Personalmente el término “piratería” no me gusta demasiado, creo que Tote King dejó muy claras sus connotaciones en un corte (hablado por David Bravo) de su disco “Un tipo cualquiera”, que suscribo al 100%. Podéis escucharlo aquí.Pero en fin, iré al grano.
Se hace difícil juzgar las intenciones del texto, porque el blog de Casciari está alojado en ElPais.com, medio de comunicación de gran afinidad (siendo delicados) con el partido que gobierna España, y porque por mucho que en el artículo de marras critique la emisión de contenidos sin subtítulos (o con subtítulos de dudosa calidad) de Digital +, su autor firma todos los meses algún artículo publicado en la revista para socios de dicha plataforma de televisión por satélite (y asumo, por tanto, que su crítica no es más que una de cal para suavizar el texto y pretender equiparar al autor con el “hombre/internauta de la calle”). Digital +, por cierto, pertenece al mismo grupo mediático que el diario “El País”, con lo que ya veis que todo queda en casa.
No obstante, eso no es óbice para que el analista televisivo no tenga parte de razón en lo que dice. Al menos en lo que se refiere a la remuneración del trabajo bien hecho a sus autores. Descargar artículos de ocio de forma indiscriminada me parece, en cierta medida, inmoral.
(Ahora es cuando soltáis a los perros, lo sé, pero prometo no echar a correr antes de explicarme).
Existen tantas opiniones sobre este asunto como usuarios, así que me veo irremediablemente obligado a personalizar. En mi caso, no puedo negar que hago un gran uso de las descargas de archivos, ya sea con servidores estilo Rapidshare o Megaupload como con programas P2P como eMule, pero intento respetar una suerte de código ético que, al menos, me hace dormir mejor por las noches. Este código ético (que algunos podréis tachar de inocentón y simplista), se concreta en los siguientes tres puntos:

1- Nunca veo una película bajada de internet (independientemente de la calidad de la copia) si puedo verla en cine. Por un lado, porque la experiencia no es comparable a ningún nivel. Por el otro, porque ir al cine una vez a la semana no es un derroche tan exagerado para según qué personas (entre las que me incluyo), teniendo en cuenta que existen infinidad de cosas intelectualmente menos enriquecedoras y mucho más caras en las que a veces gastamos tontamente nuestro dinero (por ejemplo, aunque no exclusivamente, las copas que uno se mete en el cuerpo cuando sale de marcha). Esta primera norma de mi dudoso código ético pretende que, al menos en lo que a mí respecta, los exhibidores de cine no se arruinen y dentro de 20 años sigamos pudiendo ver estupendas películas en pantalla grande y, al mismo tiempo, que un servidor no se sienta culpable por descargarse cintas como la muy reciente “Déjame entrar”, que en el momento de su estreno en salas no ha contado con ninguna mísera copia en toda la comunidad autónoma gallega (y es que, reconozcámoslo, algunas distribuidoras sencillamente se lo buscan).

2- Si algo me gusta de verdad, acabo pasando por caja. Echando cuentas, puedo afirmar con rotundidad que desde que me descargo ocio por internet compro más que antes. Así, me gusta tener mis DVD’s originales de “Lost”, “Six feet under”, “Futurama”, “Samurai champloo”, “The wire” o “Deadwood” (¿para cuándo las terceras temporadas de estas dos últimas?), buenas ediciones (cargadas de extras, documentales y audiocomentarios) de mis pelis favoritas y, cuando el año va llegando a su fin, no faltan en mi carta de Reyes algunos de los discos de música que más me han entusiasmado a lo largo de los 365 días precedentes (estas Navidades, entre padres, hermanos, padrinos y demás familia me hice con 5 de los 10 que conformaban mi Top 10 2008, otro ya lo tenía desde el día mismo de su lanzamiento y el resto esperaré a adquirirlos cuando los rebajen a la “serie media”... pero eso no es ilegal, ¿no?). A mayores, también es cierto que desde que descargo música he ido a muchísimos más conciertos de grupos que de otro modo no hubiera conocido porque no me habría arriesgado a comprarme sus discos sin haberlos escuchado antes (véase Russian Red o Quique González). No quiere esto decir que el precio de los CD’s de música no sea abusivo, pero lo que está claro es que tampoco aquí es todo blanco o negro. ¿Mi última adquisición? ¡Esta preciosidad! (editada en una elegante caja en blanco y negro):

3- Los libros y los comics no se descargan. Si en el caso del cine la experiencia varía muchísimo de la sala de proyecciones a la pantalla de PC, en el de las lecturas podríamos decir que pierde rotundamente todo su encanto. Aunque sé que hay mucha gente a la que no le molesta en absoluto, yo soy incapaz de leerme un libro en la pantalla del ordenador o incluso impreso en folios en blanco. Me parece, sin ánimo de ofender, una pequeña aberración. Además, si uno realmente quiere leer un libro sin pagarlo siempre tiene la posibilidad de conseguirlo en la biblioteca más cercana (que en España hay muchas, y algunas especialmente bien surtidas). Y si no, tampoco creo yo que los libros sean los bienes de consumo más caros, teniendo en cuenta que una edición de bolsillo de “1984”, “El retrato de Dorian Gray” o “Rayuela” no va a pasar de los 12-15 € y te va a dar muchas horas de buena literatura. En cuanto al comic, leer en una pantalla de ordenador un tebeo previamente escaneado desvirtúa totalmente el concepto de composición de página (intentad leeros el “Promethea” de Moore y Williams III o el “Jimmy Corrigan” de Ware en vuestro portátil y ya me contaréis qué tal).

Debo reconocer que yo he descargado algún comic por P2P, pero en mi defensa añadiré que se trataba de obras totalmente descatalogadas e imposibles de conseguir en nuestro país (e incluso en el extranjero por problemas de derechos), como el “Miracleman” de Alan Moore y Neil Gaiman, el “Daredevil” de Ann Nocenti o las historias cortas de Shintaro Kago (que ni siquiera existen en lengua castellana). De hecho, me resisto a bajarme el “Flex Mentallo” de Grant Morrison y Frank Quitely por si sucede el milagro y alguien tiene la bondad de publicarlo en nuestro país (si se ha podido con “Cerebus”, impossible is nothing).

Enunciados mis “3 mandamientos del buen pirata”, supongo que a algunos les parecerá que busco justificarme (como si eso me importase un rábano, visto el panorama), y a otros que estas medidas éticas no cambiarán nada y que por tanto es inútil adoptarlas. Tampoco yo quiero insinuar que mi comportamiento sea el correcto, tan sólo hacer entender que considero necesario que cada uno reflexione acerca de la mal llamada “piratería” y sus posibles repercusiones y obre en consecuencia, en lugar de simplemente disfrutar del pillaje sin plantearse que tal vez el día de mañana sea su propio trabajo el que no esté recibiendo el merecido beneficio económico (así como un cierto respeto artístico) mientras todo el mundo lo disfruta de forma indiscriminada.
Probablemente el soporte físico del cine y la música haya muerto y él aún no lo sepa (o se está haciendo el sueco), y quizás el futuro del tebeo pase por los webcomics y el de los libros por los lectores de e-books, pero está claro que o bien volvemos al trueque o bien la gratuidad del ocio acabará por pasarle factura a los autores, esas personas que con sus ideas, textos, imágenes y melodías nos hacen la vida un poco más agradable...
(Y dicho esto... ¡a correr!)





















