miércoles, marzo 30, 2011

Zack y sus muñecas

Cuando era pequeño me encantaba jugar con muñecos. Nunca me interesaron los coches (tampoco ahora me seducen lo más mínimo), así que la práctica totalidad de mi colección de juguetes estaba formada por héroes de acción artículados: superhéroes de Marvel y DC, G.I.Joes, Legos, Playmobiles, He-Mans (no tengo muy claro si He-Man hace el plural en He-Men, They-Man o They-Men), Bestias de Combate, Tortugas Ninja... Las aventuras que ideaba para mis personajes nunca tenían nada que ver con el universo del que procedían esos muñecos, sino que, como el Andy de "Toy Story", yo les cambiaba su nombre y su historia personal y los hacía interactuar entre sí sin importarme que unos fueran Transformers y otros Action Man (¿Action Men?). Se trataba de un crossover constante donde Batman podía ser un alienígena domador de dinosaurios (tenía muchos dinosaurios, me encantaban los dinosaurios) que debía desafiar al malvado emperador Skeletor en unos juegos de gladiadores interdimensionales. Todo valía y nada quedaba fuera porque mi imaginación podía abarcarlo todo y darle, de algún modo indescriptible, una coherencia que a mí me parecía perfectamente legítima. Lo que pasa es que resultaba terriblemente difícil jugar con otros niños. Las reglas de mi universo imaginario sólo valían dentro de mi cabeza y la lógica que los demás intentasen aplicar a las aventuras de mi Batman-alienígena-domador-de-dinosaurios chocaba frontalmente con todo lo que yo sabía sobre ese mundo ficticio que constantemente se reinventaba en mi imaginación. No me preocupaba demasiado, claro: siempre he preferido jugar solo y nunca me ha importado que los demás no entendiesen el argumento de mis fantasías. Si se aburrían, allá ellos. Yo me lo pasaba teta piruleta y eso era lo único relevante.


Estoy seguro de que Zack Snyder tenía, como un servidor, un rico universo interior cuando era niño. Probablemente cogía las Barbies de sus hermanas, ataviadas con ridículas minifaldas de colegialas, les ponía las katanas de sus muñecos ninja y las hacía combatir contra soldados zombie y dragones de fuego. Yo lo habría hecho si hubiese tenido Barbies a mano. Claro que de ahí a creer que una ficción infantil tan inconexa justifica por sí sola una película va un abismo: una cosa es buscar tu propia diversión y otra muy distinta que tus fantasías estén destinadas a un público.


Movida por el moderado éxito comercial de sus anteriores películas (“Amanecer de los muertos” tuvo buena acogida y 300” fue un sonoro taquillazo, pero “Watchmen” tuvo unos números bastante discretos) y el favor de una sección muy ruidosa (sobre todo en internet) del público, la Warner debió pensar que ya era hora de quitarle el bozal al perro y permitir que Snyder hiciese en su siguiente película lo que le diese la real gana. Éste, ni corto ni perezoso, escribió un libreto mínimo plagado de sus más incoherentes fantasías frikis y lo plasmó sin ningún tipo de contención en 110 minutos de celuloide que responden al título de “Sucker Punch”.


El argumento de la cinta nos sitúa en la década de los 50 y presenta a Babydoll, una muchacha de 20 años que, tras la muerte de su madre, es ingresada en un hospital psiquiátrico por su padrastro con la intención de que le sea realizada una lobotomía. Ante la perspectiva de la inminente intervención, la chica vive una fuga psicogénica que la sumerge en una doble ficción que reinterpretará, por un lado, el manicomio como un burdel dirigido por un peligroso proxeneta y, por el otro, la llevará a imaginar sangrientos enfrentamientos (katana en mano) con orcos, dragones, zombies nazis y robots futuristas. La verdad es que, dicho así, el mejunje parece bastante atractivo. El problema es, me temo, todo lo demás.


Partiendo de un reparto muy limitado desde el punto de vista interpretativo (los secundarios Oscar Isaac y Carla Gugino cumplen, sí, pero la pandilla de jovencitas protagonistas apenas luce palmito y se mueve por la acción como pollo sin cabeza) y una puesta en escena de estética hueca y recargada (algo que ya lastraba las adaptaciones de “300” y “Watchmen”), Snyder pone de manifiesto sus limitaciones narrativas al desarrollar sin ritmo ni emoción un videoclip estructurado por fases, como si de un shoot'em up consolero se tratase. La búsqueda de los cinco objetos que permitirán a las chicas fugarse del manicomio/burdel se torna repetitiva y está ultra-saturada de acción efectista, pero jamás logra hacernos vibrar o conmovernos. El espectador es incapaz de sentir siquiera un atisbo de empatía por las cinco jóvenes jamonas que se pasean ligeritas de ropa por unos decorados digitales que apestan a croma-key y a filtro de color por todos lados (perfectos para el fondo de escritorio de tu PC, pero poco o nada creíbles como escenario de una historia que se presupone psicológica y personal).


Acaso se salvan del desastre un desmadrado Scott Glenn ejerciendo de Charlie (el de los Ángeles de Ídem, aunque con obvio deje al Bill tarantiniano) y soltando frases de galleta china de la suerte, y las curiosas (por inesperadas) versiones de grandes temas de la música pop (“Sweet dreams” de Eurythmics, “Where is my mind” de los Pixies o “Tomorrow never knows” de los Beatles) que aportan algo de salero a una banda sonora que también incluye bodrios como un sacrílego mash-up rapero de “I want it all” y “We will rock you” (ambas de Queen). “Sucker Punch” es una película deslabazada, arrítmica, obvia, que no se toma en serio a sí misma hasta que se pone vergonzosamente profunda, incoherente, artificial, artificiosa y rematadamente hortera: Zack Snyder jugando con sus muñecas mientras el público se aburre soberanamente y mira el reloj pidiendo la hora. Espero que al menos él se lo haya pasado teta piruleta pariendo este engendro.


Miedo me da lo que pueda hacer este tío con mi icono infantil por antonomasia...

10 comentarios:

tenenbaum dijo...

Siempre digo lo mismo, lo sé. Las hay peores. Siempre las hay peores. El problema es que justo al final pretenda que se la tome en serio cuando en los créditos finales vuelve a descalificarse a sí misma. Si hubiese tenido el sentido del humor suficiente para reírse de sí misma sin contemplaciones (como un "Planet Terror", por ejemplo), mejor nos hubiese ido. De todos modos para mí el mayor descubrimiento ha sido el de Emily Browning como cantante de unas míticas canciones de Eurythmics y Pixies mil veces versionadas y a las que hay que reconocer riesgo y originalidad. Además de que el "Army of Me" de Björk queda insuperable de fondo con rubia guapa adolescente cargándose samurais, jejeje.

David dijo...

Sólo me he leído hasta que responden al título de "Sucker Punch" y la última línea. Es que no me interesa nada de nada esta peli.
Dicho lo cual.
Lo que haga o deje de hacer con ese icono da igual... Si el personaje es fuerte, resistirá (¿no lo hizo su amigo con aquella serie televisiva de los sesenta?)

Jero dijo...

Tenenbaum: vale, no es "Street Fighter", ni "Spice Girls: la película"; pero para lo que podría haber sido (imagínate el mismo material en manos de Tarantino, por ejemplo), me parece terriblemente decepcionante. Y no debería serlo, ojo, porque Snyder ya firmó en el pasado una película como "300", igualmente hortera, boba y artificial. Lo que pasa es que servidor siempre tiende a pensar en positivo y claro, luego pasa lo que pasa... Las versiones de Emily Browning están bastante bien, es verdad. Y también se coló en la banda sonora un tema de Skunk Anansie, lo cual siempre es de agradecer :)

David: si no te interesa la peli, tiempo, dinero y cabreo que te ahorras, la verdad. Aunque si no has leído toda la entrada se te habrá escapado el enlace a la versión de "Tomorrow never knows" que suena en la peli (lo digo como curiosidad, vamos; nada que hacer al lado de la original de tus chicos favoritos). El icono resistirá, claro (si resistió a "Smallville"...), pero eso no significa que no me vaya a doler cuando vea lo que le haga este señor... Ojalá Christopher Nolan ate bien corto a Snyder, porque pensar en un Superman volando a cámara lenta sobre una ciudad requetedigital durante 2 horas de película me da cien patadas. Mira que se ha criticado la secuela/remake de Bryan Singer (que a mí sí me gustó), pero apuesto a que contenía más cine que la futura versión de Snyder... Y si me equivoco, mejor para todos.

David dijo...

Pues sí se me había escapado (ya te había dicho que no había leído la entrada completa). Y bueno... pues casi mejor que se me hubiera escapado.
A ver si hay suerte y te equivocas.

charlie furilo dijo...

Menuda castaña. Snyder se ha debido quedar a gusto tras alumbrar semejante truño. Para una vez que voy al cine (no pisaba uno desde septiembre de 2010 para ver "Origen") y me topo con semejante memez. Menos mal que fui con invitación, que si no...

A ver si este finde puedo reseñarla por TMCAF!! (aunque tengo varias cosas pendientes:"lo más oído... de marzo", el nº 13 de los muertos vivientes, los hombres de adamantium de Aaron.... -)

Jero dijo...

David: ya te lo había advertido :P

Charlie: también es mala suerte que la primera vez que pises un cine en 2011 sea para encontrarte con este despropósito. Aunque lo cierto es que yo este año estoy yendo bastante menos que el anterior (pasada la temporada de los oscars, muy pocas pelis hay que me llamen la atención...)

anikudl dijo...

Si haces una peli así, tienes que poner tetas MAS GRANDES. Fijtre en mi, por ejemplo. Soy el típico Juan Pueblo, el posible objetivo de esta peli, porque alguien con mas sentido del buen gusto y amante del cine de calidad ni se plantea ver este bodrio. Sin embargo, al ver los fotogramas que Jero, con mayor o menor acierto, ha elegido para ilustrar el post, pierdo el interés en ver la peli porque me gustaría ver tetas MAS GRANDES. Porque, al final, eso es lo que importa en una peli como esta.

anikudl dijo...

Por cierto, soy Parafas.

Jero dijo...

La peli no sería mejor con tetas más grandes, pero desde luego se haría mucho más llevadera... Ya puestos a desmelenarse en lo visual, ¿qué les costaba aumentar el tamaño mamario de sus protagonistas? A Michael Bay no se le hubiera escapado el detalle...

mparafita dijo...

Bien dicho.