
Al final terminé, como tantos otros, enamorado de “Scott Pilgrim”. No tengo muy claro cuándo se produjo el flechazo, creo que en algún momento del tomo 3, o tal vez fuese al final del tomo 4, no lo sé. El caso es que al terminar el quinto, servidor necesitaba imperiosamente saber cómo acabaría la serie: qué pasaría con Scott y con su ¿novia? Ramona Flowers, si habría batalla final con Gideon Graves (bueno, eso estaba bastante claro), si Envy Adams triunfaría como nueva diva musical y si Young Neil envejecería algún día. Diablos, realmente lo necesitaba. Pero, si os soy sincero, aún no sé POR QUÉ lo necesitaba.
Estoy seguro de haber leído docenas de tebeos mejor dibujados, escritos y narrados que este “Scott Pilgrim” de Bryan Lee O’Malley. Es cierto que el trazo del canadiense ha mejorado una barbaridad desde las primeras páginas del tomo 1 hasta la conclusión de la saga en el sexto libro, que su narrativa se ha vuelto mucho más sólida y que los momentos humorísticos han mejorado en un 300% a lo largo de las 1.200 páginas de esta odisea sentimental que bebe con acierto de infinitas fuentes: el manga (desde el shojo hasta las artes marciales), el slice of life, los videojuegos de 8 y 16 bits, la música pop, internet, la televisión… pero, maldita sea, aún no acabo de explicarme dónde radica exactamente el éxito de este comic.
La única respuesta que se me ocurre es que, sencillamente, “Scott Pilgrim” mola. Mola un huevo. Y parte del otro.

Precisamente por eso, supongo, ha sido un absoluto éxito editorial (leí por ahí que en Norteamérica la gente había hecho cola ante las tiendas la noche de la salida del último tomo, al estilo de los lanzamientos de “Harry Potter”) y en breve tendremos una adaptación al cine (que pinta fabulosamente bien) y un videojuego de marcado estilo retro (como no podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el material en que se basa).

La edición en castellano, a cargo de Random House Mondadori, está a punto de concluir y, como yo ya le he echado un ojo al último volumen en pitinglish (¡gracias, Sergi!), opino que éste es un momento especialmente bueno para subirse al carro de la “scott-pilgrim-manía”. La resolución de la serie está a la altura de todo lo anterior y cuenta con algunos momentos “épicamente épicos” dentro de la cronología de la saga.

Un buen broche final, en resumen, para una serie que se ha ganado a pulso su merecido lugar en la cultura popular y, casi más importante aún, en mi pequeño corazoncito de fanboy.
Larga vida a Scott Pilgrim.











































