lunes, abril 08, 2013

De Liefeld a Moebius pasando por Burroughs

Hace dos décadas, varios de los dibujantes más sorprendentemente sobrevalorados de la industria norteamericana del comic se plantearon abandonar el seno de las grandes editoriales, a las que acusaban (con razón) de lucrarse con el trabajo de unos creadores a los que se habían negado durante décadas los derechos de explotación de sus creaciones. Tipos con las escasas aptitudes artísticas de Todd McFarlane, Jim Lee o Marc Silvestri, auténticos superventas en una época en la que cabeceras como “Spider-man” o “X-Men” llegaron a imprimir hasta un millón de ejemplares (para que os hagáis una idea, el “Justice League of America #1”, publicado en febrero de este año, alcanzó los 307.734 ejemplares y fue el comic más vendido de DC Comics en el presente siglo) fundaron entonces una nueva editorial, Image Comics, en la que cada uno sería amo y señor de sus obras, sin más cortapisas creativas que las que sus (limitados) talentos les impusiesen. Image Comics fue un absoluto desastre en términos cualitativos, al menos en sus primeros años de vida, pero generó un sanísimo movimiento de reivindicación de los autores por encima de las editoriales sin el cual no podríamos entender el actual panorama editorial USAmericano. Al césar, pues, lo que es del césar.

Lección de anatomía: portada del número 1 de "Prophet" dibujada por Rob Liefeld.

Dentro de esta desbandada de dibujantes-estrella que acabaría dando lugar a Image Comics siempre ha destacado la polémica figura de Rob Liefeld: para unos, el peor dibujante mejor pagado de todos los tiempos; para otros (vale, para ADLO), poco menos que un dios. Cuando Lifeld abandonó sus responsabilidades en Marvel Comics como guionista y dibujante de la cabecera “X-Force” y pudo por fin hacer lo que le diese la real gana en su propio sello editorial, se dedicó a crear una versión paramilitar de (por supuesto) “X-Force” llamada “Youngblood” en la que seguir haciendo exactamente lo mismo que hacía para la Marvel pero ganando mucha más pasta (por eso de minimizar los intermediarios y reducir al máximo el organigrama empresarial). En el segundo número de “Youngblood” hizo su aparición un personaje llamado John Prophet que resultaba ser un super-soldado de la II Guerra Mundial que había permanecido en un sueño criogénico durante décadas hasta que los protagonistas lo despertaban así como por casualidad (y tal). Sé lo que estáis pensando: cualquier parecido con algún conocido super-héroe de Marvel Comics es pura coincidencia. Por razones poco claras, el hipertrofiado Prophet contó en su momento con una serie regular a cargo del propio Liefeld que no superó los 11 números, y posteriormente con otra nueva aventura guionizada por Chuck Dixon que logró alcanzar los 8 episodios. Lo último que se supo de él fue un one-shot publicado en el año 2000. Valiente carrera para un personaje de papel.

Portada del número 23 de "Prophet" (número 3 del relanzamiento, en realidad) dibujada por Simon Roy.

¿Por qué os cuento esto ahora? Básicamente porque hace unas semanas se publicó en nuestro país, de la mano de Aleta Ediciones (los mismos que me alegran la vida con la traducción a la lengua de Cervantes del “Invencible” de Robert Kirkman), el primer volumen recopilatorio del relanzamiento de “Prophet” a cargo del guionista Brandon Graham y un equipo rotativo de personalísimos dibujantes. Y he aquí el hecho por el cual los dos primeros párrafos de esta entrada han sido los 3 minutos y medio peor invertidos de tu vida: más allá del nombre y de algunos ligerísimos rasgos en el diseño de su protagonista, el “Prophet” de Graham no tiene ABSOLUTAMENTE NADA que ver con la versión de Liefeld. Ja. Pringao.

Página de "Prophet" dibujada por Simon Roy.

Lo que el autor de “King City” nos plantea en esta renovada aproximación al personaje es una space opera con ecos de Edgar Rice Burroughs plagada de planetas desérticos y criaturas imposibles en la que un irreconocible John Prophet despierta de su letargo para, de alguna manera todavía por descubrir, “devolver a la vida al dormido Imperio Terrestre” (cito textualmente). Que la fauna y las localizaciones en que se enmarca la acción sean un homenaje constante al espíritu que impregnaba en los años 80 la revista francesa “Métal Hurlant” (con el impagable Moebius a la cabeza) y que sus diferentes ilustradores (Simon Roy, Farel Dalrymple, Giannis Milonogiannis y el propio Graham) sean artistas con una personalidad visual bien definida suponen el mayor atractivo de una serie sin aparente rumbo fijo, en la que es muy difícil saber qué demonios se nos quiere contar.

Página de "Prophet" dibujada por Farel Dalrymple.

Leyendo este nuevo “Prophet” tengo sensaciones muy parecidas a las que me generó en su momento el manga “Blame!” de Tsutomu Nihei. A saber: todo esto mola mucho, me entra por los ojos de maravilla y parece que algo realmente grande se está cociendo… pero no me entero de nada. Así que hasta cierto punto puedo entender la algarabía con la que otros bloggers están recibiendo esta colección; porque sí, hay cosas que celebrar en este “Prophet”, empezando por su frescura y su chorreo constante de conceptos fantásticos. Pero también soy consciente de que este cripticismo dramático es insostenible durante mucho más tiempo, y que si el próximo recopilatorio no me ofrece algo a lo que agarrarme (desde el punto de vista argumental), no dudaré en aparcar la colección indefinidamente a la espera de descubrir (por boca de otros) si al final Graham realmente tenía algo que contar o nos estaba tomando el pelo como tantos otros lo han intentado antes.

Doble página de "Prophet" dibujada por Brandon Graham.

Para guiones dudosos, dibujos bonitos y paisajes alienígenas ya tengo la colección monográfica dedicada a los trabajos del propio Moebius en “Métal Hurlant” que Norma Editorial está publicando ahora mismo, y de la cual me faltan un montón de títulos. Los sucedáneos, por atractivos que se presenten, van a tener que currárselo más si no quieren quedarse en la cuneta.