domingo, marzo 20, 2011

Construyendo el muro: "The Wall" en el estudio

“Is there anybody out there?”

(de la canción del mismo título, de Pink Floyd)

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Un punto de partida: Pink Floyd es uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos. Está, desde luego, en el top 10 de mis preferidos. Y más cerca del 1 que del 10, debo añadir. No obstante, no es “The Wall” mi álbum predilecto de su discografía. Concretamente, los tres discos de estudio que le antecedieron (“The Dark Side of the Moon” en 1973, “Wish You Were Here” en 1975 y “Animals” en 1977) me parecen claramente superiores. Cierto es que las intenciones de “The Wall” son bien distintas (más conceptual, más lírico y desde luego más narrativo), que se trata de un álbum doble (cualidad ésta que a mí personalmente no me convence demasiado) y que proviene de los Floyd de Roger Waters, que tienen tanto que ver con los de la mentada trilogía de obras maestras como aquéllos con los Floyd de Syd Barrett. Bueno, quizás un poco más...


Contextualicemos: estamos en el año 1977 y Pink Floyd es una de las bandas de rock más importantes del mundo. La crítica se ha rendido a sus pies (no es raro encontrar citado “The Dark Side of the Moon” como uno de los mejores discos de la historia) y sus fieles se cuentan por legiones. No obstante, en el seno del grupo las cosas andan revueltas y el distanciamiento entre sus miembros es más que notorio. Roger Waters (bajista de la banda), completamente a su bola, planea la publicación de un disco autobiográfico acerca de su sensación emocional de aislamiento y de cómo la muerte de su padre en la II Guerra Mundial condicionó terriblemente su infancia. El texto, tras ser pulido por el productor Bob Ezrin, incluirá también alusiones a la historia personal de Barrett, antiguo líder y alma máter de la banda que debió abandonarlos largo tiempo atrás para ser internado en un hospital psiquiátrico. La idea central del disco, resumiendo bastante, es una alegoría plasmada en un muro psicológico que separa a Pink (alter ego fictio de Waters) del resto del mundo y lo encierra en un claustrofóbico y fascista universo interior. Su desencantada visión de la sociedad sitúa a los seres humanos en un sistema que aliena y desdibuja al individuo desde la infancia (los profesores idiotizan a sus alumnos para convertirlos en “otro ladrillo más en el muro”), mientras que las madres sobreprotegen a sus niños, castran su potencialidad latente y dirigen sus vidas sin permitirles degustar los placeres del libre albedrío.

Una fiesta, vamos.


Tras escuchar las primeras demos grabadas por Roger Waters en solitario, el resto de la banda decide involucrarse en el proyecto, pero difícilmente podrán imaginar el calvario que supondrán las sesiones de grabación en el estudio, con Waters ejerciendo de dictador a tiempo completo (“The Wall” es SU historia, SU vida y SU proyecto) y el teclista Richard Wright tan enemistado con el bajista (autoproclamado líder del cuarteto) que apenas sí coinciden en el estudio durante la grabación del doble LP.


Pese a que muchos seguidores de la banda sitúen este “The Wall” entre lo más granado de la producción de Pink Floyd, a mí personalmente me parece un disco irregular que denota en exceso las pretensiones teatrales de su argumento. Contiene, es verdad, composiciones descomunales como “In the flesh?”, “Another brick in the wall” (las tres partes son buenas, pero la más célebre, sin duda, es la segunda, precedida de “The happiest days of our lives”), “Goodbye blue sky”, “Nobody home”, “Bring the boys back home” (sé que no es de las más conocidas del disco, pero a mí particularmente me encanta), la indispensable “Comfortably numb” y la oscura y excéntrica “The trial”; pero 80 minutos de música, 26 cortes en total, son demasiados para casi cualquier disco.

Siempre he creído que hay muy pocos álbumes dobles que no lucirían infinitamente mejor si fuesen uno solo, más corto y concentrado. En 40 ó 50 minutos de música caben millones de ideas, tal y como los discos previos de Pink Floyd claramente atestiguan. Pero Waters tenía mucho que contar; tanto, que en su siguiente trabajo (publicado bajo el nombre del grupo, pero definitivamente debido a la autoría exclusiva del bajista), “The Final Cut”, pueden escucharse algunas canciones que quedaron fuera de “The Wall”, como “The Fletcher Memorial Home”. Otras, como “When the tigers broke free” (que a mí me gusta más que algunos de los cortes que sí están en el doble disco), sólo han visto la luz en formato single o en recopilaciones.


Son la desmedida ambición de Waters y las desavenencias con el resto de miembros de la banda las que impidieron que “The Wall”, finalmente publicado en noviembre de 1979, se convirtiese en la obra maestra que podría haber sido y que, por poco, no es. No se me malinterprete: se trata de un trabajo realmente enorme; reescuchable hasta el infinito, siempre con una sonrisa de satisfacción melómana dibujada en la boca, pero un peldaño por debajo de sus mejores trabajos. Con todo, sospecho que dentro de una semana me gustará bastante más...

Por otro lado, no acaba aquí la cosa en lo que respecta a las andanzas de Pink: en 1982 se estrenó una adaptación cinematográfica con la que Waters ya había fantaseado durante la composición de las canciones de “The Wall” (algo que se percibe en la inclusión de diálogos que toman pleno significado sólo cuando se escuchan acompañados de sus correspondientes imágenes), dirigida por Alan Parker. Pero, con vuestro permiso, de eso mejor hablaremos otro día.


P.D.1: Para los amantes de las rarezas: existe una versión hillbilly de “The Wall” (el disco doble al completo) a cargo de Luther Wright and the Wrongs que suena tal que así. Bizarro, lo sé, pero tiene su gracia.

P.D.2 (aclarando la aclaración): “The Wall” no me parece redondo según los exigentes estándares de calidad bajo los cuales observo, con lupa, la discografía de Pink Floyd. Si se publicase ahora, tened por seguro que partiría como claro número 1 en una futurible lista de mis discos favoritos del 2011. Lo que pasa es que hace ya un tiempo que dejé de establecer comparativas entre la música actual y la que hacían las grandes bandas de los años 60 y 70: por mucho que me gusten formaciones como Radiohead, Muse, Arcade Fire o The Mars Volta, no creo que hoy en día exista un grupo o artista que pueda mirar frente a frente a los Floyd, Queen, Zeppelin, Dylan, Springsteen, Beatles, Stones o Bowie de sus mejores años. Aunque sólo sea porque es también en ellos en quienes se fija, con indudable admiración, la música que se hace en nuestros días (y de ningún modo puedo valorar igual que Matthew Bellamy componga esto en 2009 a que Freddie Mercury compusiese esto otro en 1976). También, por eso mismo, me niego a poner notas en mis reseñas -como sí hacen otros bloggers; de forma totalmente legítima, ojo-. Creo que se precisa una distancia prudencial para encumbrar como magistral algo que apenas lleva unas semanas en la calle y que además, por norma general, los discos actuales que me vuelven loco comienzan a palidecer cuando reescucho las joyas de la corona de la historia del pop-rock. No ocurre siempre, claro (álbumes como “OK Computer”, “Want One” o “LaTeRaLus” son maravillosos más allá de cualquier apreciación espacio-temporal), pero son los menos, y es preciso entender cada obra en su contexto para no ceder al impulso de, por ejemplo, situar “The Suburbs” de Arcade Fire (sobresaliente, sin duda) a la altura del “Born to Run” de Bruce Springsteen (que, sencillamente, se sale de las escalas). Le pese a quien le pese, la música sigue un método hegeliano de evolución dialéctica, con la particularidad de que en los últimos tiempos apenas existe la antítesis y sí un preocupante retorno, ad nauseam, a las síntesis de antaño (no hay más que echar una oreja a corrientes como el post-punk o el brit-pop para comprobar lo poco que hemos avanzado al respecto en los últimos 30 años...)

7 comentarios:

marguis dijo...

A mi también me gusta mas Wish you where here... de hecho, y ahora que últimamente en el trabajo no hacemos mas que escuchar la emisora "Rock & Gol" (les convencí de que se dejaran de 40 rpincipales, cadena 100 y demás) cada vez que suenan los acordes de la canción en cuestión, ¡me dan unas ganas de escuchar el disco entero!

Estoy contigo en lo de que Beatles, Queen, Bowie y demás, en sus mejores tiempos, son insuperables, jolines si una escucha Space odity o el disco entero de Ziggy Stardust... o Black Bird, por ejemplo (con esa guitarra asíncrona con la melodía) un fuerte sentimiento de cualquier tiempo anterior fue mejor se apodera de ti... bueno, ya que estamos, me siento Confortably Numb...


Por cierto, ¿has oido la version de las Scisors sisters (http://www.youtube.com/watch?v=z4KBGn2r0yY)? A mi me mola. ¿Se me puede considerar una hereje?

tenenbaum dijo...

A mí "The Wall" me parece un gran disco. Lo colocaría entre los mejores dobles álbumes de la historia en una hipotética lista que también contuviese, por ejemplo, "The Fragile", "Mellon Collie and the Infinite Sadness" o "Adelante Bonaparte" (este triple, incluso, aunque por duración podría haber sido doble). Es cierto que a veces al mirar atrás y escuchar a algunos grupos, uno piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor. Más bien, fue distinto. Está claro que todo lo que consiguieron The Beatles en apenas 10 años, por poner un ejemplo, sería imposible que sucediese hoy día. Crear un estilo propio, una estética, llevarse de calle al público masivo, evolucionar más de lo que cualquier músico jamás lo ha hecho, sentar los precedentes incluso de lo que sería el videoclip... Son tantas cosas que necesitaríamos líneas y líneas para analizarlas. Pero volviendo al tema, la música es distinta, la industria distinta, y nosotros también. Ya contarás del evento Roger Waters jejeje.

David dijo...

Otra vez, cuántos enlaces... Hoy no tengo tiempo de ir a todos. Para leer (y escuchar) una entrada de estas como es debido se necesita mucho tiempo.
Pero bueno...
Yo no soy muy de Pink Floyd (vamos, que creo que no estaría entre mis diez favoritos).
Pero The Wall era mi disco favorito de ellos y lo machaqué mucho-mucho (aunque ahora ni lo tengo... escuchando un poco algunos de tus enlaces me ha dado ganas de recuperarlo...nostalgia más que nada). Me gustaba más que el Dark Side o el Wish You Were Here; el Animals no lo he escuchado (y sí, sé que debe estar muy bien).
Tal vez fuera por ese rollo teatral al que aludes. No sé... Como te he dicho, lo machaqué muchísimo (bastante más que los otros dos).
Entre las composiciones descomunales que has metido echaba en falta la de Hey You (esa canción me encantaba)o la de Mother...Sí, repetitiva y tal, pero me gustaba mucho. Y The Trial era genial. Esos coros... Si la escuchaba a oscuras recuerdo que a veces me aportaba una extraña sensación de miedo... me imaginaba una historia diabólica distinta a la de la peli y yo ponía la letra, aunque no sabía ni papa de inglés...
Pero bueno, entre este y el doble de... mejor lo dejo aquí y no hago como tú en tu anterior entrada (ysq)
Buenas noches.

Jero dijo...

Marguis: "Wish you were here" es uno de mis 4 ó 5 discos favoritos de siempre. El tema titular es irrepetible, pero realmente para mí la joya del disco son las 2 partes de "Shine on you crazy diamond". Jamás me canso de ese tema. Bueno, de todo el disco en general. Las "Scissors Sisters" no son santo de mi devoción, aunque reconozco que no les he prestado nunca mucha atención. Dos canciones seguidas ya me saturan. Y esa versión del "Comfortably numb"... uf, me da pelín de dentera, jajaja.

Tenenbaum: a mí el "Adelante Bonaparte" me parece que habría quedado muchísimo mejor como un solo disco, con 11 ó 12 canciones. ¿Los mejores dobles álbumes de la historia? No sé si he escuchado los suficientes para responder a eso, pero a bote pronto yo diría que mis favoritos son "The River" de Springsteen y "Blonde on Blonde" de Dylan (ahora es cuando David, Crespo no, el que comenta más abajo, me crucifica con clavos oxidados, jajaja, pero debo reconocer que no he escuchado demasiado ése que, segurísimo, es su favorito: de "ese grupo" conozco bastante más otros discos). Sobre las diferencias entre la música de antes y la de ahora: decir que la situación es "diferente" me parece por un lado indudablemente cierto, aunque también una excusa un poco eufemística si de lo que hablamos es de calidad e innovación. En términos de evolución del pop-rock, a mí me sigue sorprendiendo que un tipo como Sufjan Stevens esté considerado tan indie y moderno (y ya sabes que me chifla) cuando muchas de sus canciones podrían perfectamente haberse compuesto hace 20 ó 30 años (pienso en la monumental "All delighted people" y no me parece en absoluto más moderna que sus referentes directos, "A day in the life" y "The sound of silence"). Si escucho el "Heroes" de Bowie (por poner un ejemplo que ahora mismo tengo fresco), me parece más moderno y arriesgado, escuchado aún ahora, que la mitad de lo indie que se nos vende hoy como vanguardia. Hay muy pocos grupos que supongan ahora el empujón musical que los Beatles, los Stones o los Kinks supusieron hace (alucina) 40 años. ¿Quién está hoy por hoy haciendo cosas que no se hayan oído antes? ¿Quién es la auténtica vanguardia del pop-rock? ¿Quién puede medirse, en importancia para la evolución de la música popular, a Pink Floyd, Led Zeppelin o Queen? Actualmente sí salen discos que son referencia obligada (a ese respecto Radiohead se merecen todos mis parabienes, tienen 2 ó 3 discos de los de enmarcar y poner a la altura de los más grandes), pero ni de coña de la forma en que se publicaban a finales de los 60 y durante todos los 70, que tenías en un mismo año (1971) el "Who's next" de The Who, el "Sticky fingers" de los Stones, el "IV" de Led Zeppelin, "Hunky Dory" de Bowie, "Meddle" de los Floyd, "Aqualung" de Jethro Tull o el "L.A. Woman" de The Doors. En un solo año ya me salen suficientes discos como para dejar en ridículo a toda la década 2000. Y si nos vamos al 1975, con "Born to Run", "Wish You Were Here", "A Night at the Opera" y "Blood On the Tracks" ni te cuento... Esos tíos, además, fueron los mismos que idearon las fórmulas musicales que ahora ya están tan sobreexplotadas. La mayoría de los discos que ahora nos molan son collages indisimulados de los grandes álbumes de antaño... En fin, parezco un tertuliano crispado y un abuelo cebolleta (a mis 27 tacos, jajaja), pero yo cuanto más escarbo en los clásicos menos necesidad encuentro de seguirle el pulso a la actualidad musical...

Jero dijo...

David: corrígeme si me equivoco pero, no sé por qué, me da la impresión que eres más de canciones "al uso" que de suites progresivas (sin desmerecer ni a unas ni a otras). Y a mí precisamente esa densidad sonora es lo que más me pone de Pink Floyd. "Animals" es un disco muy del palo de "Wish you were here", con cortes de 15 minutos y cosas así, que a mí me resulta absolutamente perfecto. No le sobra ni le falta un segundo y no llega a aburrirme jamás. Y sí, me dejé temas muy buenos de "The Wall" en el tintero, ya digo que es un discarral de tomo y lomo, pero después de los otros tres que le precedieron no es el giro que más me hubiera apetecido. No sé, es difícil de explicar teniendo en cuenta que es un álbum sobresaliente se lo mire por donde se lo mire, jejeje... Tienes razón en que es muy oscuro. Yo la semana pasada hice un ejercicio musical muy curioso: durante tres días di el mismo paseo, por las mismas calles, más o menos a la misa hora del día, pero escuchando cada vez un disco distinto. Un día fue el "Bitches Brew" de Miles Davis, otro un recopilatorio de Mozart que formaba parte de una enciclopedia de clásica que tiene mi madre y otro el "The Wall" de Pink Floyd. No veas cómo cambia la misma ciudad, el mismo barrio, dependiendo de qué audio lo acompañe. Con "The Wall" la sensación que me despertó fue oscura, de soledad absoluta, terriblemente triste. Canciones como "Nobody home" paseando tú solo por Madrid te pueden hundir la moral, jajaja...

David dijo...

No sé. Tal vez.
Qué ejercicios más raros haces (ja,ja).
En mi caso, aparte de subir el volumen de Out in the street cuando salía de la imprenta (podías llevar música, que de alguna manera, "cortaba" el ruido del sitio).
Pero es que a mí no me gusta llevar cascos mientras estoy en la calle. No tengo Mp3, tampoco tengo móvil...

Jero dijo...

Yo voy a todos lados con el iPod enchufado. Es triste decirlo, pero no sé hacer casi nada sin música. Me vale para currar en el ordenador, salir a pasear, hacer la compra, cocinar, ir en metro, ir al gimnasio, limpiar el piso, quedarme dormido... De las cosas que pueda hacer yo solo y que no se necesite escuchar, únicamente me molesta para leer, que no puedo concentrarme. También es verdad que nunca enciendo la tele (en mi piso es más bien un elemento decorativo), así que tengo la música puesta (sea con los cascos o en el PC) todo el santo día...

Y sí, a veces hago cosas raras. Como todo el mundo ;)