martes, marzo 11, 2014

Los detectives salvajes

Superado el abismo técnico y presupuestario que hasta no hace tanto había diferenciado al cine de su hermano tonto catódico, la televisión ha conseguido ganarle definitvamente la partida a las salas de proyecciones liberándose de la limitación temporal. “The Wire” es una “French Connection” de 60 horas, “Los Soprano”, la edición más extendida de “Uno de los nuestros” que uno podría desear, y “Hermanos de sangre” la versión 2.0 más grande, más larga y sin cortes de la ya de por sí monumental “Salvar al soldado Ryan”. Es en esa capacidad para el desarrollo pleno de subtramas y personajes, en esa posibilidad de no dejar nada fuera de las dos fugaces o eternas horas (tres, si dirige Peter Jackson) que dura una película convencional, donde las series demuestran su auténtico potencial. El caso de “True Detective” no es ajeno a esto: su premisa inicial (pareja de policías persiguen a asesino en serie) recuerda inevitablemente a una tonelada de films estrenados en los últimos veinte años, siendo dos películas de David Fincher, “Seven” y “Zodiac”, las referencias que mejor describen el tono de la última propuesta de la HBO.


El punto de partida de “True Detective” no tiene nada de novedoso, pero sus casi ocho horas de desarrollo permiten una exploración de la psicología de sus protagonistas que supera con creces cualquier descripción de personajes vista previamente en el cine de psycho-killers. Hasta el punto, de hecho, de que lo menos interesante de la serie acaba siendo el caso policial que la vertebra: el alma de “True Detective” se encuentra en la complicada dinámica generada entre Rust Cohle y Marty Hart, dos investigadores tan incompatibles (por método policial y actitud vital) como puedan serlo el agua y el aceite, condenados a debatir durante 17 años, a un nivel casi metafísico, sobre los misterios de la vida y la muerte.


Hay en “True Detective” un constante trasfondo filosófico, a pesar de lo que al personaje de Hart, un hombre vulgar de apetitos muy vulgares, le gustaría. Su compañero, un obsesivo detective sin pelos en la lengua llamado “óxido” (Rust en inglés), padece un caso severo de nihilismo alucinatorio con tendencia a la conspiranoia, consecuencia de sus tragedias personales y de su controvertido currículum policial. Por mucho que haya un asesino en serie sembrando el terror por los pantanos de Luisiana, el sociópata más interesante de “True Detective” es sin duda el detective Rustin Cohle. A ello contribuye, sin duda, la lección interpretativa ofrecida por el hombre del momento en Hollywood, Matthew McConaughey. El último ganador del Oscar al mejor actor principal (por la estupenda “Dallas Buyers Club”) ha conseguido darle un giro insólito a su carrera en apenas dos años. De lucir palmito como tipo-guapo-genérico y protagonizar films tan banales y alimenticios como “Los fantasmas de mis ex-novias”, “Sahara” o “Como locos a por el oro” a sorprender en “Mud” y “Killer Joe” e incluso robarle la película (y no sólo la película) en apenas 5 minutos al Leonardo DiCaprio de “El lobo de Wall Street”. Su 2014 será redondo cuando el próximo noviembre lo veamos como cabeza de cartel en el presumible nuevo taquillazo (con halo de culto) de Christopher Nolan, “Interstellar”.


El trabajo de McConaughey en “True Detective” es superlativo, a un nivel reservado para monstruos televisivos de la talla de James Gandolfini, Ian McShane o, casi casi, Bryan Cranston. En frente está Woody Harrelson defendiendo con su habitual buen hacer a un personaje necesariamente menos jugoso pero igualmente importante para el show. De la antítesis entre uno y otro, a muchos niveles, nace la chispa que incendia “True Detective”, y eso es mérito de ambos actores y de un libreto, firmado por el creador de la serie Nic Pizzolatto, plagado de diálogos rotundos y silencios aún más rotundos. Más allá de un par de tópicos difícilmente eludibles en el thriller de psicópatas, la investigación policial que ejerce de leit motiv se estructura como un meticuloso puzzle de flashbacks y narraciones en off y ofrece interesantes giros de guión, pero sobre todo permite que el arco dramático de sus personajes los lleve de un estado mental y emocional al siguiente con pasmosa naturalidad. Constatación, una vez más, de que “True Detective” es, fundamentalmente y pese a todas sus demás virtudes, una serie de personajes (¿a alguien más le resulta imposible no pensar en “Lost” cuando escucha esta expresión?).


La tercera estrella Michelin la ponen la sobrecogedora puesta en escena y el trabajo de dirección, finísimo, llevado a cabo por el realizador Cary Joji Fukunaga. Quien haya visto la última versión de “Jane Eyre” protagonizada por Mia Wasikowska y Michel Fassbender no se sorprenderá al reconocer en “True Detective” la misma atmósfera opresiva y fantasmagórica que el director de ascendencia sueco-japonesa imprimía al clásico literario de Charlotte Brontë. Fotografiado en neblinosos tonos grises y frondosos verdes, el Bayou al que cantaba John Fogerty se revela como un perfecto enclave para el terror, plagado de charlatanes con alzacuellos y catetos de los pantanos de genealogía sospechosamente endogámica. Sólo faltan John Constantine con los rasgos de un joven Sting y la Cosa del Pantano dibujada por Stephen Bissete y John Totleben para que uno se sienta como en una relectura en clave neo-noir de la mítica saga de tebeos “American Gothic” de Alan Moore.


Fukunaga asume la realización de “True Detective” con la determinación de un trabajo 100% autoral, como si fuera la obra de su vida, sin la imposición de restricciones narrativas nacidas de un supuesto complejo de inferioridad catódico. La televisión del siglo XXI puede pensar a lo grande (ahí están “Juego de Tronos” o “Boardwalk Empire”, hablándole al cine de tú a tú), y no hay nada más grande en la historia del medio, a nivel estrictamente cinematográfico, que el descomunal plano secuencia con el que culmina el cuarto episodio de esta serie, digno de una superproducción de Joe Wright (“Expiación”) o Alfonso Cuarón (“Hijos de los hombres”, “Gravity”). Desde un punto de vista técnico, “True Detective” es otro clavo más en el ataúd del Séptimo Arte tal y como se había entendido hasta ahora. O quizás ya sea hora de admitir que la línea divisoria entre cine y televisión ha desaparecido para siempre y que, lo mismo que una novela puede tener 200 páginas o 1.000, las películas del futuro (las películas del presente, en realidad) tendrán por fin la libertad narrativa que ofrecen todos los medios de difusión a su alcance, ya sea un cortometraje subido a YouTube o Vimeo, un film de dos horas exhibido en las multisalas de un centro comercial o una historia de 500 minutos emitida directamente por cable y descargada, al día siguiente, al disco duro de millones de ordenadores en todo el mundo. Contradiciendo esa expresión coloquial tan melindrosa, las cosas más grandes ya no vienen necesariamente en frascos pequeños... aunque cosas tan ínfimas como un opening de minuto y medio puedan resultar tan evocadoras.


Casualmente la gran amenaza del éxito televisivo, la antinatural longevidad folletinesca de seriales como “Prison Break”, “Dexter” o la mentada “Lost”, es uno de los males a evitar por “True Detective”. Siguiendo el modelo antológico de “American Horror Story”, la creación de Pizzolatto (fogueado como guionista en otra serie con homicidio de trasfondo, “The Killing”), narrará en cada nueva temporada un caso distinto, protagonizado por personajes (y actores) diferentes, tratando de renovar en la medida de lo posible el factor sorpresa que ha hecho de esta primera entrega de “True Detective” uno de los fenómenos televisivos más arrolladores de los últimos años. El listón está ahora en los cielos, pero como espectador me produce una gran satisfacción tener la certeza de que futuros aciertos o desmanes de la HBO no podrán echar por tierra el resultado casi perfecto de estos ocho episodios que ya forman parte de la historia de la televisión. Y, por extensión, del cine como vehículo para contar historias.

8 comentarios:

charlie furilo dijo...

¡Coñio! O no has podido evitarlo y empezaste a verla antes de que terminara o te has dado un atracón en menos que canta un gallo, jajaja!!!

Ya sabía yo que te iba a gustar,camarada. Suscribo punto por punto, y coma por coma, todo lo que escribes (igual de bien a como nos tienes acostumbrados, por cierto).

Además, de todo lo que dices, a mi me ha encantado ver de nuevo a viejos conocidos de "The Wire": Paul Ben-Victor (Spiros Vondas), Clarke Peters (Lester Freamon) o Michael Potts (Brother Mouzone)

Antonio Alvarez dijo...

Un poco disparate eso de que la tv se come al cien, no? Son 2 cosas distintas aunque se hagan de forma parecida. O estabas puesto al escribir esto o no estas viendo cine en la postura adecuada.

Jake Holman dijo...

Un texto agudo, bien argumentado, lúcido y, sobre todo, necesario: quizá esta vía televisiva, con las ventajas añadidas de una duración que permite un mayor desarrollo de los personajes, sea una posible salida a lo que hace décadas fue el cine clásico y hoy se encuentra anquilosado en superproducciones con un valor exclusivamente comercial que copan el mercado. En su “Diccionario del Cine”, Fernando Trueba (un tipo bastante inteligente que no tiene la culpa de tener el hermano que tiene) decía que tal vez en el cine aún quede mucho por descubrir, y la televisión, un medio con tantas posibilidades y, en general, tan poco aprovechado, está demostrando que eso es posible.

Jero Piñeiro dijo...

Charlie: empecé a ver "True detective" tras la emisión del episodio 7, así que tuve una semana para ponerme al día antes del estreno del último capítulo. No fue un atracón, pero casi, y creo que ha ayudado al disfrute de la serie. Me cuesta mucho ver sólo un capítulo a la semana de algo que me enganche de verdad; prefiero esperar a tener una temporada completa y así no comerme la larga espera entre episodio y episodio. Dados los ingredientes de "True detective" y los elogios casi unánimes que estaba recibiendo, hasta yo tenía bastante claro que me iba a gustar, jejeje. Vaya curro de recopilación de artículos sobre la serie te has pegado en el facebook de TMCAF: gracias a ellos descubrí la relación entre "True detective" y H.P. Lovecraft y otros escritores precursores del perturbado genio de Rhode Island; muy interesante. Si te ha molado recuperar en pantalla a algunos de los actores de "The Wire", te recomiendo que veas "Treme", donde Clarke "Lester Freamon" Peters, Wendell "Bunk Moreland" Pierce y James "Ziggy Sobotka" Ransone tienen destacados papeles. Por eso y porque además es una pedazo de serie creada por David Simon. Y muchas gracias por el elogio, camarada ;)

Antonio Alvarez: por supuesto, la valoración que hago del cine y las series en la actualidad es totalmente subjetiva, pero se agradecería que argumentases un poco tu opinión. De todos modos yo no he dicho que "la tv se coma al cine", eso es de tu propia cosecha, sino que al liberarse de las restricciones temporales de una película (digamos) convencional, la tv puede explorar en profundidad aspectos que el cine no tiene margen para desarrollar, y que es ahí, más allá de que la tv esté reciclando conceptos que ya existían en el cine, donde puede estar el futuro del audiovisual. Cada vez más, el cine necesita de estructuras episódicas (trilogías y grandes sagas) para mantener su modelo económico. Las franquicias cinematográficas se piensan ahora como historias por entregas ("Harry Potter", "The Matrix", "El Hobbit", las distintas fases de la producción de Marvel Studios) emulando el modelo narrativo televisivo. Al mismo tiempo, técnicamente ya no existe ese gran abismo entre cine y tv, y de hecho son muchos los directores de cine que trabajan para televisión en proyectos tan destacados como "Boardwalk Empire" (Martin Scorsese), "The Walking Dead" (Frank Darabont), "House" (Bryan Singer), "House of Cards" (David Fincher), "Luck" (Michael Mann), "Hannibal" (David Slade), "Breaking Bad" (Rian Johnson), "Hung" (Alexander Payne), "Deadwood" (Walter Hill)... Pero, ey, quién sabe, igual no estoy viendo cine en la postura adecuada. Sea como fuere, bienvenido al Abismo ;)

Jake Holman: bienvenido tú también y muchas gracias por los cumplidos. No comulgo con muchas de las cosas que dice Fernando Trueba, pero en lo que sí estoy de acuerdo es en que al cine le queda mucho por descubrir siempre y cuando no se limite a fotocopiar los aciertos y errores de referentes pasados. El formato de distribución y exhibición siempre ha sido uno de los pilares en los que se ha basado la evolución del audiovisual y tal vez sea hora de asumir que el modelo de salas comerciales está entrando en una decadencia de la que la tele e internet podrían ser la salvación. A mí personalmente hoy por hoy me interesa más disponer de una temporada completa de "The Wire", "Mad Men" o "Breaking Bad" en la comodidad del salón de mi casa, ya sea a través de la tele de pago, del DVD/BluRay o (no digamos) de las descargas de internet, que dejarme 8 euros en ir al cine a ver 2 horas de película. Me parece más cómodo, más barato y, en muchas ocasiones, más satisfactorio a un nivel puramente cinematográfico.

Miguel dijo...

Mira que me están hablando bien de esta seríe. llegué a este blog justamente para buscar recomendaciones. Y Wow... creo que me estoy enamorando sin haber visto el primer capitulo.

Lansky dijo...

Enhorabuena por el blog que he conocido gracias a otro gallego de pro que te ha enlazado en su blog. En general estoy de acuerdo con lo que dices y cómo lo dices, pero lo interesante es el debate, así que me centraré en lo que disiento, que no es nada de lo que dices en tu entrada/post, sino en tu último comentario respuesta. Dices: " A mí personalmente hoy por hoy me interesa más disponer de una temporada completa de "The Wire", "Mad Men" o "Breaking Bad" en la comodidad del salón de mi casa, ya sea a través de la tele de pago, del DVD/BluRay o (no digamos) de las descargas de internet, que dejarme 8 euros en ir al cine a ver 2 horas de película. Me parece más cómodo, más barato y, en muchas ocasiones, más satisfactorio a un nivel puramente cinematográfico.. Pues no estoy de acuerdo. Este mes, por ejemplo he visto cuatro pelis magníficas: El lobo de Wall Street, Nebraska, Hotel Budapest y Philomena, y un fiasco no del todo malo: Here. Las he visto en versión original y pagando cuatro euros en una magnífica sala. Claro que igual podría haber visto cinco bodrios doblados y en una sala con una mala proyección. Pero por las mismas, en vez de las magníficas "The Wire", "Mad Men" o "Breaking Bad", podría haber estado viendo mierdecillas televisivas, que las hay y abundan más, aunque no en la HBO. Es decir, finalmente lo que cuenta es el criterio y formación del espectador. Boyero dice que el mejor cine se hace ahora para televisión; estoy parcialmente de acuerdo, pero yo más bien creo que ambos medios, que en el fondo comparten el mismo lenguaje con distinta extensión, y eso es muy relevante, se fecundan e influyen mutuamente. Para bien.

Un saludo y enhorabuena por el blog, que, insisto, me parece estupendo.

Jero Piñeiro dijo...

Miguel: dale una oportunidad sin dudarlo. Bienvenido al Abismo y gracias por comentar.

Lansky: bienvenido tú también. Muchas gracias por los elogios, me alegro de que te guste el blog. He visto las cuatro películas que citas ("El lobo de Wall Street" y el "Gran Hotel Budapest" en el cine, y a la última le he dedicado hoy mismo una entrada; "Nebraska" y "Philomena" en casa, descargadas en VO con una calidad excelente y reproducidas en la tele del salón; con "Here" tengo dudas, pues no sé si te refieres a la última de Spike Jonze, "Her", o a otra que desconozco). Me han gustado todas, unas más que otras, pero eso no cambia el hecho de que su "envergadura" cinematográfica ya no sea superior a la de las series de televisión. La sala de cine se ha convertido, en mi opinión, en algo circunstancial. Es obvio que el cine se disfruta más en la confortable oscuridad de una sala (siempre que el resto del público sea respetuoso), pero eso también sucedería con "True detective": de hecho, algunos cines de Madrid y Barcelona han proyectado un maratón con los 8 episodios seguidos, y estoy seguro de que la diferencia entre verla en la tele y en la gran pantalla es igual, ni mayor ni menor, que la de ver cualquier película en el salón de casa o en una sala. En esa igualdad de condiciones, la tele sigue imponiéndose por sus virtudes intrínsecas: distribución directa al hogar y cero restricciones temporales (aunque sea por entregas). Lo cual no quiere decir que no se siga haciendo buen cine. Maravilloso, incluso. Y que haya historias que no necesiten 12 horas en pantalla para estar bien desarrolladas. Por otro lado, es igualmente cierto que se hacen innumerables series malas, tantas (o casi) como películas, y que el factor determinante para el disfrute del espectador es en última instancia su criterio personal a la hora de elegir qué ver. Es en este punto donde me olvido de la objetividad para decir que, bajo mi particular criterio de selección, hoy en día encuentro una oferta mucho más interesante en la televisión que en el cine. Lo cual no quiere decir que no haya películas que me apetezca muchísimo ver, o que en lo sucesivo deje de ir al cine y sólo vea series; nada más lejos de la realidad. Pero si antes me la jugaba más a la hora de ver películas de estreno, ahora me mido mucho y sólo pago entrada por una serie determinada de autores o proyectos. Mientras tanto, me quedo en casa echándole horas y disfrutando como un enano con la cuarta temporada de "Boardwalk Empire" (que es la que estoy viendo estos días) :)

Lansky dijo...

Boardwalk Empire es genial, y no digamos ese actorazo que es Steve Buscemi.

Bueno, creo que estamos d eacuerdo. Y perdón por la errata, me refiero, como has supuesto a Her de Spike Jonze, que me ha decepcionado y me ha parecido una anécdota obvia y alargada en exceso. Por cierto, seguro que sabes que Spike Jonze también ha hecho televisión: Jackass, que yo no he visto.

Ahora voy a leer tu crítica de Gran Hotel Budapest