viernes, marzo 11, 2011

Hermann y el olor de la tierra

"Así es como partimos, Wallace, los otros cinco chiflados y yo... Era un poco triste, por "Dedo-del-diablo" Duncan y la pequeña Pat. Pero Bo y Baldy se habían hecho un hueco en el "Devil's finger" e iban a quedarse... Y frente a nosotros, Comanche estaba en peligro... Comanche, la que me había decepcionado 10 veces y por la que sería capaz de atravesar la tierra..."

(Red Dust en "Los sheriffs", de Greg y Hermann)



En parte debido a mi edad, pero también por el particular viaje vital que he venido haciendo como lector de comics (del manga de mi infancia a los super-héroes de mi adolescencia, de ahí al resto del mainstream USA con la mayoría de edad y más recientemente al europeo y el sudamericano, para acabar probando también las mieles del underground y los autores experimentales), siento que tengo imperdonables lagunas referentes a grandes clásicos que voy abordando, a estas alturas, en la medida en que mi disponibilidad temporal y mi bolsillo me lo permiten. Sobre todo lo segundo. Por consiguiente, hay un montón de tebeos (digamos) imprescindibles que todavía no he podido catar. No voy a dar títulos, por eso de no perder de golpe y porrazo el poco respeto que los lectores veteranos pudieran sentir hacia mi persona hasta ahora.

Así pues, hablemos de uno que sí he leído: “Comanche”.


Reeditados hace no mucho por Planeta de Agostini en dos tomos (de esos que llaman integrales), los diez álbumes de “Comanche” escritos por Greg (seudónimo de Michel Reigner) y dibujados por Hermann Huppen comenzaron a publicarse por capítulos en la revista francesa “Tintin” en 1969 y se prolongaron hasta 1982, año en que Hermann se despidió de la serie con el álbum “El cuerpo de Algernon Brown” para dedicarse a sus proyectos como autor completo.

En las páginas de “Comanche” se narran las aventuras de Red Dust, un hábil pistolero pelirrojo que llegará en busca de fortuna al incivilizado Greenstone Falls (un pueblo de colonos de la árida Wyoming) para terminar como capataz en el rancho que Comanche, una joven y enérgica empresaria, ha heredado tras la muerte de su padre. Gracias a la nueva dirección de Dust, el rancho Triple Seis (cuyo nombre, por cierto, nada tiene que ver con el ocultismo) pasará de una precaria situación con sólo dos trabajadores (la propia Comanche y el viejo intendente Ten Gallons) al cuidado de un ganado mermado por la hambruna, a un nuevo estatus de bonanza económica al que se sumarán los vaqueros Clem “Pelo-loco” (o “Pie tierno” en los primeros álbumes) y Toby “Cara-Oscura”, un negro que constantemente debe lidiar con el racismo imperante en el lugar. Por supuesto, tratándose de una serie donde priman la acción y la aventura, los protagonistas se verán inmersos en innumerables enredos con toda clase de bandidos, empresarios corruptos, indios en pie de guerra y hasta el ejército norteamericano.


Lo que en principio comienza de forma algo naïf, tanto en las formas como en lo relativo a la psicología de los personajes, irá enriqueciéndose y ganando matices durante tres álbumes que culminarán en un cuarto, “Los lobos de Wyoming”, donde Hermann demostrará ya una habilidad artística fuera de toda discusión (con reminiscencias de Giraud) y Greg ofrecerá a Red Dust uno de los momentos más tensos, dramáticos y rematadamente memorables de la serie. A partir de ahí, “Comanche” puede considerarse un clásico rotundo, con Hermann aproximándose en cada álbum, progresivamente, al particular grafismo (menos recargado, más expresivo, compositivamente brillante) que posteriormente luciría en “Las torres de Bois-Maury” (antes de descubrir las bondades del color directo) y con Greg escribiendo historias argumentalmente sencillas (que al lector actual tal vez le parezcan algo obvias), pero que dejan entrever motivaciones y relaciones entre personajes que enriquecen profundamente el universo de la colección: ¿cuál es exactamente el vínculo emocional entre Red Dust y Comanche? ¿Qué razones llevan al vaquero pelirrojo a abandonar Greenstone Falls al comienzo de “El dedo del diablo”? ¿Cómo sobrelleva el indio Mancha-de-Luna la vergüenza de no pertenecer a ningún lugar y a ningún pueblo?.


Al contrario de lo que pudiera parecer en un primer momento, los personajes que pueblan “Comanche” son entes orgánicos con arcos argumentales propios muy precisos, que no responden a los cánones clásicos del heroísmo maniqueo de la época. En palabras del propio Greg: “para mí, un héroe es un hombre que tiene miedo, que tiene los mismos sentimientos que cualquiera y que sabe superarlos para hacer lo que debe. Si no tiene sentido del peligro, es un imbécil. ¡Basta de héroes ligeramente rasguñados a los que las cicatrices les sentaban bien! Yo quiero tipos que reciban golpes de verdad”. Todo ello se corrobora claramente en la evolución personal de Red Dust, un personaje carismático, impulsivo y algo visceral en ocasiones, que pasa por todo tipo de estados emocionales y que termina encarnando, de un modo romántico, los ideales del Oeste indómito, aquél que rechaza la llegada de una civilización que acabará de una vez por todas con el sentido de la libertad y de la aventura que las verdes praderas sin dueño y los caballos salvajes representan.


Por supuesto, estos planteamientos jamás tendrían el impacto deseado sobre el lector si no fuera por el superlativo trabajo artístico de Hermann. Su periplo de principiante a gran figura de la BD discurre paralelo a las galopadas de Dust sobre su fiel corcel Palomino, y las dudas artísticas de los primeros álbumes dan paso, a partir del mentado “Los lobos de Wyoming” (mi álbum favorito de la serie, junto a “El desierto sin luz” y “Los sheriffs”), a un auténtico recital de narración, belleza y tratamiento sublime de los espacios abiertos. Las praderas dibujadas por Hermann, sus pasos montañosos, sus hogueras de acampada en la nocturnidad de los bosques, se quedan grabados en la retina como postales de un viaje imaginario en el tiempo y el espacio hacia ese Oeste sucio y maloliente que tantas veces hemos visto en el cine, pero que pocos tebeos han sabido capturar con el detallismo y la atmósfera vívida con que lo hace “Comanche”. Y es que si Jijé o el primer Giraud evocan en sus trabajos un Far West más próximo al impoluto escenario donde transcurrían clásicos del celuloide como “La diligencia” o “Solo ante el peligro”, “Comanche” se encuentra mucho más próximo a los parajes polvorientos e insalubres del cine de Peckinpah o de la excelente teleserie “Deadwood”. Se trata de un Oeste que casi puedes olfatear y tocar. “Para dibujar bien un western se necesita un contacto visceral con la naturaleza, se tiene que conocer el olor de la tierra, de la madera...”, dice el propio dibujante.


A fe mía que “Comanche” no es sólo un western maravillosamente ilustrado, sino también un clásico del comic europeo por méritos propios. Y la edición de Planeta, asequible y cuidada (pese a los ya típicos gazapos lingüísticos), una oportunidad ineludible para hacerse con él y poder así revisitarlo siempre que a uno le sorprenda la nostalgia por el rancho Triple Seis.

8 comentarios:

David dijo...

Comanche es mi cómic-western favorito. Lo prefiero a Blueberry.
Y aunque el post me ha gustado... no así el título. Para mí Greg es tan importante en esa serie como Hermann. Así que yo hubiera escrito: Hermann y Greg: el olor de la tierra.
Pero bueno...
Luego te digo más... ahora me tengo que marchar.
Un saludo.

PAblo dijo...

Un tebeo maravilloso e imprescindible y coincidiendo con David, mi cómic-western preferido, a la altura de Blueberry.

Impacientes Saludos.

David dijo...

Hola otra vez.
Descubrí Comanche en los tebeos de Bruguera. Y pillé el 1º, Red Dust, en la colección Jet. Después de leerlo no sé la de veces, las páginas se despegaron, y volví a comprar otro. Así que tengo dos de la edición Jet (uno despegado, el otro no lo abría (friki del coleccionismo siendo niño sin saberlo; ahora lo conservo por nostalgia) y el del Integral.

Si Comanche me gusta más que Blueberry es más que nada por Greg. Es una serie más regular y "realista" que la de Blueberry, en mi opinión. Y me llega más, vamos.

Chalier tiraba mucho de argumentos cinematográficos y las aventuras releídas con los años eran rocambolescas por ser suaves... Puede que Greg hiciera igual en lo de los argumentos (no sé), pero lo disimulaba mejor, y sus historias me suenan más verosímiles...

Y aunque en la serie de Blueberry hay arcos argumentales muy entretenidos (a mí me chiflaba el del ataúd)... en Comanche veo otras cosas.

En cuanto al dibujo, pues bueno... Me gusta más el Hermann del año 69 (lo cual no quiere decir que sea mejor) que el Giraud de esas fechas. Aunque claro, desde el 72 más o menos la historia es otra...
Y entiendo lo de que Hermann viera siempre al otro como el competidor "inalcanzable"...O algo parecido.
Aún así, curiosamente, es otra de las cosas por las que prefiero Comanche a Blueberry. En Hermann hay evolución dentro de la serie, pero no es tan palmaria como la que encontramos en Gir, con esos cambios de dibujo de los primeros albumes, pasando por la etapa de juventud en la que estaba más a ser Moebius, etc...
Lo de que los primeros de Blueberry se acercaban más al western clásico...Pues sí. Pero luego pasó a reflejar más el spagueti western, también. No acabo de ver del todo la conexión con Peckinpah (pero bueno, si es cuestión de buscar analogías con el cine, pues vale).
A mí, ya puestos, me gusta más la que leí en Budplant illustrators cuando hablan del primer Blueberry:"Mike Blueberry was Jean Paul Belmondo in a John Ford western storyboarded by Harvey Kurtzman."
En fin...
Podríamos mencionar también el tema o la buena idea de Greg de alejarse todo lo posible de Blueberry. Buscando analogías cinematográficas (que no son del todo válidas)podría ser como cuando Hawks decide hacer Rio Bravo alejándose de Solo ante el peligro (en realidad diciendo cómo tenía que ser).
Y lo dejo, que esto es más largo que tu post.
Un saludito.

David dijo...

Lo de la la conexión Peckinpah lo decía por Comanche.

Jero dijo...

PAblo: muchas gracias por el comentario. Yo no puedo comparar "Comanche" con "Blueberry" en igualdad de condiciones porque, mientras de "Comanche" he leído toda la etapa Greg/Hermann, de "Blueberry" sólo he leído hasta "El general cabellos rubios". Del resto de álbumes del ciclo principal me faltan seis, salteados (los heredé de un primo con poco espacio en su casa; ¡menuda suerte la mía!), así que decidí no leerlos hasta no tenerlos todos, y así poder darme la tremenda (y alegre) panzada. De todos modos, los 10 que he leído de "Comanche" me han gustado más que los 10 que he leído de "Blueberry", que me parecen más folletinescos y menos... no sé, "humanos". Cuando me haya leído todo "Blueberry" (todo el de Charlier y Gir, quiero decir; o incluso también los álbumes de Gir en solitario) me gustaría dedicarle también unas palabras. Pero me temo que eso tendrá que esperar una buena temporada.

David: yo, aunque conocía el título de antes, no leí "Comanche" hasta hace nada en la reedición de Planeta. Sobre los paralelismos cinematográficos: supongo que son un recurso efectista de blogger comodón, jejeje. No son demasiado exactos y se deben más a inspiraciones extravagantes y a sensibilidades particulares que a datos concretos y contrastados. No sabría decirte exactamente por qué "Blueberry" es, para mí, más Ford y "Comanche" más Peckinpah. Pero desde luego escenas como el final de "Los lobos de Wyoming", la larga escena de acción de "Los sheriffs" o la última página de "El diablo gritó de placer" me encajan mejor con el Oeste que dibuja en sus películas el segundo.

Y, sobre lo que decías del título de la entrada: es verdad que "Comanche" es tanto Greg como Hermann, pero reconozco que quizás yo me tragaría antes un guión de un escritor peor, dibujado por Hermann, que uno de Greg dibujado por un artista inferior a Hermann. Debe ser mi vena de dibujante, la misma que me hace acercarme antes a un "Bouncer" o un "Blacksad" que a un "Persépolis" o un "Fun home". Aunque luego la experiencia me diga que no debo fiarme de las primeras apariencias...

Una última cosa, David: no es necesario que te contengas en los comentarios. A mí me encanta que la gente se extienda y escriba lo que le apetezca, divagando y todo. En la mayoría de los blogs que sigo, al final los comentarios resultan ser mucho más interesantes que la entrada que les servía de excusa. A mí desde luego me gustaría que en el mío pasase eso. ¡Lo que se aprende leyendo las opiniones de los demás! (en este caso concreto y dados tus conocimientos sobre cine del oeste, más que discutirte las cosas yo sólo pretendo exponer mis argumentos, porque está bastante claro que controlas del tema mucho más que yo...)

Jero dijo...

Oh, otra cosa, ya que estamos con Hermann y tal: leí hace un tiempo que Planeta iba a reeditar "Jeremiah" en un formato similar a este "Comanche". No he leído nada de este título, pero segurísimo que me lo pillaré en cuanto salga (bueno, salvo que sea unas ediciones a lo jíbaro que tanto se estilan ahora). Y de "Las torres de Bois-Maury" sólo pude leer el primero, pero tampoco estaría de más que Norma publicase los diez álbumes del primer ciclo siguiendo la reciente reedición francesa...

David dijo...

Jeremiah...Algunos están bien (pero falta Greg (ysq))...
No he leído "Las torres de Bois-Maury".
Y oye, mis conocimientos del cine del Oeste son como los tuyos. Claro que Comanche puede recordar más a Pekcinpah que a Ford. Lo que pasa es que para mí en realidad recuerda más a Greg y Hermann ;-). Porque yo leí Red Dust con unos 10 años, antes de ver ninguna peli de Peckinpah.
Blueberry deja de recordar a Ford en los que te faltan por leer... ya lo verás.
Por cierto: acabo de leer Dios en persona.. y me ha dejado un poco frío... De crío me leí La tournée de Dios y me lo pasé mucho mejor... No sé... Cuestión de gustos, como siempre.
Buenas noches.

Jero dijo...

Déjate de modestias, David, que en materia de cine clásico me das mil vueltas... De tanto hablar de "Blueberry" me han entrado ganas de ponerme a ello ipso facto. Pena de economía, jejeje. "Dios en persona" es gélido, sí. Va más de documental que de otra cosa, y al no tener personajes humanos con los que empatizar pues... no sé, que es muy cerebral. A mí me gustó precisamente por ser algo diferente (tampoco TAN diferente, pero sí lo suficiente para ser un pequeño soplo de aire fresco) y al mismo tiempo permitir muchas lecturas e interpretaciones. No he leído "La tournée de Dios". Siempre lo hojeo cuando paso por la FNAC (acaba de ser reeditado por... Blackie books, creo) y me llama la atención. ¿Recomendado, pues? Y buenos días.