lunes, noviembre 10, 2014

Black Holes and Revelations

En una de las últimas entradas del Abismo, servidor nombraba a David Fincher, Paul Thomas Anderson y Martin Scorsese como sus tres directores en activo preferidos. Christopher Nolan, un tipo que me ha hecho disfrutar con su cine como un cerdo en un lodazal, se quedaba fuera de la selección porque el menda todavía no había logrado perdonarle la tremenda decepción que en su momento supuso el cierre de su trilogía del Caballero Oscuro. “La leyenda renace” (ridículo subtítulo para la traducción española de “The Dark Knight Rises”) sigue pareciéndome lo peor de su filmografía, pero a la vista de las últimas revelaciones uno comprende que el cineasta londinense debió escribirla y filmarla con el piloto automático puesto, por pura presión contractual y lidiando a duras penas con el handicap que la muerte de Heath Ledger (pieza irreemplazable de su fresco gothamita) supuso para el proyecto. No trato de disculpar a Nolan; es sólo que, vista por fin “Interstellar”, uno puede percibir claramente la abismal diferencia de energía e ilusión puestas en uno y otro proyecto por parte del realizador.


Co-escrito junto a su hermano Jonathan, el noveno largometraje del artífice de “Memento” nos conduce a un futuro próximo y desesperanzado en el que el planeta Tierra, saqueado durante siglos por la codicia humana, padece sus últimos estertores. Las cosechas se pierden, la atmósfera se vuelve irrespirable y los gobiernos del mundo desvían sus recursos económicos hacia soluciones a corto plazo para la supervivencia de nuestra especie. La investigación científica se ha convertido en un lujo con mala prensa y el “pan para hoy, hambre para mañana” se ha impuesto como un nuevo mantra para la humanidad. En este contexto, un ex-piloto, ingeniero reconvertido en granjero y esforzado padre de familia viudo, deberá tomar la complicada decisión de quedarse con sus hijos en la Tierra y contemplar cómo todo lo que ama muere en el plazo de unas décadas o lanzarse al espacio en una misión desesperada, con escasas posibilidades de retorno, a la búsqueda de un nuevo mundo habitable para el ser humano.


Matthew McConaughey interpreta al abnegado pionero cósmico aportando profundidad y cercanía a un personaje que podría haber caído fácilmente en el retrato simplista tan habitual de las superproducciones modernas (como el Bruce Willis de “Armaggedon” o cualquiera de los héroes de la filmografía de Roland Emmerich). Magníficamente flanqueado por Anne “I dreamed a dream” Hathaway, Jessica “Where is Bin Laden?” Chastain, Casey “Robert Ford” Affleck y el actor fetiche de Nolan, Sir Michael “Why do we fall?” Caine, el último ganador del Oscar al mejor protagonista masculino ofrece un recital de sentimientos y humanidad, poniendo la guinda a un 2014 irreprochable que en nuestro país incluye títulos como “El lobo de Wall Street” (en EEUU se estrenó a finales de 2013), “Dallas Buyers Club” y la primera temporada de “True Detective”. El tipo de “Los fantasmas de mis ex novias”. Ja.


Hay en el film una carga importante de ciencia-ficción (y de ciencia a secas) ultra-verbalizada que resulta menos compleja de lo que en un principio uno podría suponer. A la larga, de hecho, sólo hay que tener claras dos o tres ideas que no son precisamente nuevas: agujeros de gusano, agujeros negros y los efectos de la relatividad aplicada al paso del tiempo cuando uno viaja a través del cosmos. Quizás para el gran público no sean cuestiones de naturaleza cotidiana, pero tampoco es nada que uno no haya podido leer antes en infinidad de novelas o tebeos de ciencia-ficción. Por el lado cinematográfico, las referencias de “Interstellar” son numerosas: “2001: una odisea en el espacio” es la más evidente, pero también encontramos elementos reconocibles de “Encuentros en la tercera fase”, “Horizonte final”, “Alien, el octavo pasajero”, “Misión a Marte” e incluso la reciente “Gravity” de Alfonso Cuarón.


Más allá de la falta de novedades reales en el terreno conceptual, resulta fascinante descubrir cómo el director se las arregla para traducir algunas ideas (digamos) poco visuales a la pantalla, sobre todo en el último tercio del film, tirando de una sofisticada imaginería escénica que recuerda inevitablemente a su propio trabajo en "Inception (Origen)". Éste es el Nolan en el que el fandom confía. El que tira la casa por la ventana (y no sólo en cuestión de presupuesto) a la hora de abordar sus propuestas más arriesgadas. El Nolan infinitamente ambicioso y consciente de su propia genialidad, sea ésta real o no (algo que dependerá del punto de vista de cada espectador). De ahí lo que comentaba antes acerca de la implicación puesta en este film en comparación con su último Batman: lo que allí era pura rutina, recursos más o menos hábiles para solucionar la papeleta sin estrujarse demasiado el seso, aquí es hambre de gloria y delirios de grandeza. Nolan no quiere hacer taquilla, eso viene de serie con las expectativas que el público ha depositado en él. Nolan quiere ser Kubrick. Quiere ser Tarkovsky. O mejor aún, quiere ser Kubrick y Tarkovsky juntos. Y también Steven Spielberg, el tipo que ha hecho de la expresión “cine familiar” un sello de identidad.


Quienes llevan años criticando la ausencia de sentimiento en el cine del británico tendrán que envainársela tras el estreno de “Interstellar”. Contra todo pronóstico, el homérico viaje espacial de McConaughey te golpea emocionalmente como un tren de mercancías. Puede que el cosmos sea un erial frío y desolado, pero lo que late en las entrañas del film es algo mucho más cálido y humano: el sacrificio infinito, como el universo, que un padre puede llegar a hacer por sus hijos. El gélido trabalenguas espacio-temporal que Nolan pone en boca de Michael Caine tiene su reverso más visceral en la defensa que el personaje de Anne Hathaway hace del amor como variable cuántica, y lo que uno acaba llevándose a casa al terminar la película no es tanto el hiperbólico ejercicio de supervivencia en gravedad cero (que sí, es fascinante e hipnótico) como el drama de un padre destinado a perder a sus hijos para poder asegurarles un futuro. Eso es algo con lo que cualquiera puede conectar (cualquiera que quiera un poco a su familia y trate de imaginarse lo que supondría tener que renunciar a ella para siempre), y es de ahí precisamente de donde emana la fuerza gravitacional que mantiene a la última propuesta de Nolan con los pies bien pegados a la Tierra (metafóricamente hablando) y al espectador con la mandíbula apretada y los ojos vidriosos durante las casi tres horas de metraje.


Buena parte del mérito a la hora de aterrarnos y sobrecogernos la tiene la banda sonora que Hans Zimmer ha compuesto tomando como referente la orquestación ominosa, con gran presencia del órgano, que Phillip Glass había planteado para “Koyanisqaatsi” (y que tan popular se volvió a raíz de su utilización en la discutible adaptación al cine de “Watchmen”). También hay espacio en la partitura de Zimmer para fragmentos más calmados que recuerdan a las piezas de Strauss seleccionadas por Kubrick para “2001”: otra más de las muchas deudas de “Interstellar” hacia el film de culto de 1968.


La épica galáctica de Nolan sirve en bandeja tanto a sus apologistas como a sus detractores multitud de argumentos para la glorificación o el escarnio. Quienes le acusen de ser grandilocuente y sobreexplicativo y de hacer malabarismos para ocultar los agujeros en sus guiones encontrarán en “Interstellar” nuevos motivos para desdeñar sus evidentes logros cinematográficos. Sus seguidores, por el contrario, tendrán munición de sobra para defender a uno de los pocos cineastas actuales capaces de plantear blockbusters de género fantástico sin renunciar a las pretensiones trascendentales del cine de autor; y además desde ahora podrán quitarle el estigma de no saber conectar con el lado emocional del espectador. Como en “Inception”, la película de Nolan a la que “Interstellar” más se aproxima en ambiciones y resultados, el grado de satisfacción del público dependerá en gran medida de su facilidad (o voluntad) para dejarse engatusar por la propuesta del director y guionista. Aún consciente de las imperfecciones de la cinta y del hecho, bastante importante, de que me sabía su final desde el minuto quince, yo he vuelto a enamorarme del talento del realizador británico como lo estaba antes de esa decepción que en 2012 lo arrastró fuera de mi lista de directores actuales preferidos.

Bienvenido de nuevo, Christopher Nolan. No sabes cuánto te echaba de menos.

9 comentarios:

David GB dijo...

Entre todos me vais a joder la peli. Ya está bien de tanto hype, que no me aguanto.

Niña imantada. dijo...

Yo siento tanto amor por este hombre que aunque me hiciera una patata podrida para mi sería una obra maestra. Sé que no me va a defraudar :)

Jesus dijo...

Como ya te comenté me ha encantado la película. La historia me dejo pegado a la pantalla durante sus casi 3 horas de película y como espectáculo audiovisual es sencillamente impresionante, hacía tiempo que no disfrutaba tanto en un cine :D

Jero Piñeiro dijo...

David GB: las grandes expectativas siempre son un arma de doble filo. Aún así confío en que te guste. Tengo ganas de conocer más impresiones sobre la película.

Niña Imantada: pues "Interstellar" es 100& Nolaniana (naniana) así que dudo que te decepcione. A falta de ver "Following", yo diría que está en mi Top 3 del director, junto con "Memento" e "Inception". Aún no he decidido en qué puesto en concreto :P

Jesus: la verdad es que con lo larga que es a mí no se me ha hecho nada pesada y no he parado de disfrutar ni un minuto. No digo que sea perfecta (pocas películas lo son), pero desde luego para mí es de lo mejorcito que he visto en cine en el último año. Me alegro de que la hayas disfrutado tanto como yo.

Jero Piñeiro dijo...

Uy, en la respuesta a Nerea quería decir "100% Nolaniana". Me ha salido ahí una cosa rara, jajaja...

Lansky dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lansky dijo...

Acabo de volver de verla, en V.O., naturalmente, y es U.P.O.M (Una puta Obra Maestra), es mejor que el Kubrick de 2001, mejor que el Tarkosvsky de Solaris. Gracias Jero

Adrián Castro dijo...

Mención sobre el sonido que no comentas en tu post.
Me parece también espectacular y muy bien construído el diseño sonoro. Nolan parece que quiere reventar las salas de cine, yo de hecho lo vi en una sala iSens de cinesa, o lo que es lo mismo con sonido Dolby Atmos, pero en el momento álgido final algunos altavoces sonaban a cascados en la parte izquierda de la pantalla.
Pero obviando esto, creo que una nominación tendrán y se deberían llevar un premio de la academia.

Por cierto, interesante artículo sobre la peli aquí.
http://www.fxguide.com/featured/interstellar-inside-the-black-art/

Saludos!!!

Jero Piñeiro dijo...

Lansky: no me des las gracias a mí. En todo caso dáselas a Nolan ;)

Adrián: no tengo un oído tan fino como el tuyo para el diseño de sonido, pero sí te doy la razón en lo de que Nolan "quiere reventar las salas de cine". Es una de sus señas de identidad, también con la música, y ya tuvimos bastante de eso en "Inception" y "TDKR". Le echo un vistazo al artículo, que tiene muy buea pinta. Saludos!