viernes, septiembre 03, 2010

Sangre, sudor y botox

Vine al mundo a mediados del año 1983 por lo que, aunque técnicamente crecí mientras se estrenaban algunas de las películas más recordadas de Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme o Dolph Lundgren, la mayoría de las mismas no llegaron a mis retinas hasta cierto tiempo después, ya en los 90, en el formato VHS que tantas horas de diversión y buen cine (y también mal cine, claro) nos proporcionó a unos cuantos.

En lo que respecta a mi memoria particular, estas películas nunca se proyectaron en salas, sino que estuvieron desde siempre en las estanterías del videoclub esperando a que mis padres considerasen que ya tenía edad suficiente para ser testigo de sus violentísimas peleas y sus recitales de fascista heroicidad. Había, además, dos categorías para diferenciar estas producciones: por un lado estaban las divertidas (los Rockys y Rambos, a excepción de sus respectivas y estupendas primeras entregas, “Perseguido”, “Contacto sangriento”, “Kickboxer”, “Soldado universal” o “Alerta máxima”) y por el otro las de Chuck Norris.

No conviene mezclar churras con merinas: “Terminator”, “La jungla de cristal”, “Robocop”, “Desafío total” o “Depredador” escapan totalmente de esta categoría cinematográfica y son auténticos hitos en la historia del cine de acción (y para mí “Conan el bárbaro” es el “Ciudadano Kane” de la fantasía heroica; punto pelota).


Desde entonces hasta ahora, cualquier intento de revitalizar esta clase de cine había caído en el más vergonzoso de los ridículos (ahí está “Gamer”) por dos razones básicas: 1) que las originales no eran películas, digamos, “de autor”, sino que sus responsables no pretendían absolutamente nada más que poner la cámara para que el actor de turno luciera bíceps y repartiera hostias como panes, con lo cual todo el peso de la cinta recaía en el (presumible) carisma del protagonista, que ya contaba con la bendición de sus incondicionales; y 2) que tal vez pudieran ser tomadas en serio por los adolescentes de aquella época, pero que su subyacente filosofía político-social ya no puede ser respaldada hoy en día salvo por los más descerebrados rednecks de la Alabama rural y buena parte del Partido Republicano USAmericano. Intentar producir una cinta semejante a aquéllas en el momento actual requiere, inevitablemente, no tomarse en serio el material de partida.


Sylvester Stallone parece haber respetado al dedillo ambos supuestos. Su reciente “Los mercenarios” es, no me cabe la menor duda, una de las más canónicas pelis ochenteras (entendido el término como género, no como fórmula de datación) que he tenido la fortuna o desgracia de ver. La receta es sencillamente perfecta: el calado dramático de “Desaparecido en combate”, la descripción de personajes de “Cobra, el brazo fuerte de la ley”, el sentido del humor aspirado (que no inspirado) de “Danko: calor rojo” y, por supuesto, la absurdamente disfrutable explosión de violencia de “Comando” (¿la peli con más muertos debidos a un solo personaje de todos los tiempos?).


Todo ello desarrollado con la colaboración de buena parte de la plana mayor de las grandes figuras del cine de acción de los últimos 30 años: el propio Sly (que además escribe y dirige, al más puro estilo Orson Welles o Woody Allen), el carismático Jason Statham (que se reserva, con su piba subida en la moto y después de partirle el jeto a un desagradable tipejo, la mejor línea de diálogo de la película), el ex-shaolin Jet Li (que a mí personalmente me da cien patadas, y no precisamente de las de kung-fu), el “Hombre del Renacimiento” Dolph Lundgren (gracias por el enlace, Marguis) o el resucitado Mickey Rourke (que a media película se marca un monólogo que, si lo llega a firmar Clint Eastwood, sería la comidilla de la crítica especializada de aquí a final de año), así como los imperdibles cameos de Bruce “yo limpié de terroristas el edificio Nakatomi” Willis y Arnold “pues yo me casé con una Kennedy” Schwarzenegger.


También cuenta la cinta con la presencia destacadísima del “hermanísimo” Eric Roberts, tan elegantemente cruel y malvado (y grimoso) como ya nos tiene acostumbrados, los “actores” (atención al entrecomillado) Terry Crews y Randy Couture (importados desde las disciplinas más intelectuales del mundo deportivo: el fútbol americano y las artes marciales mixtas) y ese bellezón que nos alegraba la vista en la whedonesca ciudad de Sunnydale (y posteriormente en las páginas centrales de la revista “Playboy”) y que responde al nombre de Charisma Carpenter, radiante a sus 40 tacos de edad (curiosamente, la Carpenter es probablemente la persona con menos toxina botulínica y retoques de cirugía plástica de todo el reparto). Faltan, es verdad, tres pesos pesados como Van Damme, Norris y Seagal, pero para eso se inventaron las secuelas, ¿no?



Sobre la trama de la cinta no hay mucho que decir: los “Expendables” son un grupo de mercenarios anabolizados, moteros, fumadores, bebedores, folladores, amantes del rock duro y tatuados (es decir: HOMBRES) a los que se les ofrece el trabajo de poner patas arriba una pequeña isla bananera dirigida por un malvadérrimo militar golpista (al que da vida David Zayas, el simpático Ángel Batista de la maravillosa teleserie “Dexter”). Ellos aceptan el encargo y, en consecuencia, muere mucha gente y las cosas tienden a explotar. Fin.


Hablando en plata: "Los mercenarios" es una mierda. Es, sin ir más lejos, tan rematadamente mala como todas las películas que exprime y homenajea; las mismas que hacían fila en las estanterías del videoclub de mi pueblo esperando que un servidor las devorase día tras día cuando tenía 9, 10 u 11 años, sin preguntarse si aquel plano estaba rodado con dolly o con cámara al hombro o si los actores habrían interiorizado sus personajes siguiendo el celebre método Stanlislavski. Lo único que contaba era lo mucho que molaba la frase que el bueno le escupía al malo malísimo en el momento de coserlo a balazos, romperle el espinazo o empalarlo con una afilada cañería. Eran tiempos más simples y felices, en los que las cosas no se pensaban dos veces (apenas una) y por ello se disfrutaban el doble, y en los que en una misma tarde uno podía jugar un partido de fútbol con la muchachada del barrio, verse un episodio de “Dragon Ball” merendando un bocata de salchichón, dibujar dinosaurios durante hora y media antes de ponerse el pijama y cenar pasándoselo teta con el VHS de “Libertad para morir” sin apenas despeinarse.


Así que, mierda o no, los 100 minutos de nostalgia encapsulada de “Los mercenarios” ya no me los quita nadie. Ni tampoco las enormes carcajadas al salir del cine y comentarla apasionadamente con J (mayúscula).

Eso es lo que yo llamo dinero bien invertido.


[Menos mal que no existen controles anti-doping a la salida de los cines. Si me hacen mear después de ver “Los mercenarios” seguro que doy positivo…]

6 comentarios:

marguis dijo...

De nada!!!
Ese video lo he visto un monton de veces... cuando despacha la pila de hielo y continua bailando con las gogos es para quitarse el sombrero!!!
Dolph Lundgren Y SUS TIROS DE ADVERTENCIA son los mejores!!
Me ha encantado tu reseña, yo naci en el 75, asi que supongo que los 80 (y sus hombreras) me pillaron mas que a ti, aunque Comando, Danko, Cobra, Contacto sangriento, ..., las vi tambien en VHS, el videoclub de abajo de mi casa tenia todas las joyas, y mi padre alquilaba una cada semana!!
Ya ves, a pesar de la diferencia de edad, nuestra infancia ha sido la misma!!
Saludos

Anónimo dijo...

Preciosa entrada, que va mas alla de la descripcion de la pelicula. Qué tiempos...

Jero dijo...

Marguis: somos muchos los cinéfilos (o cinégafos, según se mire) que compartimos idénticas referencias nostálgicas. El cine de acción de los 80, el del "héroe de la era Reagan", marcó a un montón de gente... Lo más increíble de Dolph Lundgren es que además de todas esas cosas que hace, el tío es ingeniero químico...

Anónimo: gracias por el elogio ;)

charlie furilo dijo...

jajajaja, simplemente genial.Para risas las que me he echado yo al leer tu reseña. Brutal. Me he partido el pecho, de verdad que has estado sembrado. Enhorabuena.

No le he visto, ni creo que vaya a verla al cine. Quizás me la baje de internet... Yo naci en el 73 y muchas de las que dices las vi en su momento en VHS, como Dios manda. Lo cierto es que guardo un grato recuerdo de muy pocas (básicamente las de Chuache y algunas de Stallone), pues la mayoría de las protagonizadas por Norris, Seagal, Van Damme y demás, ya entonces me parecieron una auténtica mierda (ahora ya ni te cuento, jejeje).

"Commando", joder, vaya orgía de sangre, tiros, explosiones y muerte. Ríete tu de Tarantino o el John Woo de los tiempos de "The Killer" y "Hard Boiled".

Jero dijo...

Gracias por tu comentario, Charlie ;) Supongo que esta peli se disfruta mucho más en función de con quién vayas al cine a verla. Hay que tener el día "revival de los 80" y saber que la persona que tienes al lado tiene las mismas expectativas (cero patatero) que tú. Desde luego, yo no llevaría a mi novia a verla en plan cita, jajajaja...

charlie furilo dijo...

Efectiviwonder, jajajaja. Me tendría que ir con mis colegas de los 80 (aun conservo un par de muy buenas amistades. Que sesiones de VHS nos pegabamos!!!). Si llevo a mi mujer a verla, me pide una orden de alejamiento como mínimo, jajajaja