viernes, junio 20, 2014

Arquetipos con sombrero y pistola

Por mucho que uno intente estar al día de todos los tebeos que se publican en España (aunque luego acabe picoteando sólo de una parte mínima), es inevitable que entre la marea de publicaciones mensuales más de una novedad interesante se escape por debajo del radar. Desde luego, a mí se me habría pasado por alto el brillante debut en nuestro país de la serie francesa “Tyler Cross” si no llega a regalármelo sin previo aviso J. (mayúscula). Sospecho que el tebeo escrito por Fabien Nury (del que hasta ahora sólo había leído los álbumes publicados por Norma de la interesantísima “Yo soy legión”) y dibujado por Brüno (a quien no conocía en absoluto) dará bastante que hablar entre los comentaristas y recomendadores habituales de las webs de comics, o al menos así debería ser, pero lo cierto es que yo no tenía ni idea de su existencia hasta que mi hermano me lo entregó envuelto en papel de regalo el pasado fin de semana.


“Río Bravo”, primer álbum de la colección, fue publicado en abril por Dibbuks en una excelente edición en tapa dura, y supone la presentación de un anti-héroe de serie negra muy en la línea del Parker de Richard Stark: un bastardo de sangre fría y mandíbula cuadrada metido en problemas con los cárteles mexicanos y la mafia italiana, víctima de traiciones por parte de sus supuestos aliados y objeto romántico (a su pesar, o tal vez no) de sensuales mujeres de dudosas intenciones. Un arquetipo, en fin, situado en el epicentro de una trama no menos arquetípica, a caballo entre el western y el hard boiled, que dedica sus 90 páginas a pulsar sin descanso los resortes de ambos géneros. Tanto es así que los propios Nury y Brüno incluyen en el libro unas notas finales en las que desvelan, sin asomo de vergüenza, de dónde han salido muchas de las influencias tomadas para dar forma a la narración: “Más allá de Río Grande”, “El último refugio”, “La Dalia Negra”, “La huida”, “Los profesionales”, “Grupo salvaje”, la Trilogía del Dólar de Sergio Leone...


El dibujo de Brüno, una curiosa simbiosis entre el estilo cartoon de Michael Avon Oeming y el trazo indie (término un tanto impreciso, lo sé) de Seth, puede parecer esquemático o poco trabajado en un primer acercamiento, pero a la larga se revela como uno de los mayores atractivos de “Tyler Cross”. Sus diseños de personajes son certeros en su simplicidad y su puesta en página es elegante y diáfana. Una herramienta narrativa idónea para la historia y el tono planteados por Nury, que parece sentirse muy cómodo escribiendo el argumento que su compatriota plasmará luego en viñetas sobre el papel.



Hay ciertos comics que, mientras uno los lee, inevitablemente siente el disfrute con el que sus autores los han ido construyendo. A veces esa diversión se percibe como algo ajeno, un juego privado entre guionista y dibujante en el que uno no consigue involucrarse. En otras ocasiones (las mejores), el equipo creativo consigue transmitir ese sentido lúdico al lector y hacerlo partícipe del disfrute. “Tyler Cross: Río Bravo” es un buen ejemplo de esto último. Ni su absoluta falta de originalidad, ni su narrativa convencional, sin grandes alardes narrativos, consiguen empañar el hecho de encontrarnos ante un comic divertidísimo, que se coge con curiosidad desde la primera página y no se suelta ni a tiros hasta la última. Y tiros, os lo aseguro, hay muchos.