Ya he comentado en el Abismo alguna vez (y lo he documentado con
fotos), que Superman es uno de los referentes ficticios más importantes de mi vida, tal vez el más importante. Cuando vi la película “Superman” de Richard Donner, a los dos años, mi vida cambió para siempre. Seguramente en algún universo paralelo existe un Jero que no conoció esa película hasta después de la mayoría de edad y cuya vida, por lo tanto, ha estado siempre falta de ilusión y esperanza. Es una suerte enorme saber que, como decía Mari Trini, ése no soy yo.
Al igual que Bill, aquel proxeneta/asesino que David Carradine inmortalizó en el díptico “Kill Bill” de Quentin Tarantino, yo también creo que el concepto de Superman es simple y llanamente irreprochable: un Moisés kriptoniano enviado a la Tierra por sus padres, una pareja de científicos que conocían el fatal destino de su planeta moribundo; un niño que descubre que, gracias a su herencia alienígena combinada con la radiación de nuestro sol amarillo, puede realizar portentos con los que los hombres sueñan desde los tiempos de la más antigua de las mitologías; un hombre, además, que lejos de emborracharse de poder decide emplear sus dones para hacer del mundo un lugar mejor. Superman es el tipo al que quiero como mejor amigo, como padre, como presidente de mi país. Es, desde luego, la persona a la que me gustaría parecerme.

Ok, vale, Superman no existe. Es una ficción pueril inventada para entretener a los niños americanos de la década de los 30 y para arengar a las tropas aliadas durante los años posteriores. También es un potente recurso económico para la editorial DC Comics, un producto mercantilizado y en (demasiadas) ocasiones prostituido, vejado y humillado por toda suerte de analfabetos artísticos y junta-palabras de la más baja ralea.
Muy pocas veces las narraciones protagonizadas por Superman han estado a la altura de su leyenda. Después de un cuarto de siglo como lector de comics puedo contar con los dedos de las manos (y aún me sobran algunos) los títulos protagonizados por la gran S que han conseguido cumplir plenamente mis expectativas. Pese a todo el cariño que profeso hacia el personaje, ninguna obra había conseguido hacer efectivo todo el potencial que yo, desde mi más tierna infancia, he sabido que tenía.

Esa sensación cambió hace tres años cuando, pasando unos días en París, me encontré en una tienda de comics de importación el primer número de “All-Star Superman”, una maxiserie de 12 números escrita por Grant Morrison y dibujada por Frank Quitely (uno de los equipos creativos más espectaculares del mainstream USA, responsable de tebeos tan recomendables como “We3”, “JLA: Tierra 2” o algunos números de “New X-Men”). Aquel primer número me pareció tan jodidamente maravilloso que decidí, por primera vez, seguir una serie en inglés al ritmo de publicación estadounidense. Pese a la fama de dibujante lento de Quitely, nunca imaginé que fuesen a necesitarse 3 años para ver publicados todos los episodios de la colección. Por suerte, los lectores españoles no tendrán que aguantar los continuos retrasos en la salida de cada número porque la editorial Planeta, inteligentemente, decidió esperar a tener todo el material y así lanzarlo al mercado bajo la forma de un lujoso (y barato, en mi opinión) tomo recopilatorio integral como parte de sus novedades para el Salón del Cómic que se celebró el pasado fin de semana en Barcelona. Huelga decir que, pese a haberlo leído ya en inglés, “All-Star Superman” era la novedad salonera más imprescindible (y desgraciadamente para mi bolsillo hay unas cuantas) para el abajo firmante.

A la hora de afrontar las muchas virtudes del tebeo es preferible separarlas en dos bloques: unas puramente objetivas y otras, menos importantes para algunos pero fundamentales para mí, totalmente subjetivas.
Entre las primeras encontramos una trama sólida y bien estructurada, dividida en doce capítulos más o menos autoconclusivos, articulados de forma semejante a las historias de “Sleeper” (Ed Brubaker y Sean Phillips) o “Planetary” (Warren Ellis y John Cassaday). Así, cada uno de los números que componen la serie tiene su presentación, nudo y desenlace, y aborda un aspecto de Superman y su universo. Al mismo tiempo, el conjunto constituye una única línea argumental que tiene a su vez principio y final. Personalmente creo que este tratamiento revaloriza el formato de 24 páginas (en unos tiempos en los que, decompressive storytelling mediante, el comic-book de grapa ha perdido gran parte de su capacidad de satisfacción inmediata en virtud del trade paperback) y siempre he pensado que debería ser el modelo empleado por los guionistas y editores, premiando al lector que sigue una colección mes a mes en lugar de esperar a comprarse el recopilatorio de turno (pudiendo luego hacerlo, como un servidor, por cuestiones de calidad en la edición o simple completismo).
Siguiendo con los aspectos literarios, no es descabellado afirmar que “All-Star Superman” supone uno de los guiones más redondos de entre todos los firmados por Grant Morrison (lo cual no es moco de pavo, teniendo en cuenta que el escocés ha escrito títulos tan recomendables como “Los invisibles”, “El asco” o sus etapas al frente de las series “Doom Patrol” y “Animal man”). El habitualmente excesivo guionista se muestra aquí contenido y certero, pero no por ello falto de esas locas ideas que suelen salpicar sus obras: bombas suicidas con aspecto humano codificadas genéticamente, megantropoides anaerobios diseñados para viajar por el espacio profundo a temperaturas bajo cero, subterranosaurios descendientes de lagartos prehistóricos que se refugiaron en el centro de la Tierra para librarse de la extinción o formas de vida de tungsteno gaseoso que se comunican con lenguaje óptico son algunas de las muchas rarezas que pueblan el universo de “All-Star Superman” (y estos conceptos son más bien de propina; los realmente contundentes es mejor que los descubra cada uno en el propio tebeo). Además, Morrison concede sabiamente a cada personaje su momento de relevancia (el capítulo dedicado a Jimmy Olsen es sencillamente delicioso) y consigue, por encima de todo, que su Superman resulte al mismo tiempo épico y cercano, conviviendo perfectamente sus facetas opuestas de Clark Kent y Kal-El, algo que pocos guionistas han logrado en los 70 años de andadura editorial del personaje.

Respecto al dibujo, sólo consigo encontrar un adjetivo que pueda describir mi impresión sobre el trabajo de Frank Quitely: perfecto. Teniendo en cuenta que Quitely es uno de mis dibujantes favoritos (también dejé constancia de ello
aquí), quizás mi opinión parezca de todo menos objetiva. De acuerdo, no lo es. Ni me importa. Habrá quien diga que Quitely no sabe dibujar mujeres (lo cual no es cierto, su Lois Lane es encantadora), o que la anatomía de sus personajes no es biológicamente exacta, pero yo personalmente no conozco a ningún dibujante de tebeos que sepa aunar estilo, composición de página y fuerza narrativa como él (y ya sólo por la escena del Parásito en el número 5 se merece una ovación y un pisito en Torrevieja). Teniendo en cuenta que para completar este tebeo ha tenido todo el tiempo que ha necesitado y que absolutamente todas las páginas de la serie llevan su firma (cosa que no había sucedido en el “The Authority” de Mark Millar o en los “New X-Men” de Morrison), tampoco nadie debería sorprenderse si afirmo que éste es su mejor trabajo hasta la fecha.

Objetivamente, en fin, “All-Star Superman” es un pedazo de tebeo.
Pero, ¿qué lo convierte además en la mejor historia de Superman jamás contada? Entran aquí por fin esas nociones subjetivas que antes comentaba. Y es que si para cualquier amante del comic esta serie es más que recomendable, para los aficionados al género super-heroico y sobre todo al último hijo de Kripton se trata de una lectura imprescindible. “All-Star Superman” consigue aunar en sus doce números toda la mitología del personaje: desde su archi-conocida génesis hasta el enfrentamiento con Doomsday pasando por la ciudad embotellada de Kandor, Bizarro, la kriptonita de colores, la zona fantasma, la quinta dimensión, los años de Superboy en Smallville junto a Lana y Pete Ross, los viajes en el tiempo, Krypto el super-perro, la amistad con Batman y la pertenencia a la Liga de la Justicia, la casa de El, Solaris el tirano solar (visto por primera vez en otro comic de Morrison, “JLA: un millón”) e incluso la fiebre de las esporas escarlatas kriptonianas (que había presentado Alan Moore en el “DC Comics Presents” #85, co-protagonizado por la Cosa del Pantano), sin olvidarnos por supuesto de su longeva enemistad con Lex Luthor, todo ello desligado de las ataduras de la continuidad y presentado en sólo unos cientos de páginas de la forma más pura y sin adulterar que uno pueda imaginarse. “All-Star Superman” representa la esencia concentrada de 70 años de leyenda y supone además una celebración de todos los elementos del género super-heroico tal y como fue concebido tiempo atrás (décadas antes de que el citado Moore y Frank Miller lo deconstruyesen, oscurecieran y ridiculizasen en
“Watchmen” y “El regreso del caballero oscuro”, respectivamente). Es un comic alegre y divertido, apto para todos los públicos (sin apenas violencia y totalmente exento de sexo y palabras malsonantes), cargado de buenos sentimientos y una honda humanidad (más allá de su super-humanidad) pero rematado además con tanta inteligencia y elegancia que no importa que uno tenga 15 años ó 75 porque la magia, el sentido de la maravilla, conseguirán deslumbrarlo igualmente.

De la edición española hay que destacar positivamente la presentación en tapas duras y el ingente número de páginas (más de 300) a un precio increíble (tan sólo 20 €), con papel de buena calidad y un tamaño ligeramente superior al habitual en los comic-books (pero muy manejable en comparación con las monstruosas ediciones Absolute). En el lado negativo de la balanza encontramos un par de errores de traducción (de escasa importancia, pero haberlos haylos) y la lamentable ausencia de una de las portadas originales (la del número 6, en cuyo lugar aparece repetida la del capítulo 2). Son errores molestos pero al fin y al cabo intrascendentes, por lo que (aún siendo mejorable) la edición de Planeta pasa el corte satisfactoriamente.

Después de unos meses desencantado con el panorama super-heroico actual (entre Crisis DCeras e Invasiones marvelitas el género no parece levantar cabeza), “All-Star Superman” se ha convertido en la mejor historia de corte fantástico (e incluyo en el saco al cine y la literatura) que he podido disfrutar en mucho, mucho tiempo, y parte con enorme ventaja de cara a encabezar mi lista de tebeos favoritos del año en curso.
No podía ser de otro modo, tratándose del comic de Superman que servidor llevaba toda una vida esperando.