martes, junio 29, 2010

Sangre y hierro

Reconozco no ser un gran conocedor de la filmografía de Sam Peckinpah. Es lo que tienen la juventud y la ignorancia. Ambas, por fortuna, son enfermedades con cura.


Hace ya un tiempo tuve la suerte de ver “Perros de paja” y “Grupo salvaje”, dos películas colosales que me pusieron tras la pista de un director enérgico y violento, algo misántropo (y bastante misógino) y con un concepto propio del tratamiento de la imagen y el montaje. Este fin de semana, después de la ferviente recomendación por parte de un amigo de mi hermano de exquisito criterio cinematográfico y de una tentadora alusión en el blog del tito (perdón, del papi) Charlie, aprovechando que J (mayúscula) pasaba unos días en mi piso de Madrid (a cuento del concierto de Kiss) y que mi primo Mon tenía el DVD a mano (¡alegre coincidencia!), pude ver por fin “La Cruz de Hierro” y reflexionar acerca de un par de cosas (o tres).


Lo primero, que Peckinpah se tiene bien ganada su fama de grande del cine. Lo segundo, que determinados géneros ya no son lo que eran. Lo tercero, que de aquellas lluvias, como se suele decir, vienen estos lodos.

“La Cruz de Hierro” es una atípica película de género bélico. Los protagonistas, cosa harto inusual, son soldados alemanes en el frente Este de la II Guerra Mundial (guardando estrecha relación con lo que comentaba hace unos días en aquella reseña literaria; ya veis, últimamente estoy un poco monotemático). Más inusual aún es que la descripción de estas tropas del ejército nazi huya de maniqueísmos zafios y nos presente no ya a hombres normales y corrientes (como los hubo en todo bando de toda guerra), sino a ciertos individuos que podríamos considerar incluso héroes (siempre dentro del significado que esta palabra tiene para Peckinpah, claro).


El protagonista, un durísimo sargento Steiner magistralmente interpretado por James Coburn (miembro junto a Clint Eastwood, Charles Bronson o Lee Marvin de la “liga de la mirada de serpiente”), tiene a su cargo a un aguerrido pelotón que vive y lucha de acuerdo con un estricto código de camaradería, efectuando violentas incursiones contra unidades del ejército bolchevique. Steiner es un hombre de carácter problemático, que desafía continuamente a la autoridad pero que se ha ganado a pulso el respeto de subalternos y superiores gracias a sus acciones en la línea de fuego. La llegada del capitán Stransky (Maximilian Schell, también superlativo), un aristócrata prusiano obsesionado con conseguir sea como fuere una cruz de hierro, condecoración militar concedida al mérito en combate, desembocará en conflicto cuando su camino se cruce con el de Steiner, totalmente ajeno a cuestiones políticas y burocráticas.


Muchos son los méritos de “La Cruz de Hierro”. Dentro de los puramente técnicos encontramos un aprovechamiento total del bajo coste de producción, una banda sonora inquietante (y ausente por momentos, remarcando la tensión de ciertas escenas), un montaje que crea atmósferas de pesadilla (mención especial para las secuencias en el hospital militar) o un uso dramático de la cámara lenta, casi como si el “Sangriento Sam” se recrease en la belleza del horror (algo totalmente falso, pues “La Cruz de Hierro” se descubre en todo momento como una obra claramente antibelicista al más puro estilo “Senderos de gloria” o “Johnny cogió su fusil”). También el ritmo de la cinta, pese a que se presume cierta mutilación en el metraje, no deja lugar a dudas acerca de la claridad de ideas con que Peckinpah planificó su proyecto. Escenas como la toma del puente o la sórdida captura del puesto de mando femenino aceleran el pulso del espectador al tiempo que se quedan grabadas a fuego en la retina.


Resulta inevitable caer rendido a los pies de “La Cruz de Hierro” desde sus primeros compases. Steiner es un héroe de la vieja escuela, de los que “pegaban duro y besaban aún más duro”, que podría abrirle la cabeza a culatazos a cualquiera de los yogurines expertos en volteretas y pataditas del cine reciente. No hay ni un atisbo de la mojigatería habitual del cine actual en esta película. Tampoco hay rastro de predictibilidad, otra de las grandes lacras de la industria hollywoodiense de nuevo cuño. Las cintas bélicas norteamericanas más importantes de los últimos diez años (me vienen a la cabeza títulos como “Black hawk derribado”, “En tierra hostil”, “Cartas desde Iwo Jima” o el pseudo-spaghetti “Malditos bastardos”) palidecen ante el film de Peckinpah como una bombilla ante una supernova. Más cine clásico es lo que habría que enseñar al cinéfilo moderno, para que aprendiese a valorar cada género como realmente se merece y no ensalzase, precipitadamente y por desconocimiento, películas que no merecen tanto laurel. Para encontrar actualmente ejemplos de este savoir faire hay que emigrar a otras cinematografías o irse directamente a la caja tonta, que últimamente arriesga más (y acierta más) que su hermana mayor, la pantalla grande. Y que conste que yo me acuso el primero de haber metido la pezuña en muchas ocasiones, llenándome la boca con elogios hacia una obra reciente para más tarde descubrir que, en efecto, aquello ya estaba más que inventado.


Y es que, a cuento de las lluvias y los lodos que antes mencionaba, resulta evidente que, por ejemplo, Quentin Tarantino ha ido haciendo sus deberes a costa del amigo Peckinpah del mismo modo en que tantos otros realizadores actuales le deben buena parte de su carrera a la generación que entre los 60 y 70 configuró el cine moderno. Películas que en su momento pasaron por obras menores como esta “La Cruz de Hierro” han demostrado no sólo ser, a la postre, grandes clásicos infravalorados, sino estar en total disposición de darle una soberana paliza a muchas de las que hoy se nos venden como “nuevas joyas del cine”.

Tampoco eso debería calentarme demasiado la sangre. Es bien sabido que lo que hoy reluce mañana desluce, que decía Juan de Mariana, y que, para ir curando tanta juventud e ignorancia, películas como la de Peckinpah siempre estarán a nuestro alcance allí donde perviven los clásicos; donde permanece escrita, imborrable, la auténtica historia del cine.

Allí donde crecen las cruces de hierro.


(¡Demonios, tenía que decirlo!).

2 comentarios:

charlie furilo dijo...

Con todo el material que estás devorando últimamente (de todo tipo además) te debes estar convirtiendo en todo un erudito, jejeje... A mi la Segunda Guerra Mundial es un tema que siempre, desde chiquitito, me ha apasionado, y también he tenido mis épocas, jejejee. Y curiosamente una de ellas se inició con la novela de "Hermanos de Sangre" de Stephen Ambrose. Luego vino la serie y un porrón de libros más. Si no te lo has leído te recomiendo dos de Antony Beevor, "Stalingrado" y "Berlin: La caída". Aunque a veces son dificiles de seguir con el rollo de las divisiones, los generales y las maniobras militares, cuentan muchas historias personales de soldados y civiles, así como datos de la contienda, que me impresionaron sobremanera...

En cuanto a "La Cruz de Hierro" me alegro que te haya gustado. A mi me parece una jodida obra maestra (y quizás está algo infravalorada, porque no se ha oído hablar mucho de ella). Creo que ya te lo dije, una de las mejores pelis bélicas de la historia...

Y gracias por la mención, again.

Por cierto, aunque no viene muy a cuento, acabo de terminar de ver la primera temporada de "Breaking Bad" (no se si la conocerás). Cuando tenga un rato haré un reseña por el blog, pero aprovecho para recomendartela efusivamente: Cojonuda. Solo son 7 capítulos pero merecen la pena (y por lo visto la 2ª y 3ª temporada, mejoran). Aunque solo sea por la magistral interpretación de Bryan Cranston tienes que verla (al fulano le dieron 2 Emmys consecutivos por su papel de Walter White)

Jero dijo...

Ya he rebajado un poco la pasión por la II GM gracias a la tercera temporada de "The Wire", que ayer terminé de ver (¡madremíamadremía!). De todos modos el rollo bélico es uno de esos temas recurrentes; como tú mismo dices, va por épocas.

La novela de "Hermanos de sangre" tiene buena pinta, pero teniendo la serie tan fresca igual no es una buena idea, además tengo unas... no sé, 10.000 páginas de libros pendientes (no exagero, lo juro) en las estanterías... De todos modos, anoto tus recomendaciones, sobre todo porque el tema a mí también me parece interesantísimo. Tenía pensado rastrear por internet la serie de documentales "The world at war" que al parecer es muy completa y tiene muchísimo material audiovisual de primer orden:

http://www.filmaffinity.com/es/film327799.html

Y entre los libros que tengo comprados y pendientes de leer están los dos tochazos de "La Segunda Guerra Mundial" escritos por el mismísimo Churchill. No tengo ni idea de cuándo me pondré con ellos (en algún momento de esta década, espero, jejeje) pero tienen muy buena pinta.

Al respecto de "Breaking bad", un amigo (que se pasea de vez en cuando por aquí: ¡hola, Villaviciosín!) me la recomendó encarecidamente tras la primera temporada (y luego muchas veces más) así que la tengo pendiente de ver desde hace tiempo, pero la verdad es que ya hago malabarismos para poder darle a todo (cine, series, comics, libros, música... últimamente un poco abandonada) y aún no he sacado tiempo para ponerme con ella.

También me gustaría darles una oportunidad a "Mad men", "The Pacific", "Treme", "The shield", "Roma", "Carnivale", "Battlestar Galactica"... y eso después de ver las dos temporadas que me quedan de "The Wire", la tercera de "Deadwood" y una y media, más o menos, de "En terapia"...

¡Santo cielo, soy un ociópata grave! ;)