sus principales señas de identidad, así que en un primer momento, como digo, me encontré desubicado. Fue su característica mirada de estar pensando bunburismos tales como “ponte fuera del alcance del bostezo universal” o “prohíbo la prestidigitación con la ilusión forastera” lo que me hizo caer de la burra.

Así que Enrique pasó a mi lado, a menos de metro y medio, y yo, fan desde hace tanto tiempo, me quedé estupefacto y no dije nada. Miré a mis acompañantes. Estaban tan estupefactas como yo, asimilando el momento. Casi al unísono clamamos a viva voz: “¡Aaaaaah! ¿por qué no le dijimos algo?”
Pero no nos dimos la vuelta ni le perseguimos calle abajo ni nada de nada. Reanudamos la marcha rumbo al piso en que habíamos quedado, calladitos los tres, pensando (yo al menos) en todas las posibles conversaciones que podríamos haber tenido allí, en medio de la calle, con Enrique Bunbury:
Conversación posible número 1
-¡Enrique!
Enrique pensando: -(…mierda, fans, odio a los fans…)
-¿Podemos hacernos una foto contigo?
-(mierda mierda mierda) claro que sí, arrimaos a mi insondable vacío existencial y decid “guacamole”…
Conversación posible número 2
-¡Enrique!
-(…oooooh, fans, me encantan los fans…)
-¿Qué tal está quedando “Las consecuencias”? ¡Estoy deseando escucharlo!
-(mierda mierda mierda, ése disco que dije que sacaría en octubre pero que ahora me da palo editar porque es un truño… tenía que haber publicado un doble junto al “Hellville de Luxe” y así tenía la excusa de que son muchas canciones, como en “El viaje a ninguna parte”, que la mitad eran totalmente prescindibles) Bien, bien, estará en la calle antes de noviembre, jejeje.
-¿Podemos hacernos una foto contigo mientras te muerdes los carrillos?
-Eeeeh… es que tengo un flemón, ¿os importa si sólo sonrío?
-Joooooooo…
Conversación posible número 3
-¡Enrique!
-(…que no me pregunten por el plagio, por dios, que no me pregunten por el pagio, por dios, que no me pregunten por el plagio…) ¡Dime, compadrito!
-¿No te da vergüenza ir por ahí plagiando a poetas muertos a los que no conoce ni su madre?
-¡Vete a la mierda, membrillo!
-Ey, que yo no tengo la culpa de verte caaaaaer…
(y así ad nauseam)
Dice Neil Gaiman en “Muerte: el alto coste de la vida” que a esto de pensar en todo lo que uno podría haber dicho en un momento dado pero no dijo, los franceses lo llaman “el espíritu de la escalera”. No sé yo si eso será cierto o simplemente uno de esos datos inventados que quedan tope cool en los comics británicos…
…pero para escaleras, las del piso que íbamos a ver. Menudo antro…






No hay nada excesivamente original en esta colección escrita por Juan Díaz Canales e ilustrada por Juanjo Guarnido. Si acaso, que los protagonistas no son humanos sino animales antropomórficos. No obstante, a veces no es necesario innovar para ofrecer un producto de categoría. Con unos guiones en continua mejoría (el primer álbum resultó algo simple; el segundo demostró que Canales sabía adónde quería llevar la serie y el tercero por fin acertó en el centro de la diana) y un dibujo ES-PEC-TA-CU-LAR, “Blacksad” es, hoy por hoy y por méritos propios, uno de los grandes best-sellers de la BD francesa.


























