martes, enero 20, 2009

Me cago en Peggy Lee

He perdido una semana de mi vida. Mejor dicho: me la han robado. Ha sido la gripe. Una gripe perra y traicionera, posiblemente la más chunga que he sufrido en toda mi vida.

Me he pasado toda la semana pasada metido en cama, con la garganta hinchada y colorada como una pelota de baloncesto, dolor de huesos y oídos, cagalera, vómitos y, lo peor sin duda, mucha fiebre.

Odio la fiebre. En serio, la odio. Lo diré una vez más, a lo Capitán Garfio: odio, odio, odio la maldita fiebre. Me reprocharán ahora los sanitarios (si es que hay alguno leyendo) que la fiebre sólo es un síntoma, una señal de alarma que nos advierte acerca de una situación de riesgo para el organismo. Y me parece estupendo, en serio, pero servidor siempre ha asociado la fiebre con ese malestar general que te inutiliza y te postra en la cama, y eso es sin duda lo que más me jode de estar enfermo: la sensación de parálisis e inutilidad. No tanto por dejar de ser productivo, no trabajar, etc. (que en este caso también me ha cabreado bastante, porque la gripe me ha obligado a postergar la entrega de mis páginas para el tomo 3 de “Historias de Galiza”, lo cual me jode y mucho en mi orgullo profesional); sino porque esas innumerables horas de pasividad no pueden ser ocupadas con ninguna otra actividad salvo sentirse rematadamente mal. El malestar te impide leer, ver cine, escuchar música, mantener una buena conversación o siquiera pensar y reorganizar tus propias ideas. Bajo la influencia de la fiebre lo único que se puede desear es dormir y no soñar, no sea que en uno de tus sueños febriles te ataque un cowboy despelleja-caras (basado en un sueño real) o te dé por creer que tienes múltiples extremidades (y por múltiples me refiero a muchas más de cuatro) que te impidan acomodarte entre sábanas y colchón (y esto también está basado en un sueño real).

Por suerte, y como se suele decir, la gripe pasa en una semana si te medicas o siete días si no lo haces, así que a partir del pasado domingo ya me sentí restablecido y con ganas de tomar nuevamente las riendas de mi vida.

La putada es que ahora tengo tanto que dibujar (antes de contagiarme ya llevaba el retraso, digamos, “normal” y después del gripazo no os quiero ni contar) que durante los próximos 15 días desearé caer otra vez enfermo para poder tomarme un respiro.

Pero sin fiebre, por favor.

4 comentarios:

Hector dijo...

bueeno.. primeramente,
feliz añoo!!..-_- más vale tarde..

Y ahora, bueno, tan solo darte ánimos para que pronto puedas aliviar tal densidad de trabajos..

No te me agobies, que esas cosas afectan a la calidad del producto -por no hablar de tu salud psicológica-..

Paciencia, joven padawan.. :-D

Hector dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jero dijo...

Muchas gracias por los ánimos, tío, y feliz año (tardío) igualmente.

La calidad del producto decrece a medida que avanzan los días y se me acumulan las prisas, por eso esta vez he empezado por las últimas 5 páginas, jeje, para que la historia termine mejor de lo que empieza y no al revés... Ojalá tuviera más tiempo (frase recurrente que viene a demostrar lo jodidamente lento que soy dibujando...)

En fin. Espero que todo te vaya bien en Capital City y pronto des muestras de tus progresos artísticos. ¿Para cuándo una historietilla?

Un abrazo, maestro Kenobi!

Anónimo dijo...

...ai q el cowboy no se limitaba a despellejar caras...era el cuerpo entero....y como dolía...yo lo veía así acercándose a lo lejos en su caballo....sí, la fiebre es muuuuy mala, jajajaja