miércoles, agosto 14, 2013

怪獣総進撃

Cuando tenía 6 ó 7 años, la cadena autonómica gallega de televisión (la TVG o, como cariñosamente la llamamos en el fogar de Breogán, “telegaita”) emitió una película titulada “A invasión dos monstruos” (“Invasión extraterrestre” en castellano). Mi padre, sabedor de las filias fantásticas de sus hijos, la grabó en una cinta VHS para que J. (mayúscula) y yo pudiésemos verla tantas veces como quisiéramos. El film presentaba a la plana mayor de monstruos gigantes nipones, capitaneados por el icónico Godzilla, enzarzados en una lucha contra la humanidad, contra una raza alienígena que pretendía conquistar la Tierra y (ya de paso) entre ellos mismos. Hace décadas que no la veo, pero en su día me hizo inmensamente feliz y, por consiguiente, guardo un estupendo recuerdo de ella. Sin embargo a día de hoy, recién cruzado el Rubicón de la treintena, existen dos poderosas razones para no revisionarla:

1) Que posiblemente haya envejecido fatal.

2) Que ahora existe algo llamado "Pacific Rim".

 

La nueva cinta de Guillermo del Toro, realizador con aureola de culto capaz de imprimir su personal sello de autor al más comercial de los proyectos, es una celebración en toda regla de una tradición cinematográfica tan particular como es el cine japonés de monstruos (denominado kaijû eiga), hibridado con los conceptos más asentados del anime de mechas: robots de combate dirigidos por pilotos humanos.


El planteamiento de la película, explicado a bocajarro en los cinco primeros minutos de metraje a través de la voz en off de uno de sus personajes, presenta un futuro inminente en el que una raza de invasores de otro mundo abre una brecha interdimensional en las profundidades del océano Pacífico a través de la cual enviar gigantescas bestias lovecraftianas para azote de las principales ciudades del planeta. En sus esfuerzos por repeler a estos kaijus (“monstruos”, en japonés), las naciones de la Tierra se unirán (ya lo decía Adrian Veidt…) en la fabricación de unos mega-titanes metálicos denominados EVAs jaegers (“cazadores”, en alemán). Para pilotar cada uno de estos robots será necesaria la unión de dos mentes humanas coordinadas, pues el vínculo psíquico con el jaeger es demasiado intenso para que un solo piloto pueda dirigirlo sin que se le fría el cerebro en el proceso.


Pero que nadie se lleve a engaño: “Pacific Rim” no es una película protagonizada por humanos que pilotan robots, sino que los auténticos protagonistas son los jaegers, y los humanos que los conducen no son más que el nexo necesario entre invasores tentaculares y engendros mecánicos para establecer un contexto/excusa en que ambos puedan zurrarse de lo lindo. De ahí que, aunque cumplidor, el elenco actoral resulte puramente anecdótico, a excepción de ese dechado de carisma y presencia que es Idris “Stringer Bell” Elba, y de la agradecida aparición de Ron Perlman, actor fetiche del director de “Hellboy”. Charlie Hunnam (a años luz del Jax Teller de “Sons of Anarchy”) y Rinko Kikuchi (descubierta para el mercado internacional en “Babel” de Alejandro González Iñarritu) apenas ofrecen la imagen estereotipada de los clásicos héroes shonen: jóvenes, guapos y más planos que el papel higiénico. Charlie Day y Burn Gorman ponen la nota geek (en una película que ya es una orgía geek per se) encarnando a dos científicos locos al servicio de la más delirante ciencia-ficción, y cierto amiguete autóctono se reserva un cameo que no pasará de la nota a pie de página.


Lo dicho: en “Pacific Rim” los robots y los monstruos son las estrellas de la función. De ahí, por supuesto, el evidente mimo con el que éstos han sido diseñados. Cada jaeger y cada kaiju emanan una personalidad propia a través de su fascinante aspecto visual y de su particular forma de moverse, y contemplarlos repartiendo estopa en pantalla es un placer estético que le acelera a uno el corazón, le desencaja la mandíbula y le retrotrae a sus días de infancia, jugando con sus muñecos articulados favoritos y viendo por enésima vez cómo Godzilla le lee la cartilla a King Ghidorah en los compases finales de “A invasión dos monstruos”.


Esa sensibilidad puramente lúdica, esa locura mágica que sólo puede contemplarse a través de los ojos de un niño (aunque sea uno de cuarenta y tantos años como el propio del Toro, o uno de treinta como un servidor), es lo que eleva a “Pacific Rim” por encima de sus innegables carencias dramáticas. Carencias que, por otro lado, el propio film se pasa por el forro sin contemplaciones. También yo: no le añadiría ni un solo segundo más de diálogo e introspección a “Pacific Rim” si ello supusiese robárselo a cualquiera de las colosales batallas entre kaijus y jaegers, auténtica razón de ser de una película vibrante, técnicamente soberbia y con un diseño de producción que se merece todas las alabanzas posibles. Para el abajo firmante, estamos ante la mejor película en la filmografía de Guillermo del Toro, y ante una cinta paradigmática de lo que el cine-espectáculo debería ser: un puñetazo de cincuenta megatones de diversión.

3 comentarios:

David GB dijo...

Menuda orgía reseñadora serieBcinéfila que te estás pegando, además parece que nos pisemos los talones en la cartelera.

Aprovecho para decirte que muy de acuerdo en tu reseña de GMZ, muy para todo los públicos (bueno, para PG13, que es el nuevo "para todos los públicos" en USA), y aun así, muy disfrutable. Y es que la temática zombi se ha convertido en un supergénero capaz de englobar otros géneros, desde el thriller psicológico-road movie-postapocalíptico de Walking Dead (el bueno, el de papel), hasta esta superproducción de acción que es GMZ. Pero oye, bien. Mientras entretenga a mí me vale.

Menos de acuerdo con Lobezno: Honor. No diré que me aburrí (quizás un poco excesivo ya el combate con Silver Samurai, tirando a sonrojante), pero durante toda la película no me pude quitar de la cabeza esa sensación de "con lo que esto podría haber dado de sí". Me sacaba de quicio especialmente ese Lobezno moviéndose como un yanqui paleto en la cultura japonesa, cuando uno de los principales aciertos del arco argumental de Claremont y Miller era que Logan hablaba japonés, estaba imbuido de su cultura y se comportaba como un ronin, y eso te llevaba a pensar "qué relación pasada tiene Lobezno con Japón".

Y Pacific Rim quiero verla mañana, y tu reseña no ha hecho más que abrirme el apetito XD Pero es que el mero concepto de la película ya me pone a cien, así que muy mala tiene que ser para que no salga de la sala con una sonrisa de oreja a oreja, y por lo que comentas, mala pinta no tiene. Hostias como panes es lo que yo quiero ver, que me tiren chatarra mecha y sangre verde a la cara. Con eso ya seré feliz.

J.J. González Haro dijo...

Pues si... yo tambien la disfrute como un enano....

Un saludo Jero

Jero Piñeiro dijo...

David GB: ¿hay un "The Walking Dead" malo? Porque la serie de tv, con sus defectos, me parece un producto muy digno; mucho más disfrutable y arriesgado, en mi opinión, que por ejemplo "Guerra Mundial Z". Otra cosa es que el tebeo de Kirkman y Adlard sea ya una institución, y que además se beneficie de una libertad creativa imposible de imaginar en el medio televisivo (salvo que seas David Simon, claro). Sobre la peli de Lobezno: fíjate que ya de entrada te traiciona el subconsciente y la titulas "Lobezno: Honor" en lugar de "Lobezno inmortal". No es una adaptación directa del comic de Claremont y Miller a la pantalla, aunque toma muchos de sus elementos, así que yo de buenas a primeras no me esperaba un Logan orientalizado. También es cierto que el film podría ser bastante mejor si se reforzasen algunos de sus puntos débiles, pero a mí me gustó (moderadamente). Más que "Guerra Mundial Z", que tampoco me disgustó, pero que dramáticamente me supo a poquito. Espero un comentario sobre "Pacific Rim", a ver si ha cumplido tus expectativas ;)

Kin: así me gusta, disfrutando sin complejos :) Un saludo.