lunes, mayo 31, 2010

Bastet: work in progress (2)

En vista de que no tengo ni idea de cuándo podré colgar un vídeo con el modelado terminado de mi D.E.F.A.A. (Diosa Egipcia Felina Antropomórfica Andrógina), a modo de teaser (jurl!) adelanto unos renders en absoluto definitivos (si no se ve más es porque lo que no se ve está en proceso de reformas... o sea, que no mola). Aún queda terminar el modelado en Max, luego unwrapear y texturizar, luego retocar en Z-Brush y luego, todavía, decidir si le pongo bermudas o camisa hawaiana... Se aceptan sugerencias :)

viernes, mayo 28, 2010

Tanto dolor para alguien tan joven

(…)
Now the kids are all standing with their arms folded tight
The kids are all standing with their arms folded tight
Now, some things are pure and some things are right
But the kids are still standing with their arms folded tight
I said some things are pure and some things are right
But the anekatips kids are still with their arms folded tight

So young, so young
So much pain for someone so young, well
I know it's heavy, I know it ain't light
But how you gonna lift it with your arms folded tight?
(…)


[Supongo que ya he declarado mi absoluta devoción por los dos discos de Arcade Fire en suficientes ocasiones como para que cualquiera comprenda la ilusión que me hace la salida de un tercero, anunciado hace apenas unas horas para el 2 de agosto. Ese día, contrariamente a lo que suelo hacer con prácticamente cualquier otro grupo (salvo Muse y Radiohead), pasaré gustoso por caja antes incluso de haber escuchado el disco en su totalidad (salvo filtración anticipada, claro, en cuyo caso no habré podido resistir la tentación… que me conozco). El primer adelanto del nuevo álbum es un single doble cara A que incluye los temas “The suburbs” y “Month of may” (parte de cuya letra podéis leer al principio de esta entrada). Ambos me han gustado mucho de primeras, pero supongo que serán las reescuchas (las mismas que elevaron “Funeral” y “Neon bible” hasta el infinito) las que me darán una medida aproximada de su calidad real. Ahora, a contar los días que faltan hasta el 2 de agosto.]

martes, mayo 25, 2010

Epitafio para una Isla

(ACTUALIZADO: Como viene siendo norma en este blog, este texto NO contiene spoilers. Majo que es uno, lo sé. Sin embargo, en los comentarios hemos empezado a tirar del hilo y al final he decidido ser el primero en levantar la liebre del destripe. Si alguien decide leerlos, que sea a sabiendas de que contienen información relevante sobre la season finale y, en general, la trama global de la serie. Advertidos estáis.)

...
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A estas alturas pudiera parecer que ya se ha dicho sobre “Lost” todo lo que se podía decir. Si escribo hoy esta entrada es porque habiendo mentado esta serie tantísimas veces en el Abismo, me parecía bastante apropiado (pese a que muchos no tengáis ganas de leer oooootra opinión más sobre el tema) darle una pequeña despedida, por larga que vaya a quedarme.


Escribía a cuento del último arco argumental de “100 Balas” que a veces lo fundamental no es el destino sino el viaje en sí mismo. Lo que uno ha visto y aprendido y disfrutado y sufrido y reído y llorado durante la travesía. Y con “Lost” yo me lo he pasado como un enano.

Ha habido episodios buenos, muy buenos y geniales. Ha habido otros flojillos y también alguno directamente malo (ay, “Across the sea”, ¡cuánto daño has hecho!). Ha habido muchísimas preguntas. Muchas no respondidas, otras mal respondidas y unas pocas respondidas de la más satisfactoria de las maneras. Ha habido personajes mejores y peores, pero casi todos ellos han estado a la altura de las circunstancias y es innegable que a la mayoría les he cogido muchísimo cariño.

Ha habido, sobre todo, aciertos formales. Por encima de todos ellos, un inteligentísimo e incluso innovador uso de los flashbacks y flashforwards (y luego esa cosa que se ha dado en llamar flashsideways cuya justificación me ha parecido pobre y bastante tramposa). Ha habido planos maravillosos, escenas intensísimas e interpretaciones competentes (para lo que nos tiene acostumbrados la televisión).


Ha habido convivencia. Seis años, para algunos, viviendo día a día con el “qué pasará ahora” y el “no pueden dejarme así”. Para mí han sido sólo cuatro, por cierto: empecé a ver “Lost” unos días antes de abrir este blog y me zampé las dos primeras temporadas en apenas un mes, para luego tener que esperar casi un año para poder hincarle el diente a la tercera.

Ha habido decepciones, sí. Escenas mal resueltas, diálogos innecesarios, explicaciones de última hora que daban un poco de vergüenza ajena.


Tal vez “Lost” no sea la mejor serie de televisión de la década (y sin el “tal vez”: “Los Soprano”, “The Wire” y “Six feet under” se imponen por derecho propio), pero sí ha sido la más importante. Desde un punto de vista social (con el uso de internet como principal herramienta de promoción, debate y retroalimentación), prácticamente nada había sacudido el mundillo catódico como esta producción de J.J. Abrams, Carlton Cuse y Damon Lindelof.

A “Lost” le han salido imitadoras de debajo de las piedras, pero ninguna ha calado. La mayoría han sido una maldita tomadura de pelo. “Lost” es difícil de imitar. Imposible, asumo (para desgracia de sus creadores y de la cadena que la emite), de sustituir.

¿Estuvo el final a la altura de las expectativas? No. Fue muy emotivo (terriblemente sentimental, diría) pero no logró ofrecer esa sensación de completitud que muchos aguardábamos. Quedan cientos de incógnitas sin respuesta y una nada disimulada infravaloración del espectador por parte de los guionistas, que han servido en un hermoso envoltorio una despedida bastante simple y muy poco original. Poco importa que se hayan esforzado en pretender una sensación de armonía circular en sus últimos minutos si toda la serie ha sido fatalmente asimétrica y descompensada (las tres primeras temporadas resultaron de una brillantez que las tres siguientes jamás lograron igualar).


Hay quien dice (lo he leído ya en internet decenas de veces) que lo importante siempre han sido los personajes y que los misterios no eran más que mcguffins sin mayor trascendencia. Y yo digo “ni de coña”. Si estábamos ahí semana tras semana, temporada tras temporada, pendientes del día de emisión en USA y de la publicación de los subtítulos en internet y de los foros que bullían con teorías y contrateorías era precisamente porque se nos había vendido una serie pensada y bien atada desde el principio, donde todas las cuestiones acabarían encontrando una respuesta (gustase ésta más o menos) y nada quedaría al azar.

Azar no sé, pero improvisación ha habido en cantidades industriales.

¿Que era difícil? Claro. ¿Que la inmensa mayoría de nosotros no habríamos sabido por dónde empezar? Ni lo dudo. Pero nos lo habían prometido. Ése era el encanto de “Lost”: la fe que muchos habíamos depositado en sus artífices.


¿Significa eso que me arrepiento de todo el tiempo invertido viendo, hablando de o pensando en esta serie? Ni por asomo. “Lost” me ha dado algunos de los mejores momentos de ocio y evasión en los últimos años, fue mi serie favorita durante (al menos) sus tres primeras temporadas y ha dejado para el recuerdo un buen puñado de personajes y momentos que dudo mucho que pueda olvidar mientras viva.

“Lost” aspiraba a un 13 y se quedó en un 8. Era mucho mejor de lo que acabó siendo, pero al menos fue más de lo que hace 7 años nadie habría soñado imaginar. No lo digo desde una óptica conformista. Ojalá hubiera llegado al 13. O al 11, al menos. Ahora que ya se ha terminado, quizás lo mejor sea pensar que tal vez un día alguien recoja todo lo bueno que “Lost” ha dado a la televisión y consiga reformularlo para ofrecer un producto aún mejor, que sanee sus errores y potencie sus virtudes, del mismo modo en que “Lost” es heredera de muchas otras historias que vinieron antes que ella. Así evoluciona el arte.

Pero no quiero firmar la que muy probablemente sea mi última entrada sobre “Lost” sin hacer una última alabanza: Michael Giacchino, eres un grande. Sin ti, la serie no hubiera sido ni la cuarta parte de lo que fue.

No habrá hoy minuto de silencio para “Lost”. Mucho mejor: 3’40’’ de “Life and death”.

Y ahora sí:

domingo, mayo 23, 2010

10 escenas (y una licencia alienígena) que combinan buen cine con música clásica

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... +1

Dientes, mentiras y cintas de vídeo

Algunas películas se vuelven valiosas desde su mismo punto de partida. Si éste es original, arriesgado y provocador, es posible que luego el desarrollo no arribe al buen puerto deseado (también es posible que sí lo haga, claro), pero al menos se habrá disfrutado de una buena pregunta, una de ésas a las que siempre merece la pena hacer frente. Y las buenas preguntas escasean.


Viendo el triste panorama de la cartelera actual, plagada de adaptaciones oportunistas y remakes innecesarios, encontrarse en los cines con una película como “Canino” siempre es motivo de alegría. El film de Giorgos Lanthimos es una película especial, difícilmente recomendable. Carente de música extradiegética y con un ritmo considerablemente lento, desde luego no es una gran apuesta como cine de evasión. Su éxito (cualitativo) reside, como decía al principio, en su concepto más básico: ¿qué pasaría si toda nuestra educación estuviese basada en mentiras?


Una pareja de clase alta decide criar a sus tres hijos (un varón y dos mujeres) sin permitirles salir nunca, en sus treinta años de vida, del chalet en el que habitan. Desde su nacimiento les cuentan toda clase de sinsentidos para que teman lo que hay en el exterior. No saben lo que es un teléfono o un gato porque sus padres no se lo han contado y jamás han visto uno. No poseen nombre propio. Además, les enseñan palabras con su significado cambiado, con lo que “zombi” puede querer decir “pequeña flor amarilla” y “mar”, por ejemplo, “silla forrada de cuero”. Los aviones que cruzan el cielo sobre sus cabezas son juguetes que a veces caen en el jardín de su casa, perteneciendo a quien los encuentre primero. La única persona del mundo exterior que tiene acceso a su entorno es Cristina, una joven con la que el hermano puede satisfacer sus necesidades sexuales. Será ella la que, de forma involuntaria, ponga en marcha una cadena de acontecimientos que cambiarán inexorablemente esta deformada rutina familiar.


Con un planteamiento así, resulta difícil creer que “Canino” sea al mismo tiempo un turbador drama psicológico y una surrealista comedia negra. Pero lo es. El espectador puede pasar de la risa al sobresalto de un plano al siguiente, consiguiendo el film mantener una tensión constante a lo largo de 90 minutos de metraje en los que uno es incapaz de imaginar qué será lo que venga a continuación. Un reproductor de cintas VHS puede ser motivo de comicidad o de terror dependiendo de cómo se formule su presencia en pantalla.

Si todo funciona, más allá de lo calculado del guión, es gracias a que los actores resultan sumamente convincentes en sus respectivos roles y al acabado visual conseguido con imagen digital y cámara en mano que acrecienta el verismo de lo visionado.


Se pueden formular múltiples reflexiones a partir del discurso propuesto en “Canino”. Desde una relectura del mito platónico de la caverna (el ser humano que vive un mundo falso, sombra proyectada de otro real) o del pasaje bíblico del Jardín del Edén (los hombres sometidos a la voluntad de un Dios que no desea que coman del árbol del conocimiento y cómo ellos, por intromisión de la mujer pecadora, rompen con ese status quo), hasta una perspectiva política (las mentiras que nos cuentan nuestros líderes para mantenernos dóciles y sin herramientas para plantear objeciones a sus designios) o una simple interpretación de una crónica de sucesos (a todos aquellos que fuimos juntos a verla nos vino simultáneamente a la cabeza el escabroso caso del monstruo de Amstettem y otros similares). Es decir: “Canino” contiene mucha chicha.

Comentaba al principio que desde un concepto inicial arriesgado y provocador tal vez no se llegue a una resolución satisfactoria. Si en un primer momento el final de “Canino” me dejó algo descolocado, confieso que con el paso de los días la cinta ha ido ganando (y mucho) en el recuerdo, y asumo que explicar más hubiera devenido en error innecesario. La cinta está bien como está. Plantea buenas preguntas y deja que nosotros busquemos la respuesta. Provoca un amplio abanico de sensaciones en el espectador y deja poderosas instantáneas indeleblemente grabadas en la memoria. Y además es oscuramente graciosa.


Si una película nos ofrece todo eso, ¿realmente necesitamos pedirle más?

martes, mayo 18, 2010

La pasión (crepusculera) según San Matthew (Bellamy)

Vaya por delante que no he leído ninguno de los libros de la saga "Crepúsculo" que tanto éxito está cosechando entre las legiones de adolescentes (y no tan adolescentes) de medio mundo. Tampoco he visto ninguna de las dos películas estrenadas en cines.

Ni falta que hace.

Lo que no puede negarse es el esfuerzo que los responsables de las adaptaciones están haciendo para que las bandas sonoras de las mismas contengan algunos de los nombres más destacados del panorama indie rock actual. Gente como Thom Yorke, The Killers, Bon Iver, Grizzly Bear o Death Cab for Cutie ya han pasado por el aro. Algunos con mejores resultados que otros, todo sea dicho.


Dentro de unas semanas se estrenará la tercera cinta de la franquicia, "Eclipse", y Muse contribuirá a su banda sonora por tercera vez en lo que llevamos de saga. La primera fue con "Supermassive black hole", tema extraído de su cuarto álbum "Black Holes and Revelations". La segunda, con una remezcla bastante abominable del "I belong to you" de "The Resistance" (sin la parte de la ópera "Sansón y Dalilah" conocida como "Mon coeur s'ouvre à ta voix"). Ahora, y he aquí la novedad, lo hacen con un single inédito que se hizo público hace unas horas y que responde al nombre de "Neutron star collision (Love is forever)".

Lo primero que me vino a la cabeza al escucharlo es que éste era un descarte de "The Resistance". Lo segundo, que huele a Queen por todos lados (pero no a los mejores Queen, sino a los de "I was born to love you"). Lo tercero, que en el minuto 1'10'' aparecen unos ecos de los Limahl de "The neverending story" que me golpean el vientre con inesperada violencia.

Al final, resulta que "Neutron star collision (Love is forever)" no es una mala canción pero, desde luego, está muy lejos de ser un single de Muse en condiciones. Si además tenemos en cuenta que las caras B de los singles editados hasta ahora (y no creo que haya más) de "The Resistance" han sido auténticos cagarros mientras que esta algo anodina canción y esa otra (algo mejor) llamada "Soaked" han sido publicadas de forma paralela, se confirman mis sospechas de que el trío de Teignmouth ha descuidado terriblemente el formato single de su último álbum hasta la fecha. Y eso que hasta ahora habían firmado algunas caras B fabulosas con las que se podría sacar un recopilatorio la mar de majo...

Si sus detractores ya se contaban por mareas (más o menos lo mismo que sus más acérrimos defensores), este último movimiento llevado a cabo por Muse no hará sino polarizar aún más las discusiones musicales que su sola mención parece traer siempre asociadas. Yo, esta vez, me decanto por aquéllos que opinan que se les ha visto el plumero y que todo esto no es más que una maniobra comercial para aumentar su mercado a costa de renunciar a objetivos más elevados.

(Por cierto: qué obsesión con añadir textos entre paréntesis ha desarrollado el amigo Bellamy, ¿no? Cada día me imita más descaradamente...)

sábado, mayo 15, 2010

Un verso de tu mala poesía

“(…)
And love is a murderer , love is a murderer
But if she calls you tonight
Everything is all right
Yeah, we know
And love is a curse shoved in a hearse
Love is an open book to a verse of your bad poetry
And this is coming from me

But I can change, I can change, I can change, I can change
I can change, I can change, I can change
If it helps you fall in love

Turn on the light make it easy for me
Fill the divide fumble in the kitchen
til it's right
What an awful sight

But there's love in your eyes
Love in your eyes , love in your eyes
But maybe that's just what your lover finds
All night!
(…)”


[Benditas filtraciones. Aunque sale oficialmente a la venta el próximo lunes, servidor ya lleva una semana procesando el nuevo álbum de LCD Soundsystem, “This is happening”. Álbum que, según declaraciones del cerebro y corazón del grupo, James Murphy, bien podría ser el último de la formación. Sin ser un gran apasionado de los dos discos precedentes (uno homónimo y otro titulado “Sound of Silver” que tan buena acogida tuvo en el momento de su publicación), reconozco que con “This is happening” he tenido un flechazo. Igual es porque arranca de forma inmejorable con ese “Dance yrself clean” que se inicia con ritmos de percusión alla David Byrne para luego lanzarse de cabeza al terreno del eclecticismo de duros contornos electrónicos. Igual, también, porque contiene gitazos como “Drunk girls” (donde me asalta la imagen de un David Bowie ochentero al más puro estilo “Let’s dance”), “All I want” (donde seguimos con Bowie, esta vez el de “Heroes”) o la irónica “You wanted a hit”, que es todo aquello a lo que su letra parece querer renunciar. Mi favorita, no obstante, es por el momento “I can change” (ahí arriba tenéis algunos de sus versos), una declaración de sufrido amor (“…el amor es un asesino, pero si ella te llama esta noche todo irá bien…”) que sabe ser sincera y emotiva sin dejar de sonar a divertido y algo frívolo electro-pop. Un win en toda regla.]

Videoclips violentos

Uno viene de aquí. Otro (muy desagradable, advertidos estáis), de más allá.

El segundo, por cierto, lo firma el mismo tipo (Romain Gavras, hijo de Costa-Gavras) que hace un tiempo dirigió éste otro.

El Abismo y la Belleza (2)

"(...)
Beauty is truth, truth beauty, -that is all
Ye know on earth, and all ye need to know"

(John Keats, "Ode on a Grecian Urn". Una traducción de Julio Cortázar del poema al completo, además del propio poema en su idioma original, aquí)

¡Fantástico, Sr. Anderson!

Supongo que con el realizador Wes Anderson no existe el término medio. Tras cinco peculiares películas (“Ladrón que roba a un ladrón”, “Academia Rushmore”, “Los Tenenbaums”, “Life Aquatic” y “Viaje a Darjeeling”), debería estar bastante claro para el espectador si le compensa entrar o no, una vez más, en su juego. Si no te gusta su particular sentido del humor, su obsesión por los traumas familiares y su selección musical de éxitos pop de los 60 y 70 para acompañar lo que sea (tanto da una persecución como una escena romántica, todo se puede sazonar con una buena canción de The Kinks), a estas alturas no tiene sentido que venga yo y recomiende imperativamente su última película hasta la fecha, la cinta de animación stop-motion “Fantastic Mr. Fox”. Porque en el mundo interior de Anderson se entra o no se entra, y no voy a ser yo quien sugiera que una opción es más legítima que la otra.


Ahora bien, a mí su cine me mola. Su concepción del plano, de la narración, de los diálogos, sus infinitos recursos visuales, su predilección para caer directamente en lo kitsch y sacarle todo el partido posible, su ironía y cinismo, su voluntad de hacer algo diferente, su buena sintonía con Bill Murray, Owen Wilson, Jason-cara-de-perro-triste-Schwartzman y Anjelica Huston. Si hay un director norteamericano actual que sea realmente un autor (en el sentido más estricto de la palabra) y que haga exactamente lo que le sale de las narices, ése es, para bien o para mal, Wes Anderson.


Lo demuestra de nuevo con esta adaptación de un cuento de Roald Dahl plagada de personajes únicos y con entidad propia que escapan del cliché y resultan estar más emparentados con los protagonistas de una serie de Matt Groening que con los tópicos del cine familiar pensado para hacer caja. “Fantastic Mr. Fox” no sólo no es una película destinada al público infantil, sino que sospecho que aburrirá a más de uno de esos niños criados con los epilépticos colores de la serie “Pokemon” y el ritmo frenético de los videojuegos de la Wii o la PlayStation. Su humor está basado en el absurdo, en la réplica inesperada en el diálogo y en los gags visuales de ritmo medido (algo, por otro lado, dificilísimo de planificar). Si funciona, si servidor se ha pasado casi hora y media de proyección sonriendo como un idiota (y soltando alguna esporádica carcajada), es porque Anderson sabe lo que se hace. Aunque lo que hace no vaya a gustarle a todo el mundo.

Con todo, diría que ésta es su película más asequible para el público que aún no conozca la obra del realizador. Se trata, de principio a fin, de un divertimento que no pretende más de lo que finalmente da: que uno se lo pase bien.


Contribuyen a tal fin un excelente casting de voces encabezado por George Clooney y Meryl Streep (qué voz tan bonita tiene esta mujer, prometo no volver a ver una peli suya doblada; en la medida de lo posible, claro), secundados por unos no menos acertados Michael Gambon, Willem Dafoe (que interpreta a uno de los personajes más divertidos del cotarro, Rata) o los sempiternos y ya mentados Bill Murray, Jason Schwartzman y Owen Wilson.

La música vuelve a ser parte importante del buen resultado final gracias a una recopilación de clásicos a cargo de los Beach Boys o los Rolling Stones, a una escena musical interpretada por una versión animada de Jarvis Cocker y a unos inspirados temas instrumentales obra de Alexandre Desplat que van del tono marcadamente cómico al cine de grandes robos pasando por el spaghetti western con desparpajo y sentido del humor.


No obstante, “Fantastic Mr. Fox” tampoco es una película perfecta. Si por un lado podemos perdonarle, debido a su condición de película pequeña, la modestia técnica de su animación (a años luz de lo conseguido en otra cintas de stop-motion como “La novia cadáver” o la sublime “Los mundos de Coraline”), por el otro es inevitable señalar un pequeño bache de ritmo a mitad de metraje que suaviza el entusiasmo del espectador y condiciona unos cuantos minutos de indiferencia. Por suerte eso se soluciona en el tramo final con unas cuantas escenas descacharrantes (la del lobo, en concreto, me ha parecido magnífica en su ridiculez) y la bendita sensación de que en ningún momento nadie se ha planteado ofrecernos algo remotamente parecido a una lectura moralista de lo narrado. Lo cual, en los tiempos que corren, es un mérito a tener muy en cuenta.


Podría concluir, entonces, diciendo que “Fantastic Mr. Fox” es una propuesta cinematográfica interesantísima que no defraudará a quien busque un rato de evasión y buen rollo, pero probablemente eso no sería cierto para todo el mundo. A quienes gusten del cine de Anderson, no obstante, les encantará. Como me ha pasado a mí.